martes, 23 de agosto de 2011

Agnódice de Atenas, mujer y ginecóloga





Ayer, de una manera casual, me topé con la historia de esta mujer inteligente que supo hacerse valer aun a riesgo de perder la vida. Mientras buscaba documentación para dar cuerpo a mi entrada, la radio anunció el asesinato en Bilbao de otra mujer, a manos de su 'pareja' (odio esa palabra aplicada a una relación entre hombre y mujer, me suena a Arca de Noé, a zoología, a simple necesidad fisiológica), un colombiano. La había cosido a puñaladas y la infeliz expiró en el rellano de la escalera. ¿Cuántas van? ¿Cuántas mujeres tendrán que morir todavía? ¿Y por qué? Pues porque las leyes, las leyes en general son una obscena chapuza. Si en la Atenas del siglo IV a.C. las mujeres eran poco menos que floreros, en la sociedad actual, con todo lo que hemos conseguido, que es mucho en un orden comparativo, lo cierto es que nos falta lo esencial: tomarnos realmente en serio ese viejo asunto de la igualdad. Entender, de una vez por todas, que el débil no es el bocado del fuerte. Entretanto, los políticos, tan satisfechos ellos con este engendro que llamamos Justicia. Los jueces, interpretándola ad libitum. Y nosotros, calladitos, calladitos, calladitos, indignados por otras cosas, por otras causas, pero aquí calladitos como muertos.
    Agnódice no se calló. Pudo haberse entregado a la vida cómoda, ya que nació en una familia aristocrática y muy rica, pero lo cierto es que se negó a tumbarse en ese colchón. Es verdad que tuvo la tan impagable como inédita ayuda de su padre, quien, a la vista de las facultades intelectuales de la chica, la animó a estudiar. Ella eligió la medicina, especialidad ginecología, y se apuntó a los cursos que impartía en Alejandría el famoso médico Herófilo de Calcedonia.
    Por aquella época, las mujeres y sus bebés morían como moscas en el parto ya que muchas se negaban a ser atendidas por hombres. No había mujeres ejerciendo esta profesión, porque en Atenas, durante años y años, ellas tenían prohibido no ya el ejercicio de la medicina, sino el asistir como meras auxiliares en los partos. Agnódice se vio obligada a cortarse el pelo y vestirse de hombre, cuidar sus gestos, educar su voz en tonos graves. Así caracterizada pudo entregarse  a la ciencia. Se sabe que el 3 de junio del 350 antes de nuestra era, esta valiente mujer obtuvo por fin el número uno de lo que podríamos llamar su promoción, con lo cual ya era ginecóloga y podía dedicarse en cuerpo y alma a su sueño. Pero fue brillante en muchos otros campos, por ejemplo, la astronomía.
    Fue tal el éxito que tuvo que sus colegas comenzaron a sentirse celosos y urdieron la calumnia. Decían de ella, siempre suponiéndola un hombre, que corrompía a sus pacientes, llegando incluso a violarlas. Finalmente, compareció ante el Areópago, en donde la desnudaron a fin de  que su sexo masculino quedara al descubierto. Podemos imaginar la que se organizó cuando emergió la mujer. Fue condenada a muerte dado el enorme pecado... de ser mujer y haber ejercido una profesión de hombres. Con lo que no contaba nadie es con la revuelta femenina que estalló para salvarla. Todas querían morir con ella, y fue tal la escandalera que los jueces revocaron la sentencia, autorizándola a continuar con su trabajo. Un año más tarde, las leyes fueron modificadas, con lo cual toda mujer que lo deseara, podría estudiar libremente.
    En aquella Grecia, la de Platón y Aristóteles (recordemos que éste decía que la mujer  era "sólo un hombre deforme"), las mujeres, si no eran bellos adornos en el hogar por razón de su alta cuna, eran esclavas. Da escalofríos comprobar cómo hombres preclaros, de una inteligencia superior, con probados logros en la ciencia y en el arte pocas veces han expresado respecto de la mujer un juicio cabal. Hasta la aparición del microscopio, allá por 1830, que hizo posible apreciar la célula, se creía que la mujer era un mero receptáculo del omnipotente espermatozoide. Pero en 1875 quedó perfectamente probado que la fecundación se producía entre un  óvulo y el espermatozoide, a partes iguales involucrados en la procreación. Ambos colaboradores necesarios en la fabricación de seres humanos.
    Lo de Darwin en El origen de las especies (1859) no tiene nombre. Escribió que únicamente los hombres habían evolucionado porque eran ellos quienes utilizaban útiles para cazar; en cambio, las mujeres se habían especializado en elegirlos entre los más fuertes e inteligentes para hacer de ellos sus compañeros y asegurarse una progenie cada vez más cualificada para la supervivencia.
    Y para terminar, no quiero olvidarme de las perlas que estoy leyendo en el documento que me informa. Esta vez su autor es Einstein, que dice lo siguiente:

    de Marie Curie: "Es muy inteligente, pero tiene el alma de un arenque, lo que significa que es muy torpe en el arte de disfrutar y sufrir".


    de las mujeres: a) "No me imagino a una mujer Galileo, ni Kepler, ni Miguel Ángel, aunque les queda el consuelo de que fueron mujeres las que crearon a Galileo, Kepler y Miguel Ángel"; b) "El centro de producción y creación de las mujeres no está en el cerebro".


    Lo hecho hecho está. No vamos a darle más vueltas al pasado. Ahora cuenta el presente que edificará el futuro. Porque mientras sigan muriendo mujeres a manos de los hombres, debemos saber que pese a los avances de la ciencia para nuestro bienestar material, pese a los logros morales y éticos para nuestro bienestar espiritual, en realidad no tenemos nada. Nada de nada en tanto en cuanto sean un desastre las leyes que se supone deben velar por el cumplimiento de la única ley que hace posible todas las demás: el respeto del otro. En este caso, de la otra.






4 comentarios:

Nómada planetario dijo...

Algo así sobre la legislación de la violencia de género, le espeté en la facultad a la delegada provincial del Instituto de la Mujer y salió por los cerros de Úbeda. A la administración las criticas les resbalan. Le presenté unas estadísticas antes y después de las normas con su correspondiente línea de tendencia, para extrapolar el futuro comportamiento, nada chino para la buena señora.
Si esto atañera a cualquier nacionalista, ya se hubiera reformado hasta la Constitución.

Mertxe dijo...

La política, tan inevitable como necesaria, es la palestra por antonomasia en donde se exponen los más bajos comportamientos. Se trata de llegar al poder 'como sea' (Zapatero sic)y mantenerse como sea. A partir de estos presupuesto, todo lo demás es una mentira perfectamente estructurada. Seguimos sin vigilar al Príncipe, y así nos va.

ADELFA MARTIN dijo...

Aplaudo efusivamente tu entrada de hoy...yo me pregunto lo mismo ¿cuantas mas?


Excelente!


abrazos

Mertxe dijo...

Esto es una vergüenza. Y va a más.

Gracias, Adelfa.