miércoles, 30 de junio de 2010

Caballero Bonald: simbolismo en la juventud




............De Adivinaciones, 1952
CASA JUNTO AL MAR
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Azulada por el nocturno oleaje,
entre el ocio lunar y la arena indolente,
la casa está viviendo decorada de cenizas votivas,
hecha clamor de memorables días dichosos
o palabra más bien, que ahora escribo en la sombra,
apoyando mi sueño en sus muros de solícitos brazos.
.
La casa está en el Sur, es lo mismo que un cuerpo
armonioso, registro de certeza embriagada
donde aprendí a vivir, orillas de un emblema marino
resonante de alegres impaciencias
o de ilusorias lágrimas que otros ojos cegaban.
Sus ventanas a veces están dando a mi nombre,
porque son todas ellas como labios que acunan,
como manos que cantan bajo el sucinto pétalo del cielo,
aberturas que el mar vuelve sonoras
y en cuyo fondo habitan verdades como pechos,
palabras semejantes a bocas que se juntan
o acaso esa tristeza que hay detrás del amor.
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Recuerdo sus paredes, su puertas de madera imborrable,
la verídica cal en cuyas vetas
se estaba acumulando toda la luz de aquella casa
sin poder ocultar cosa alguna por dentro de sus lienzos,
sin poder ser distinta a un cristal desnudado,
a un renglón transparente de tiempo sin edad.
Recuerdo también sus rincones más libres y ocultos,
su apremiante trayecto de concordia,
la distribución de sus sueños con fervor infalible.
Todo allí se contagia de una idéntica vida
y es para siempre su estación humana,
los ciclos de su afán, raíz de cuanto soy,
de todo lo que ordena mi palabra y sus imágenes:
las dudas donde deja sus rastros la verdad,
los recuerdos que a veces son lo mismo que llagas,
el olvido, ese moho que corroe el rostro de la historia,
lo que está sin remedio convirtiéndose
en una misma forma de aprender a volver,
el miedo al desamor que intercepta el deseo.
.
Sí, la casa es un cuerpo; mi corazón la mira,
la habita mi memoria, sé que está restaurándose
como la abdicación del mar en las arenas,
como las germinales herencias del verano,
y quizá sea posible que esta casa no pueda nunca
envejecer,
no pueda cumplir nunca más tiempo que el de entonces,
porque sus habitantes son lo mismo que estatuas,
frágiles al aliento de la grieta más tenue,
y ellos están haciendo que las paredes vivan,
que los peldaños latan como olas,
que en cada habitación se junten y perduren
los irreparables y anónimos hechos de cada día.
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Casa sin tiempo junto al mar, cumbre
sonora entre los astros, libre pasión con muros,
criatura en donde acaban mis fronteras,
soy menos si me faltas,
tu fe rige mi vida y la hace invulnerable,
justifica mi espera tu paciencia,
bogas, persistes, amas como un ave en la noche,
acaso ya recibas el nombre de José.

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viernes, 25 de junio de 2010

Su voz sensual

ángel gonzález
    




  De Áspero mundo


[Mientras tú existas]

Mientras tú existas,
mientras mi mirada
te busque más allá de las colinas,
mientras nada
me llene el corazón,
si no es tu imagen, y haya
una remota posibilidad de que estés viva
en algún sitio, iluminada
por una luz -cualquiera...
                                            Mientras
yo presienta que eres y te llamas
así, con ese nombre tuyo
tan pequeño,
seguiré como ahora, amada
mía,
transido de distancia,
bajo este amor que crece y no se muere,
bajo este amor que sigue y nunca acaba.


[Por aquí pasa un río]

Por aquí pasa un río.
Por aquí tus pisadas
fueron embelleciendo las arenas,
aclarando las aguas,
puliendo los guijarros, perdonando
a las embelesadas
azucenas...
                     No vas tú por el río:
es el río el que anda
detrás de ti, buscando en ti
el reflejo, mirándose en tu espalda.
Si vas de prisa, el río se apresura.
Si vas despacio, el agua se remansa.


[Apoyas la mano]

Apoyas la mano
en un árbol. Las hormigas
tropiezan con ella y se detienen,
dan la vuelta, vacilan.
Es dulce tu mano. La corteza
del abedul también es dulce: dulcísima.
Una agridulce plata otoñal sube
desde su raíz honda hasta ti misma.
Mojada por la luz sucia y filtrada,
peinada fríamente por la brisa,
te estás quedando así: cada momento
más sola, más pura, más concisa.


[Pájaros]

Detenían su vuelo
sobre el árbol
más próximo. Suspendían
su canto
para volver
a reanudarlo
de un modo distinto. Llegaban
otros pájaros.
Volaban. Los sostenía el viento.
Un viento levantado
desde las más profundas
raíces -cálido
aliento de la tierra. Tropezaban
uno con otro, como si algo
les fuese limitando
angustiosamente
el espacio.
Ya no cabían. La tarde entera
se debatía estremecida bajo
su peso.
Y de pronto, callaron.
El silencio
iluminó de un fogozano
tu figura.
Un eco dilatado
apagó los rumores
más lejanos.
                       Ellos
te estaban escuchando.


