jueves, 23 de junio de 2011

Cavafis y aquellos "Días de 1908" (que resucitan)

Que podrían ser igual que éstos, detalle arriba, detalle abajo. Porque en el fondo siempre es un asunto de codicia, de afán irreprimible en unos cuantos por amasar dinero y dominarlo todo. Al leer de nuevo a Cavafis, al sentir su impronta de optimismo, esa fuerza en las imágenes que describe, me he dado cuenta de lo fácil que hubiera sido la amargura, lo gris, el derrotismo, y sin embargo el poeta tira por la calle de en medio, se pone justamente bajo ese sol que no conoce ocasos, el sol de la belleza, y así comienza la crónica de un ser humano aplastado... pero no vencido. Días de 1908, días de 2011, muchos más días que vendrán y seguiremos sin trabajo y a lo peor sin cartas que jugar. Días de esta crisis que ha de desnudarnos y que, ojalá, no nos impida vernos inmaculadamente hermosos. Sólo así nos salvaremos. Sólo así. Una vez más.





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          DÍAS DE 1908

Aquel año se encontró sin trabajo;
y en consecuencia vivía de las cartas,
y de los dados, y de dinero prestado.

Un puesto, con tres liras al mes, le habían ofrecido
en una pequeña papelería.
Pero lo rechazó, sin ninguna vacilación.
No le venía. No era sueldo para él,
un joven con bastante cultura, y de veintidós años.

Ganaba, no ganaba dos, tres chelines al día.
De las cartas y los dados qué podía sacar el muchacho,
en los cafés de su clase, populares,
por más que jugara con viveza, por más que eligiera necios.
El dinero prestado, eso era y no era plata.
Raramente alcanzaba a un tálero, lo más frecuente medio,
a veces caía a sólo un chelín.

Cada semana, a veces más seguido,
cuando se libraba del terrible trasnochar,
se refrescaba bañándose, nadando en la mañana.

Su ropa era una terrible ruina.
Siempre llevaba el mismo traje, un traje
muy desteñido color canela.

Ah días del verano del novecientos ocho,
de vuestra visión, artísticamente,
se borró la ropa raída color cáscara.

Vuestra visión lo conservó
cuando se despojaba de ellas, cuando se las quitaba,
las ropas indignas, la ropa interior remendada,
Y quedaba enteramente desnudo, inmaculadamente hermoso: una maravilla.

Sus cabellos sin peinar, desordenados;
sus miembros un poco quemados
por la desnudez matinal en los baños, y en la playa.






5 comentarios:

Glo dijo...

¡Qué entrada esta de hoy...! Me ha puesto un nudo en la garganta.

Mertxe dijo...

Kavafis...

ADELFA MARTIN dijo...

Nos repetimos...nos repiten...se repiten las cosas, las vivencias, las tragedias...parece tan actual el poema...

Un verdadero placer esta visita

saludos cordiales

Mertxe dijo...

Gracias, Adelfa, y que tengas un buen día.

Nómada planetario dijo...

Logra transmitir cabalmente la imagen del personaje. Kavafis, siempre un maestro.
Besos mientras la tarde hiere de grados y piar de golondrinas.