domingo, 12 de junio de 2011

Cuando los muertos hablan



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............LA COLINA
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¿Dónde están Elmer, Herman, Bert, Tom y Charley,
el abúlico, el de brazo fuerte, el payaso, el borrachín, el
peleador?
Todos, todos están durmiendo en la colina.
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Uno se fue en una fiebre,
uno ardió en la mina,
a uno lo mataron en una riña,
uno murió en la cárcel,
uno cayó de un puente mientras trabajaba para su esposa e
hijos.
Todos, todos están durmiendo en la colina.
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¿Dónde están Ella, Kate, Mag, Edith y Lizzie,
la del corazón tierno, la ingenua, la ruidosa, la orgullosa, la
feliz?
Todas, todas están durmiendo en la colina.
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Una murió de un parto vergonzoso;
una, por un amor desgraciado;
una, a manos de un bruto en un burdel;
una, por orgullo despedazado mientras buscaba un ideal;
una, persiguiendo la vida en las lejanas Londres y París,
fue traída a su pequeño espacio por Ella y Kate y Mag.
Todas, todas están durmiendo en la colina.
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¿Dónde están el tío Isaac y la tía Emily
y el viejo Towny Kinkaid y Sevigné Houghton
y el alcalde Walker, que llegó a hablar
con venerables hombres de la revolución?
Todos, todos están durmiendo en la colina.
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Les trajeron hijos muertos de la guerra,
hijas aplastadas por la vida
y a sus hijos huérfanos, llorando.
Todos, todos están durmiendo en la colina.
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¿Dónde está el viejo violinista Jones,
que cantó la vida todos sus noventa años
enfrentando la nieve a pecho desnudo,
bebiendo, peleando, sin pensar ni en la mujer, ni en la familia,
ni en el dinero, ni en el amor, ni en el cielo?
¡Oídlo! Recuerda, balbuceante, el pescado frito de antaño,
las carreras de caballos de otrora en el bosque de Clary,
lo que Abe Lincoln dijo
una vez en Springfiel.
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2 comentarios:

Glo dijo...

¿Qué querrá decir este señor? Parece un "carpe diem" mezclado con asuntos de política country. Tengo las mismas sensaciones que cuando leo a Kipling.

Mertxe dijo...

Son epitafios, mi querido Glo. Parece ser que se leyó a los griegos y al Dante y de ahí le vino la idea. A mí me ha hecho gracia que se considere a esta cosa una obra maestra, inspiradora, por cierto, para Rulfo y su 'Juan Páramo. Me he leído su biografía y lo cierto es que tú y yo no somos únicos en esta opinión entre asombrada y divertida. Bueno, a los de Chicago les sentó bastante mal que un abogado de su prestigio escribiera de la guisa.