jueves, 31 de marzo de 2011

Agur, Katta maitea...






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....Y puesto que hoy más que nunca toca esperanza, como hacía Juan Ramón con su Platero le pregunto a esa almita de blancura deslumbrante que se movía a cuatro patas por mi vida:

....Katta, tú nos ves, ¿verdad?... Si nos ves, querida mía, sabrás que el sol sigue viniendo cada mañana a nuestro balcón y se demora sobre tu esterilla esperando que aparezcas ronroneando mimosa. Yo me hago la desentendida, incluso a veces finjo que te busco en el interior de la sala. No sé cuánto tiempo mantendré el engaño, tengo miedo de contarle la verdad porque, si lo hago, lloraré, y no debo llorar. De  ninguna manera. Cuando se llora se acepta y se renuncia. Cuando se llora, se empieza a olvidar, y yo quiero que vivas todo el tiempo que tengan que vivir mis ojos secos.
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(Crónica de un despertar. Revista OARSO 2011)

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9 comentarios:

María Socorro Luis dijo...

Qué gatita más linda.

Por qué adiós?...

Muxus zuri

Mertxe dijo...

La perdí ayer. Dieciséis años compartiendo alegrías y tristezas, era una belleza por fuera y por dentro, me duele tanto...

María Socorro Luis dijo...

Lo siento, Mertxe., sé lo que significa perder a un amigo así. Duele se verdad, sí

Juan Luis dijo...

Qué bonita, qué mirada tan inteligente. Lo siento mucho, Mertxe. Animo.

Un abrazo fuerte.

Mertxe dijo...

Gracias, Juan Luis.

Glo dijo...

Ahora hace compañía al conejo de mi hija (shiao thu-thu), que según me contó ella, se murió del susto cuando lo llevaban el sábado pasado al veterinario a ponerle una inyección.

Yo tuve mascotas, pero no tengo precisamente para no pasar malos tragos como éste.

Mertxe dijo...

Toda mi vida he conocido un animalito en mi familia. Qué tragedia cuando se iban... Esta vez ha sido aún peor. Las circunstancias mandan y a mí me han pasado una factura astronómica.

Du temps...

francisco dijo...

Yo no he tenido nunca animales. Pero también me he perdido su vida.

Mertxe dijo...

Siempre he conocido cuatro patas en mi familia. En casa de mis abuelos, en mi casa... Ahora se acabó. Yo también voy a perderme algo muy importante, pero me conformo pensando que no puedo permitirme otro un golpe más. Claro que si un día, en el curso de alguno de mis paseos me topara con un pobre desgraciadito...

Buenos días, Francisco.