lunes, 6 de diciembre de 2010

"Al arrimo de una estufa que caliente el invierno..."

Sentarse a dudar, dudar interminablemente, dudar del instante que se ha escurrido, dudar del que va llegando, dudar cuando se siente que la vida no es una caricia, dudar también cuando nos duele, dudar, dudar, siempre dudar porque la duda es un camino indubitable para ir atrapando atisbos de verdad, guiños de una luz imprecisa, presentimientos jamás cuajados en nada concreto. La duda nos entrega átomos de la verdad (acaso no la única verdad), verdad sin debastar, verdad difusa, esquiva, extraña, ilusoria, probablemente inalcanzable. "Al arrimo de la estufa que caliente el invierno" tendremos la medida de nuestra verdad, y, para probarlo, nos repetiremos una y otra vez, como Descartes, el cogito ergo sum. Seremos verdad porque nos oiremos pensar. El pensamiento es lo único que nos permite la nimia verdad de existir. Pienso, luego existo. Existo, luego soy. "Soy, luego muero." (Ángel González no estropeó nada, tan sólo le dio un desenlace al Discurso del Método, crudo, sí, pero es que también debía ser una verdad, al menos una verdad inmediata.) En estos días me he paseado por el Discurso, me apetecía leérmelo para distanciarme de las verdades que nos mienten todos los días y a todas horas. Anda una preparándose para el largo invierno, templando estufas y pensamientos; anda una empapada de tristeza, pero es una tristeza distinta. Nueva. Como de satén, tan suave y benéfica... Es lo que tenemos los estoicos, que a todo le sacamos partido; somos apañaditos por naturaleza y las circunstancias de la vida nos las cocinamos con un ingrediente que nunca falla: la tranquilidad.
....Mañana daré el siguiente paso para continuar alimentando a mi sustancia pensante con las Meditaciones metafísicas de Don Renato.
....Sí, ¿no...? ¿O no...? (La que me espera.)

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6 comentarios:

Marisa Peña dijo...

Yo de dudas tendría para un tratado tan grande o más que el discurso del método. Dudo, respiro, dudo, escribo, dudo, continúo, dudo...si de algo no dudo es de que me gusta estar entre tus hojas, guapa.

Glo dijo...

Ando yo estos días recorriendo el edificio del idealismo de la mano de García Morente. Párvulo y "maisu".

Mertxe dijo...

Y a mí entre las tuyas, Marisa, ya lo sabes. Voy casi todos los días pero se me acaban las palabras para decirte lo que siento. Me ocurre lo mismo con la maravillosa Soco, y es que nos dejáis mudas por fuera.

Un abrazo, hermosa mía.

María Socorro Luis dijo...

Por favor Mertxe, sigue discurseando... ("esas verdades que nos mienten todos los días")... porque es un lujo leerte.

Muxu polita.

Mertxe dijo...

¡Ay, Glo! Ya veo que nos ha dado algo fuerte a los dos. Todos los años, al llegar el otoño, me meto en dos ríos (estos siempre son los mismos a pesar de Heráclito): la poesía y la filosofía. Desordenadamente, a lo loco, pero suele dejarme como nueva el baño.

Saluditos.

Mertxe dijo...

Pues anda que a ti... Se lo decía hace unos instantes a Marisa.

Soco, un abrazo muy fuerte y un ruego: hazle otro guiño de mi parte a nuestra bahía.