sábado, 8 de enero de 2011

Aquí me detengo. El Diario mío

...que me ha servido de base para escribir estas páginas, no se extiende mucho más. Hubiera podido seguir años y años de mi vida. Me contentaré con decir que jamás olvidaré aquel esplendoroso atardecer de verano, y que me acordaré siempre con placer de la colina empinada del borde del precipicio desde el que contemplamos juntos la maravillosa puesta de sol que se refleja en la inmensa llanura inquieta que se extendía a nuestros pies. Nuestros corazones rebosaban gratitud hacia el Señor, y felicidad, y amor, hasta el punto de que casi no acertábamos a hablar.

Algunas semanas más tarde, cuando ya mi madre contaba con una auxiliar, pasé a ser la esposa de Eduardo Weston. Nunca he tenido motivos para arrepentirme, y estoy segura de no tenerlos jamás. Hemos pasado por momentos de prueba, y sé que aún nos esperan otros; pero los llevamos juntos y procuramos darnos mutuamente fortaleza para prepararnos a la separación final, que será para el que sobreviva el mayor de los pesares. Pero pensando en el glorioso Más Allá, en el que podremos volver a encontrarnos, y en el que son desconocidos el pecado y el dolor, también esa tristeza podremos sobrellevarla. Mientras tanto, nos esforzaremos por vivir a la mayor gloria de Aquél que ha sembrado nuestro camino de tantas bendiciones.

Eduardo ha llevado a cabo en su parroquia sorprendentes mejoras, gracias a sus enérgicos esfuerzos; es apreciado y querido, como él se merece, por todos sus habitantes. Cualesquiera que sean los defectos que pueda tener como hombre (y nadie está libre de tenerlos), desafío a que nadie se los señale como pastor, esposo y padre.
Nuestros hijos, Eduardo, Inés y la pequeña Mary, prometen mucho. Por ahora, y en algún tiempo, su educación correrá a mi cargo, y no les faltará ninguna cosa buena que pueda proporcionar el cariño de una madre.

Nuestros modestos ingresos son ampliamente suficientes para subvenir a nuestras necesidades. Practicando la economía que aprendimos en los tiempos difíciles, y huyendo de llevar el tren de nuestros convecinos ricos, no solamente alcanzamos a vivir nosotros con comodidad, sino que todos los años podemos ahorrar algo para nuestros hijos y para ayudar a los necesitados.

Y con esto creo haber dicho bastante.




Último capítulo de "INÉS GREY"

anne brontë




10 comentarios:

Glo dijo...

En algunas entradas de este blog me detiene no saber su objeto. La de hoy me hace dudar porque en ella se superponen un personaje y dos autoras.

Glo dijo...

Mi comentario de ayer nació de la duda de quién se despedía...

Mertxe dijo...

(¡Ayyy! Esta manía mía de no utilizar las comillas...)

El Aviador Capotado dijo...

Hola Mertxe. Hay algo de Guadiana en mi vida, bueno, nací a pocos kilómetros de él y supongo que me dejó su impronta.

Vuelvo después de algunos meses y paso a visitarte. Encuentro, como siempre algo hermoso para leer y cierto perfume a café.

Te dejo rosas.

http://www.goear.com/listen/1fcfc6d/4-rosas-y-una-vela-javier-calamaro

Un beso

Mertxe dijo...

Gracias, Aviador.

francisco dijo...

¿Qué tal se portaron los Reyes?
Recuerda siempre pedir las cosas que quieres (a veces uno no se atreve o, siendo mayor, no confía en que se las puedan traer...). Un beso y feliz año.

Mertxe dijo...

De los Reyes, amigo Francisco, no he vuelto a saber nada. Con esta carta intentaba recuperar aquellos lazos que durante 5 años nos unieron. Pero una vez que se paga el precio de la inocencia... es difícil, dificilísimo restaurar ese tipo de roturas. Pero estoy aquí, aquí, feliz a mi manera. La prueba es, insisto, mi carta.

Feliz año, Francisco.

María Socorro Luis dijo...

Mertxe, acabo de leer tu comentario...

Y pregunto: en esos dos días que vas a estar en Rente... No te sobraría un cachito de tiempo, para darte un abrazo e invitarte a una copa?..

Bueno, no quiero interferir en tus circunstancias, pero me encantaría estar un ratito contigo.

Y si no puedes, nada será para otro momento... Qué me dices?.


Abrazo

Mertxe dijo...

Voy por tu correo y te informo de la naturaleza de mi viaje-relámpago. Lo hago así no por falta de confianza en los amigos que me frecuentan, en absoluto, es un mero pudor ante Internet.

Gero arte, bihotza.

Mertxe dijo...

Lo siento, Soco, pero no veo tu correo de contacto... Te paso el mío: mertxe.cb@gmail.com