miércoles, 19 de enero de 2011

Siempre me ha fascinado... y repelido


EL PESO MÁS PESADO
Extracto de Le Gai Savoir



____________________________
Está en todas las culturas orientales; está en la nuestra, que ha sabido beber sabiamente de ellas. Cuando leí a Mircea Eliade, tal vez el mejor historiador en materia de religiones, el mejor rastreador de mitos y su asentamiento en nuestras creencias antiguas y modernas, me sentí como atrapada entre dos sentimientos. El miedo y la decepción (yo era muy joven todavía) me angustiaron durante algún tiempo. Fue como volver a enterarme de que no 'echaban' los Reyes. Después, ya con más mataduras en el alma que el caballo de la corrida donde le corresponde, he tenido a Blanqui y a Lange, a Nietzsche y a Borges -¡ay, Borges!- y todo ha sido más llevadero, y entonces, con un encogimiento de hombros, he pensado que bueno, que vale, que si está escrito que dentro de oleadas de millones de años yo vuelva a escribir esta entrada, ¿a qué viene que me disguste? Es irremediable que suceda si debe suceder y no hay nada más ridículo, diría infantil, que sentirse estafados por los ciclos cósmicos. Lo que tenga que ser sea, sea incesantemente, que yo volveré, obediente y resignada sin saberlo, para repetir mis actos en medio de "una gran nostalgia"*, en medio de un inmenso olvido que se resquebraja.
....Y siempre con Nietzsche, y como Nietzsche fascinada por todos los retornos, en este ahora incesante hago míos sus versos* para decirle a mi alma viajera del tiempo:
.
"Oh, alma mía, te enseñé a decir 'Hoy'
como 'Antaño' y 'Un día', y a pasar
danzando tu danza en corro por encima de
todo 'Aquí', 'Ahí' y 'Allí'.



* Así habló Zaratustra





"Y si un día o una noche, un demonio se deslizara furtivamente en tu más solitaria soledad y te dijera: "Esta vida, tal como la viste y la has vivido, tendrás que vivirla todavía una vez más y todavía innumerables veces; y ella no comportará nada nuevo, al contrario, cada dolor y cada placer y cada pensamiento y suspiro y todo lo que hay en tu vida de indeciblemente pequeño y grande debe volver para ti, y todo según la misma sucesión y el mismo encadenamiento , e igualmente esta araña y este claro de luna entre los árboles, e igualmente este instante y yo mismo. El eterno reloj de arena de la existencia se vuelca sin cesar, y tú con él, polvo de los polvos." ¿No te tirarías al suelo, rechinando los dientes y maldiciendo al demonio que así habló? O bien has vivido alguna vez el instante formidable en que le responderías: "¡Tú eres un dios y jamás he oído nada más divino!" Si este pensamiento se apoderase de ti, te metamorfosearía, a ti, tal como eres, y, quizás, te aplastaría; la pregunta, planteada a propósito de todo y de cada cosa, "¿quieres esto otra vez, e incluso innumerables veces?" haría gravitar sobre tus actos el peso más aplastante. ¿O cuánto tendrías que amar, y a ti mismo y a la vida, para no aspirar ya a otra cosa que no fuera dar esta aprobación y cerrar ese sello último y eterno?"







5 comentarios:

María Socorro Luis dijo...

Voy a publicar en el blog al correo ahora mismo, siempre me olvido.

marisoco@terra.es

Abrazos, querida Mertxe.

Mertxe dijo...

Ahora mismo voy a por ti...

Nómada planetario dijo...

Pues con ciertas experiencias me iba a ciscar en toda la genealogía de tal diablo o lo que fuere.
Un abrazo.

Glo dijo...

No me produce vértigo esa perspectiva. Casi la siento como un consuelo. Significaría que no todo se desvanece en la Nada.

Mertxe dijo...

La Nada... La eterna y gélida oscuridad... (Qué escalofrío más infinito.)