[Son las gaviotas, amor]

Son las gaviotas, amor.
Las lentas, altas gaviotas.

Mar de invierno. El agua gris
mancha de frío las rocas.
Tus piernas, tus dulces piernas,
enternecen a las olas.
Un cielo sucio se vuelca
sobre el mar. El viento borra
el perfil de las colinas
de arena. Las tediosas
charcas de sal y de frío
copian tu luz y tu sombra.
Algo gritan, en lo alto,
que tú no escuchas, absorta.

Son las gaviotas, amor.
Las lentas, altas gaviotas.


[Milagro de la luz: la sombra nace]

Milagro de la luz: la sombra nace,
choca en silencio contra las montañas,
se desploma sin peso sobre el suelo
desvelando a las hierbas delicadas,
Los eucaliptos dejan en la tierra
la temblorosa piel de su alargada
silueta, en la que vuelan fríos
pájaros que no cantan.
Una sombra más leve y más sencilla,
que nace de tus piernas, se adelanta
para anunciar el último, el más puro
milagro de la luz: tú contra el alba.


[Bosque]

Cruzas por el crepúsculo.
El aire
tienes que separarlo casi con las manos
de tan denso, de tan impenetrable.
Andas. No dejan huellas
tus pies. Cientos de árboles
contienen el aliento sobre tu
cabeza. Un pájaro no sabe
que estás allí, y lanza su silbido
largo al otro lado del paisaje.
El mundo cambia de color: es como el eco
del mundo. Eco distante
que tú estremeces, traspasando
las últimas fronteras de la tarde.





domingo, 20 de junio de 2010

'El año de la muerte de' Saramago


..........Espaço curvo e finito
.
Oculta consciência de nâo ser,
Ou de ser num estar que me transcende,
Numa rede de presenças e ausências,
Numa fuga para o ponto de partida:
Un perto que é tâo longe, um longe aqui.
Uma ânsia de estar e de temer
A semente que de ser se surpreende,
As pedras que repetem as cadências
Da onda sempre nova e repetida
Que neste espaço curvo vem de ti.


(De Os poemas possíveiss, 1966)

