jueves, 15 de septiembre de 2011

Zapatero dixit:


"El mejor destino es el de supervisor de nubes acostado en una hamaca."

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¿Alguien esperaba otra reflexión de este cerebro portentoso? ¿Alguien pudo pensar que, tras el disparate que ha venido ejerciendo impunemente, este aciago personaje iba a despedirse, no ya con palabras menos reveladoras, sino en silencio, simplemente en silencio? Pero el silencio no está en el adn de los imbéciles. Un imbécil necesita, perentoriamente, llenar el aire de ruidos. El ruido es lo que distrae del vacío. Lástima que un imbécil haga ruidos tan, repito, reveladores. No puede evitarlo. La imbecilidad es el resultado de muchas carencias. Y el imbécil carece, en primer término, de prudencia.
....Se va. Nos deja hundidos en la miseria. Nos deja peligrosamente expuestos a un desastre mucho peor, que no mencionaré porque no hace falta y porque tampoco quiero que me fusilen antes de tiempo. Pero está ahí. De momento, ya se le  ven algunos pelos de la barba. Yo me entiendo.
....Se va. Se nos va a vivir la dolce vita que se ha preparado en León. Será el león en León. A nosotros nos deja el invierno. Desabrigados. La tiritona instalada para varias generaciones. Él, en cambio, vivirá una regalada primavera, con millonaria pensión, chalet con piscina, oficina con secretaria y coche con chófer, y viajes y saraos. Y todo, absolutamente todo, pagado por nuestros mártires bolsillos.
....Se va el rey de la mentira y la estupidez. El de la Alianza de Civilizaciones. Un Platón de plástico. La nada. A fuerza de ser tan patológicamente huero, ha alcanzado el consecuente grado de malo. Pero malo, malo, malo. Tan malo que apenas hace dos días nos escupió su última socarrona maldad: que España daba muestras de recuperación. Y se quedó tan ancho.
....Espero que los que le votaron dos veces, dos, dos, no le olviden nunca. Nosotros tampoco, es verdad, pero será de otra manera menos flagelante para la conciencia. Es el único consuelo que nos queda.

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2 comentarios:

Glo dijo...

Desde niño he oído contar la historia familiar a mi madre. En ella el estado era un ente lejano que no ayudaba a vivir o a morir. La economía era de subsistencia, sin medicinas, pensiones... Había, eso sí, una educación elemental, el servicio del tren, y la guardia civil. El dinero apenas circulaba. Se vivía de los conocimientos, los bienes heredados, las propias fuerzas y el apoyo de la familia. Y cuando todo eso no llegaba, se emigraba, lo que acusaba más aún la desconexión entre la gente próxima y todo lo demás, llámese estado, administración pública, sociedad, o como se quiera. Y así había sido desde el comienzo de esa memoria, que es la única de la que me fío. Y yo me preguntaba qué había sucedido para que las cosas hubieran cambiado tanto; que porqué no habría de volver todo a ser como había sido siempre...

Mertxe dijo...

Yo también soy de esa memoria. Y aunque en mi familia no hubo grandes sobresaltos, ni durante aquello que los mayores llamaban 'tiempo normal', ni en la interminable posguerra, lo cierto es que aplaudimos los cambios que se iban dando. Pero, al final, todo se resolvió en la socrática timocracia, que,como sabes, trata de los países ambiciosos que acaban devorándose a sí mismos. Hemos sido niños ante su escaparate, deslumbrados, ansiosos, incontinentes. Y todo era mentira. Lo que nos comprábamos era aire pagado con aire. Y hemos gastado tanto oxígeno que ya veremos cómo superamos la asfixia que nos ronda.

Buenos días, Glo.