viernes, 5 de noviembre de 2010

Academia Urtasun - Curso del 59/60

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Recuerdo pocos nombres pero perfectamente todos los rostros, todas las voces, el calor de aquellos cuerpos reverberando junto al mío. Nos habían reunido para dejar constancia del final de un curso y nadie reparó que el tiempo ya se había puesto a crecer detrás del objetivo. Ahora parece que nada ocurre en esta fotografía, que sólo es instantánea de un ayer desvanecido, pero yo oigo el clamor de nuestros corazones precoces con la misma nitidez que puedo ver la luz de una estrella por más que haya muerto en su lejanía. Ese verano que se iniciaba inaugurábamos la vida, nada había antes, todo estaba por delante, en el fondo, nos creíamos inmortales, pura espuma del tiempo.
....Ese verano que se iniciaba todos nos enamoramos de todos. Ese verano nos dio por mirarnos en el espejo y nos descubríamos vírgenes de miedos, vírgenes de odios, y entonces nos deslumbraba la pureza de nuestra desnudez. Ese verano tuvimos una canción en los labios, Orfeo Negro arrasaba, y en la alameda de Rentería -los jueves con la gramola, los domingos con la gramola y la banda municipal- alguien nos abrazaba y sentíamos el fragor de nuestra juventud. Ese verano estábamos vivos pero ahora sentimos frío y todo está apagado*.




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*Último verso de Recuerdo de Teresa. JORGE G. ARANGUREN.



2 comentarios:

María Socorro Luis dijo...

Venga Mertxe , que ese mismo año, yo era tan "madura" que decidí casarme...

Muxu mila.

Mertxe dijo...

A mí me 'decidieron' 8 años más tarde, pero algo ocurrió en mi cabeza, algo muy bueno según lo entendí entonces y sigo entendiéndolo recionalmente ahora, y sin embargo... Es que he visto tanto que (a lo mejor por una derivada del síndrome de Estocolmo) algunas veces creo que me equivoqué en aquel escaqueo.

Luminosos y fresquitos maresminos días, mi grata Soco.