miércoles, 6 de abril de 2011



"Deslumbrada por tantas y tan maravillosas invenciones, la gente de Macondo no sabía por sabía por dónde empezar a asombrarse. Se trasnochaban contemplando las pálidas bombillas eléctricas alimentadas por la planta que llevó Aureliano Triste en el segundo viaje del tren, y a cuyo obsesionante tumtum costó tiempo y trabajo acostumbrarse. Se indignaron con las imágenes vivas que el próspero comerciante don Bruno Crespi proyectaba en el teatro con taquillas de bocas de león, porque un personaje muerto y sepultado en una película, y por cuya desgracia se derramaron lágrimas de aflicción, reapareció vivo y convertido en árabe en la película siguiente. El público que pagaba dos centavos para compartir las vicisitudes de los personajes, no pudo soportar aquella burla inaudita y rompió la silletería. El alcalde, a instancias de don Bruno Crespi, explicó mediante un bando, que el cine era una máquina de ilusión que no merecía los desbordamientos pasionales del público. Ante la desalentadora explicación, muchos estimaron que habían sido víctimas de un nuevo y aparatoso asunto de gitanos, de modo que optaron por no volver al cine, considerando que ya tenían bastante con sus propias penas para llorar por fingidas desventuras de seres imaginarios."








4 comentarios:

bizkaiado dijo...

Hace tanto tiempo que lo leí, precisamente en esa edición... Ese libro me dejó un torrente de impresiones extrañas, no sabría decir si agradables o no. Puede que algún día llegara a la conclusión de que su prosa era tan intrincada como las selvas que describe, pero lo he olvidado. De él he retenido algunas imágenes y pocas palabras. De hecho, algunas de las que he utilizado aquí son de Borges, cuyo relato titulado "el muerto", de "el Aleph", he emparentado siempre, quizá equivocadamente, con la prosa de Márquez.

Mertxe dijo...

Márquez me abruma. Leí hace muchos años "Cuando era feliz e indocumentado", una especie de memoria de campaña, recopilación de artículos escritos en su función de periodista y quizás aquí me pareció más accesible que en sus novelas. En cuanto a esa cercanía con Borges... sí... es cierto que ambos se mueven en una órbita de sombra, más densa e infranqueable en Borges que en el otro. Pero me doy cuenta de que Márquez ha dado en el clavo al salirse del puro indigenismo y presentarnos una sociedad más cercana a nosotros pero de todas formas muy encerrada en sí misma, muy difícil de entender en nuestro mundo.

Nómada planetario dijo...

Creo que Márquez anda últimamente algo tocado por la edad. Una pena. Disfruté bastante con Cien años de soledad.
Saludos.

Mertxe dijo...

Hola, Noma. A ver si recupero mis 'pulsos' y empiezo a visitaros con la misdma alegría de antes.

Saluditos desde un Maresme enfadadísimo...