sábado, 7 de mayo de 2011

Perdiendo cosas



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Por esta vida que tanto queremos y tan poco nos quiere. Lo valioso que nos da dura casi nada, apenas un instante para que se nos revele el tesoro, después, ya digo que enseguida, se evapora y seguimos caminando nunca sabremos por qué, ni hacia dónde ni hasta cuándo. Aunque seguramente eso es lo de menos, considerando nuestra naturaleza fugitiva y endeble. LLevo días sin apetito literario (el otro, el de mesa y mantel, es crónico así que no cuenta significativamente), casi no leo, casi no escribo, y cuando lo hago, son tonterías de cierto calibre que cuelgo con pinzas en el socorrido Facebook, ese nuevo muro (¿¡muro!?) para comunicarnos con cienes y cienes de amigos que nos crecen como hongos sin que sepamos en absoluto qué mantillo prodigioso abona esta cosecha. Descargo tonterías para aliviar la tensión de la nada. O sea, otra tontería que acabo de largar. También hago cosas que no están nada mal. Por ejemplo: he viajado a Barcelona para visitar su Escorial, es decir, la eternamente en obras Sagrada Familia (cualquier día se nos aparece por allí Felipe II, eso sí, con barretina) y luego he almorzado en el Corte Inglés, haciéndome, de paso, espontánea controladora aérea para las gaviotas que cada poco aterrizan en los amplios e infectos alfeizares del restaurante, gritándonos rabiosamente su hambre y con sobrecarga de vientos en los mullidos alerones. Otros ejemplos: salgo a pasear y pego la hebra con todo el que me diga hola-qué-tal; como para sobrevivir; duermo y por cierto muy bien, y miro y dejo que me miren (una está digamos que muy mirable todavía). En resumen, que me voy perdiendo por esta deslavazada primavera, que hay que ver lo mal que se está portando. A veces me atrapa la ilusión de estar en mi tierra, y todo porque los cielos del Maresme llevan boina, es decir, que están grises y con frecuencia nos sueltan unas andanadas líquidas de no te menees. Y para que no falte de nada en esta similitud geográfica, resulta que tenemos vientos huracanados, y frío, un frío tardío y muy peleón que deja la piel arrugadita y triste de una tristeza así como ancestral. Pero volviendo a la cosa literaria, cuál no será mi apatía que he vuelto mis ojos desesperada hacia Annie Ernaux.
....Es tal mi vergüenza por esta dejadez que me he dirigido a la mejor librería de Mataró para encargarme nada menos que L'Autre Fille, otro ramalazo autobiográfico-autoflagelador de la autora que preside mi biblioteca de cabecera. He visto en Annie mi salvación, posiblemente porque tengamos bastantes cosas en común, desde luego no en lo tocante a la familia, ni la directa ni la otra, afortunadamente no van por ahí las coincidencias, pero sí en la forma de sentir y tocar la vida. Me refiero a la distancia que imprime el desencanto. Aunque... quién sabe. A lo mejor también esto podría ser uno de esos espejismos románticos que un día se te asientan en la cabeza y a ver quién los echa.
....En cualquier caso, sí que resulta curioso que en estos días sólo me acuerde de ella una vez decidido que no le pasará nada a mi salud si sostengo un libro entre las manos, un libro físico, con su carne de papel y su sangre de tinta. Un libro 'de verdad', que pese en la mano y vibre a cada vuelta de hoja. En resumen, que me hable cara a cara. Me vendrá bien para salir de este aturdimiento feroz que me está haciendo polvo. Después de todo, leer siempre ha sido la astucia elemental a la hora de hacerle frente a una misma (creo que esta frase se la estoy mangando a Pavese...), que es como decir al universo entero. Leeré pues. Mañana leeré, y lo digo en futuro simple, como en la película, aunque el futuro sea cualquier cosa menos eso.
....Y ahora me largo a oír la radio para que sigan engañándome sobre cómo se cargaron a esa basura con turbante, para que sigan engañándome sobre las democráticas elecciones de listas cerradas a cal y canto, para que sigan engañándome sobre lo de Bildu y la separación de poderes, y para que me engañen y me engañen y me engañen. Cómo estará de bajo mínimos mi ánimo que ni siquiera pestañearé.

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9 comentarios:

Juan Luis dijo...

Esto de perder las ganas de leer es enojoso, algo así como romper con los amigos. Pero son cosas pasajeras. Ocurre que las últimas constelaciones han sido adversas y uno se pregunta si llegarán otras mejores. ¿Quién sabe?

Glo dijo...

Yo no tengo un "alter ego" con el que me haya identificado plenamente. Es lógico, porque ha resultado que no soy ninguno de los personajes que había creído o me había propuesto ser. La realidad se ha convertido en algo borroso como el duermevela de un enfermo febril.

Mertxe dijo...

Esperemos sean pasajeras. De momento ya tengo el librito.

Buenos días, Juan Luis.

Mertxe dijo...

Te comprendo muy bien, Glo. La realidad, no por esperada, se me antoja cada vez más irreal. Pero como le digo a Juan Luis, confío (vamos... estoy segura) en que todo va a normalizarse, entendiendo por normalidad este perder cosas y más cosas.

Un saludo desde un Mediterráneo muy borroso también desde hace días.

Mertxe dijo...

(Ignoro por qué he añadido "no por esperada", creo que la real es borrosa ya de naturaleza...)

Juan Luis dijo...

Ese libro que citas no lo he leído, pero Annie Ernaux es muy buena compañía. Me gusta esa sequedad suya, no exenta de lirismo, esa elegante concisión francesa. Y me admira, no imaginas cuánto, su libertad para escribir, su impudor por la verdad, la suya.

Una tarde soleada y cálida, ahí afuera. Pero ¡cargada de polen! Bella y maligna.

Un abrazo.

Mertxe dijo...

Ya te digo, Juan Luis, un poco como yo... Un poco.

(Oye, eso de 'bella y maligna' me ha gustado mucho.)

María Socorro Luis dijo...

Tienes razón Mertxe, escribir es el único recurso que nos queda...

Yo también ando un tanto despistada, con un montón de cosas...en fin.

Abrazos y brisas de tu bahía.

Mertxe dijo...

Pues es obligatorio que nos pongamos en pie y jo-ta-ke, Soco, jo-ta-ke...