lunes, 26 de julio de 2010

José Ángel Valente a su aire


Recopilación en Punto cero (1953-1976)





                De Treinta y siete fragmentos (1971)

        XV

Ahora, cuando escribo sin certeza
mi bionotabibliográfica
a petición de alguien que desea excluirme
de favor y por nada
en consabida antología
de la sempiternamente joven senescente
poesía española de posguerra
(de qué guerra me habla esta mañana,
delicado Giocondo, entre tenues olvidos,
de la guerra de quién con quién
y cuándo)
cuando escribo
mi bioesquelonotabibliográfica
compruebo minucioso la fecha de mi muerte
qué escasa es, digo con gentil tristeza,
la ya marchita gloria del difunto.

        XVII

A usted le doy una flor,
si me permite,
un gato y un micrófono,
un destornillador totalmente en desuso,
una ventana alegre.
Agítelos.
Haga un poema
o cualquier otra cosa.
Léasela al vecino.
Arrójela feliz al sumidero.
Y buenos días,
no vuelva nunca más, salude
a cuantos aún recuerden
que nos vamos pudriendo de impotencia.


                De A modo de esperanza (1955)

        Consiento

Debo morir. Y sin embargo, nada
muere, porque nada
tiene fe suficiente
para poder morir,
No muere el día,
pasa;
ni una rosa,
se apaga;
resbala el sol, no muere.
Sólo yo que he tocado
el sol, la rosa, el día,
y he creído,
soy capaz de morir.



lunes, 19 de julio de 2010

Contra Jaime Gil de Biedma




...............De Poemas Póstumos, 1968


¿De qué sirve, quisiera yo saber, cambiar de piso,
dejar atrás un sótano más negro
que mi reputación -y ya es decir-,
poner visillos blancos
y tomar criada,
renunciar a la vida de bohemio,
si vienes luego tú, pelmazo,
embarazoso huésped, memo vestido con mis trajes,
zángano de colmena, inútil, cacaseno,
con tus manos lavadas,
a comer en mi plato y a ensuciar la casa?
.
Te acompañan las barras de los bares
últimos de la noche, los chulos, las floristas,
las calles muertas de la madrugada
y los ascensores de luz amarilla
cuando llegas, borracho,
y te paras a verte en el espejo
la cara destruida,
con ojos todavía violentos
que no quieres cerrar. Y si te increpo,
te ríes, me recuerdas el pasado
y dices que envejezco.
.
Podría recordarte que ya no tienes gracia.
Que tu estilo casual y que tu desenfado
resultan truculentos
cuando se tienen más de treinta años,
y que tu encantadora
sonrisa de muchacho soñoliento
-seguro de gustar- es un resto penoso,
un intento patético.
Mientras que tú me miras con tus ojos
de verdadero huérfano, y me lloras
y me prometes ya no hacerlo.
.
¡Si no fueses tan puta!
Y si yo supiese, hace ya tiempo,
que tú eres fuerte cuando yo soy débil
y que eres débil cuando me enfurezco...
De tus regresos guardo una impresión confusa
de pánico, de pena y descontento,
y la desesperanza
y la impaciencia y el resentimiento
de volver a sufrir, otra vez más,
la humillación imperdonable
de la excesiva intimidad.
.
A duras penas te llevaré a la cama,
como quien va al infierno
para dormir contigo.
Muriendo a cada paso de impotencia,
tropezando con muebles
a tientas, cruzaremos el piso
torpemente abrazados, vacilando
de alcohol y de sollozos reprimidos.
¡Oh innoble servidumbre de amar seres humanos,
y la más innoble
que es amarse a sí mismo.




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jueves, 15 de julio de 2010

Juan Goytisolo, ¿prosa o poesía?