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jueves, 17 de junio de 2010

....No es mío el presente. No es mío el futuro. El presente no lo vivo, y el futuro no existe ni lo quiero. Sólo tengo el pasado.
....El pasado. Un árbol muerto en medio del camino.
....¿Recuerdas aquel pino muerto y horizontal? A las diez, la hierba estaba mojada y tú tenías las manos frías.
....El pasado, a veces, está para mí condensado en nombres: "Cala Llamp", "La Rodona", "Na Foradada", "El Pantaleu..." Nombres de la toponimia isleña que me queman porque son tus ojos, tus labios, y tu buen calor cerca de mí.
....El pasado es también la casa de mi hermano. El sonido de la campanilla de la puerta y el crujir de las maderas de la ventana cuando soplaba el viento. La voz mansa, sin matices, de mi madre, y el plegar insípido de sus manos.
....Como una vieja solitaria a quien se le han muerto todos, yo sólo tengo recuerdos. En mi vida ya no hay sueños.
....Y, sin embargo, quisiera soñar. Estar ciega y no ver el túnel negro que me aguarda. Seguir soñando con un futuro tuyo y mío. Quisiera pensar en una casa nuestra: podría estar asomada a un valle verde y tranquilo con unas montañas plácidas al fondo. Con unas montañas acompañadas de otra, agresiva y pelada, con un solo pino entre la roca, que despertara el deseo de ir hasta ella para tocar su tierra y las agujas del árbol solitario. Nuestra casa podría, también, asomarse al mar: a un acantilado vertical del que subiera la espuma salpicando, O a un callejón sucio, con ropa mojada en las ventanas y gatos flacos por la acera, entre niños que jugaran a la pelota.
....Tendríamos una habitación con libros; cuadros colgados y una pequeña estufa de hierro sobre la cual, en un pucherito cocerían un puñado de hojas de eucalipto. No necesitaríamos palabras ni casi miradas para entendernos, y el trabajo, por duro que fuera, sería algo bueno, con una finalidad.
....Ahora, tu vida; mi vida: una línea de la mano, truncada por crucecillas imperceptibles, por cortes y tajos bruscos, desesperados. Por una interrogación negra en forma de gancho. Tu vida. Mi vida. Un camino hermoso que, de pronto, se hunde en una pesadilla. Algo roto e inútil. ¡Si al menos pudiera luchar! Si pudiéramos romper a mordiscos estas ataduras y así, libre, escapar hacia los caminos claros. Volver atrás en el tiempo. Huir, locamente, alegremente, de ese gigante que nos fuerza a ser lo que somos y nos obliga a andar por donde él quiere. Somos enanos rodeados de enanos, y los gigantes se esconden para reírse.
....Eres enano tú.
....Soy enana yo.
....Es enano Mohatá, el boxeador, que busca una quimera de oro o simplemente el pan seguro, con sus puños. Que cae y se levanta bajo las luces fuertes y los silbidos de la multitud que le exige fuerza y crueldad...
....Sabina, que desea el traje de seda, el coche y la casa de pisos, y el hilo de ese deseo es el que la hace darse al primero que llega y así es como pretende elevarse sobre su pequeñez de enana, hija de enanos.
....Enano el sefardí, inepto y débil, que se defiende torpemente contra la miseria y a quien la vida vence.
....Enano el viejo, el débil, el enfermo, el compasivo y el sentimental. Todos vencidos por algo superior a ellos, más fuerte que ellos, más grande. Algo que, a veces, anda en su propio ser formando parte de su espíritu.
....El mundo es un gigante. Y el mundo dice que no se puede depositar todo el amor en una persona. Es fácil fracasar amando a alguien hasta el extremo de excluir a todos los demás. Es fácil perder, amando como yo te amo a ti. Es mejor repartir el amor. Convertirlo en fuegos artificiales y hogueras de paja. Repartirlo entre los pobres y los pajarillos, entre el poderoso y nosotros mismos. El mundo sabe que lo que se reparte se hace pequeño y que amando poco se es feliz. Mi madre lo decía sabiamente. Paga tus deudas. Sé casta y prudente. No ames con exceso. Mi madre morirá rodeada del respeto de propios y extraños porque: "La mujer prudente edifica su hogar y la necia todo lo detruirá.", y ella ha sido prudente.
....Mi rebelión ha sido excluir a los demás y amarte excesivamente. Ha sido mi gran pecado. Por eso vino el castigo y nacieron en mi corazón grandes monstruos que hicieron imposible tu felicidad y la mía. Por eso cuando, después de muertos -todos muertos, Señor, carne que se pudre, tierra-, comparezcamos ante el Ángel mudo de la balanza, entonces, las pesas, de cobre o de espíritu, equilibrarán el platillo en que se hayan depositado las plumas y los abalorios, el andrajo y el zapato de piel de guante que perteneció a un niño... Todo se equilibrará y vendrá a los muertos la Paz, el permanecer entre los Querubines, los Santos, las Vírgenes y los Profetas... Y cuando me llegue la vez, y yo, menuda y débil -todos enanos, Señor-, presente mi corazón con la sangre reseca, presente mi corazón y unos sueños gastados, ¿qué pasará?
...."El primer animal parecido a un león, el segundo a un becerro, el tercero con cara de hombre y el cuarto semejante a un águila, volando, cada uno de los cuatro con seis alas por fuera y por dentro llenos de ojos" me señalarán, gritando palabras que yo no entenderé. Y yo y mi pobre cuerpo y toda mi vida vacía irán a quemarse con la de los otros enanos, con la de los desheredados y la de los torpes.


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martes, 8 de junio de 2010

    Y empezaron en la comarca a llamar al mendigo "el tío Judas".
    Pero un día se trajo en las alforjas dos cerditos vivos que le habían dado en una granja por haber curado al granjero de una dolencia. Pronto dejó de mendigar, totalmente ocupado en pasear a sus cerdos para alimentarlos, llevándolos a lo largo de la charca, bajo los robles aislados en los vallejos colindantes. La mujer, por el contrario, erraba sin parar pidiendo limosna, pero se reunía con él cada noche. Él tampoco pisaba nunca la iglesia y jamás le habían visto santiguarse ante los calvarios. Todo aquello daba mucho que hablar.
    Una noche, a su compañera le dio una calentura y se puso a temblar cual lona agitada por el viento. Él se acercó al pueblo a buscar medicinas y luego se encerró con ella. Durante seis días no se le volvió a ver.
    Pero habiendo oído decir el cura que "la Judía" iba a morir, acudió a traer los consuelos de su religión a la moribunda, con la intención de ofrecerle los últimos sacramentos.
    Apenas hubo llamado a la puerta, cuando el tío Judas apareció en el umbral, jadeando, encendidos los ojos, toda agitada la espesa barba como agua que chorrea, y gritó en una lengua desconocida palabras blasfemas, al tiempo que extendía sus flacos brazos para cerrarle el paso al sacerdote. El cura quiso hablar, ofrecerle su bolsa y sus cuidados; pero el viejo seguía injuriándole, haciendo con las manos ademán de tirarle piedras. Por lo que el sacerdote se fue, perseguido por las maldiciones del mendigo.
    Al día siguiente, la compañera del tío Judas murió. Él mismo la enterró delante de su puerta. Eran tan poca cosa que nadie se ocupó de ellos.


(Un fragmento de "Le Père Judas")



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