sábado, 3 de septiembre de 2011

Keats para una sobremesa con estrofas de tormenta

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El viento sopla muy fuerte, del oeste, trayendo entre sus manos diminutas gotas de agua que pronto será lluvia. Me he servido otro café y me he ido a visitar, por segunda vez, a  Francisco Aranguren. Esta mañana me ha dejado algo pensativa la entrada Mi mundo sin mí y quería leerla de nuevo. En una de las fotografías que la ilustran -y esto es lo que realmente ha movido mi pensamiento-, un jovencito (le atribuyo la edad de Yeats para acordarla con el texto), con los pies metidos en el lodo de la orilla de un lago, junto al semihundido embarcadero, está mirando la isla que hay en el centro del lago. Su actitud de profunda concentración, la atmósfera irreal en que está sumido todo el paisaje, la luz mortecina que apenas alcanza para delimitar siluetas, ha despertado en mí cabeza el recuerdo de otra contemplación. La de John Keats frente al objeto bello y frío que le llevó a escribir su Oda a una urna griega. Ambas miradas, la del joven y la de Keats parecen tener un nexo de unión: el movimiento atrapado en un instante y el movimiento atrapado en esa otra forma de eternidad que es el mármol.
....A Keats lo leo a menudo ("Oh, soledad si pudiera morar contigo'), sobre todo en momentos 'detenidos'. Es el tempo ideal. Sin nadie alrededor. Sola. Libre. Inmóvil como el Dios y los astros de Aristóteles.  Es el tempo  ideal, sí, me permite mirarlo todo desde adentro, desde mi movimiento íntimo. Me permite desligarme del revuelo del mundo. Mirar el tiempo suspendido sobre un lago. La urna atrapando una historia. Sé que me he puesto muy metafísica, pero es que hace tiempo descubrí que los románticos -esa magnífica pandilla de adoradores de Rousseau- son altamente recomendables para espíritus passés à tabac como el mío. (El roussoniano "sentir antes de pensar" relaja mucho.)

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...I
Tú, ¡novia aún intacta de la tranquilidad!
¡Tú, hija adoptiva del silencio y del tardo tiempo,
historiadora selvática, que puedes expresar
un cuento adornado con mayor dulzura que nuestra rima!
¿Qué leyenda con guirnaldas de hojas ronda tu forma
de deidades o mortales, o de ambos,
en Tempe o en las cañadas de Arcadia?
¿Qué hombres o dioses son ésos? ¿Qué doncellas reacias?
¿Qué loco propósito? ¿Qué lucha por escapar?
¿Qué caramillos y panderos? ¿Qué loco éxtasis?
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...II
Las melodías conocidas dulces son, pero las desconocidas
aún son más dulces; así vosotros, suaves caramillos, tocad:
no para el oído sensible, sino, más queridos,
tocad para el espíritu cantinelas sin tono.
Hermosa juventud, debajo de los árboles no puedes dejar
tu canción, ni nunca esos árboles quedarse dormidos;
atrevido amante, nunca, nunca podrás besar,
aunque triunfante estés a un paso de la meta, pero no te lamentes,
ella no se desvanecerá, aunque tú no tengas tu deleite,
¡pues por siempre amarás y hermosa ella será!
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...III
¡Oh, alegres ramas que no podéis arrojar
vuestras hojas, ni despediros de la primavera;
y feliz músico, infatigable,
siempre tocando canciones por siempre nuevas!
¡Amor más feliz!¡Más feliz, feliz amor!
Siempre cálido y aún por gozar,
siempre anhelante y por siempre joven:
respirando muy por encima de la pasión humana,
que deja el corazón muy triste y hastiado,
frente enfebrecida y lengua agostada.
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...IV
¿Quiénes se acercan al sacrificio?
¿A qué verde altar, oh misterioso sacerdote,
llevas esa vaquilla que muge al cielo,
con sus sedosos flancos con guirnaldas adornados?
¿Qué pueblecillo junto al río o la costa marina,
o construido en la montaña, con pacífica ciudadela,
se ha quedado vacío de su gente, esta piadosa mañana?
Y, pueblecillo, tus calles para siempre
estarán en silencio y ni alma que diga
por qué estás desierto, podrá regresar nunca.
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...V
¡Oh forma ática! ¡Bella actitud! Con guirnaldas
de marmóreos hombres y doncellas muy bien tallados,
con ramas de bosques y la hierba hollada;
tú, forma callada, nos tientas al pensamiento
de igual forma que la eternidad:¡fría égloga!
Cuando la vejez desgaste esta generación,
tú seguirás en medio de otro dolor,
que no el nuestro, amiga del hombre, a quien dices:
"la belleza es la verdad, la verdad belleza"; esto es todo
lo que sabes de la tierra, y todo lo que saber necesitas.
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(Traducción de Martín Triana)



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2 comentarios:

ADELFA MARTIN dijo...

Y podría ser tan fácil si aprendieramos a pensar con el corazón y sentir con la mente, esa tal vez llamada falta de sentido común, sería sin duda fuente de felicidad...y de paz, sin mayores ambiciones que existir...

abrazos

Mertxe dijo...

Bueno... de hecho el corazón ya lleva tiempo haciendo sus pinitos. Por lo menos desde Pascal, ya sabes, "el corazón tiene razones que la razón no conoce".

Buenas noches, Adelfa, te deseo hermosos sueños.