"...embocarse con cautela: simple abertura o trampa presuntamente custodiada por hosco, aterrador cancerbero... agacharse, deslizar el ardid ingenioso que cela a la entrada, tantear los peldaños de la escalera metálica, hundirse hasta llegar a nivel del suelo... a salvo ya: soberano del reino de la noche infinita: confundido con ella en indulgente Averno...: caminar, caminar como un ciego, sin auxilio de perro, lazarillo, bastón: satisfecho de olvidar por unas horas la crepuscular civilización de las luces... abolido el infierno, el mundo de ellos: olvidar la ciudad, las calles, el gentío: no verles, no acatar su presencia...: alumbrar un último rollo de hojas de cáñamo, levitar por la niebla amiga en un caliginoso estado de dicha: errancia, hospitalidad, nomadismo, la vasta latitud del espacio, en medio de ellos, su lengua, mi dialecto, vivo, soy, me muevo, libre al fin, camino del mercado..."
.............................
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De Makbara, 1980
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jueves, 8 de julio de 2010

Carlos Barral o la deslumbrante sencillez



Porque conocía el nombre de los peces,
aun de los más raros,
y el de los caladeros, y las señas
de las lejanas rocas submarinas,
me dejaban revolver en las cestas,
tocarlos uno a uno, sopesarlos,
y comentaban conmigo abiertamente
las sutiles cuestiones del oficio.
Porque entendía de nudos y de velas
y del modo de armar los aparejos,
me llevaban con ellos muchas veces;
me regalaban el quehacer de un hombre.
Sentía con orgullo
enrojercérseme las manos al contacto del cáñamo,
impregnarme
un fuerte hedor a brea y a pescado.
Sabía casi todo de aquella vida simple,
de aquel azar diario y primitivo.

Sólo que aquella ciencia era lujosa.
No supieron contarme
o no pude entender cómo era aquello
en los días peores, las amargas
semanas de paciencia,
cuando el viento del norte
roe las entrañas y se harta la pupila
de escudriñar los cielos,
en los días confusos,
cuando el mar de borrosos contornos
es sólo como un cascote de vidrio
semienterrado en el fango,
un desagradable incidente o una trampa
para los que pasan corriendo
ciegos bajo la lluvia.









De "19 figuras de mi historia civil" (1961)







domingo, 4 de julio de 2010

Alfonso Costafreda el Ignorado




            
            De Nuestra elegía, 1950

[Yo pregunto]

Ha muerto mi padre.
Se repite su ausencia cada día
en el hogar vacío.
Yo pregunto,
y además de la ausencia, y además
de perder los caminos de esta tierra,
¿qué es la muerte?

Yo te pregunto, padre, ¿qué es la muerte?
¿Has hallado la paz que merecías?
¿Encontraste cobijo en nueva casa
o vas errante, y sufres bajo el frío
del invierno más grande, del total
desamor?

Yo te pregunto, padre, si son algo
los muertos, o si la muerte es sólo
una inmensa palabra que comprende
todo lo que no existe.


          De Ocho poemas, 1951

[Como una casa grande y despoblada]

Como una casa grande y despoblada
se me ha llenado el corazón de frío.

La alegría y los sueños, la esperanza,
con las primeras hojas ya se han ido.

Acaso ha de volver la primavera,
no llegará su tiempo para el mío.

[Ya todas las melancolías]

Ya todas las melancolías
muy tercamente la memoria
sobre mi corazón las abalanza.
Nada tendré.
De todo lo soñado
sólo nos queda el ansia.

Sólo hay algo que es cierto, cierto:
los sueños han perdido la batalla.


            De Compañera de hoy, 1966

[Pienso en mis límites]

Pienso en mis límites,
límites que separan
el poema que hago
del que no puedo hacer,
el poema que escribo
del que nunca podré escribir.
Límites también, en consecuencia,
de lo que amo
y de lo que nunca podré amar.

Límites de lo que quisiera decir
o ver o tener.
Palabras que daría
para descubir, palabras para ayudar.
Límites del amor, palabras
insuficientemente valiosas
en un desierto inacabable.


            De Suicidios y otras muertes, 1974

[El reino de mi hija]

El reino de mi hija
se adentra hacia mis sueños;
el reino de mis sueños
impera ya en mi hija;
y las figuras que
en su naturaleza
nacieron años ya
cuando impuso la madre
en la mente infantil
del terror y la sombra
las raíces feroces.