lunes, 4 de octubre de 2010

Dos conceptos sobre la vida






Eteocles, hijo de Edipo, sube al trono de Tebas. Su hermano Polinices le disputa el poder y los dos hermanos se matan el uno al otro. Su tío Creón llega a ser rey de Tebas y prohibe, de acuerdo con las leyes, que se dé sepultura al cuerpo de Polinices. Pero Antígona, hermana de Polinices, se obstina, arriesgando su vida, en querer cumplir los ritos funerarios sagrados sobre el cadéver de su hermano. Creón intenta impedírselo. Le hace ver que una vida feliz vale más que un acto de heroísmo inútil. Le aconseja que vaya a reunirse con su prometido Hemón.



CREON

-Cásate en seguida, Antígona, sé feliz. La vida no es lo que tú crees. Es un agua que los jóvenes dejan correr, sin saberlo, entre sus dedos abiertos. Cierra tus manos, cierra tus manos, rápido. Retenla. Ya verás, eso será una cosita dura y simple que se mordisquea, sentados al sol. Todos te dirán lo contrario porque necesitan tu fuerza y tu impulso. No los escuches. No me escuches cuando haga mi próximo discurso ante la tumba de Eteocles. No será verdad. Nada es verdad, sólo lo que no se dice... Tú también lo aprenderás demasiado tarde, la vida es un libro que se ama, es un niño que juega a nuestros pies, una herramienta que se tiene entre las manos, un banco para descansar por la tarde delante de la casa. Me vas a despreciar aún más, pero al descubrir eso, ya lo verás, será el irrisorio consuelo de envejecer, la vida, no obstante, quizás no es más que la felicidad.

ANTÍGONA murmura, con la mirada perdida.

-La felicidad...

CREÓN siente de pronto un poco de vergüenza.

-Una pobre palabra, ¿eh?

ANTÍGONA dulcemente.

-¿Cuál será mi felicidad? ¿En qué mujer se convertirá la pequeña Antígona? ¿Qué mezquindades tendrá que hacer, ella también, día a día, para arrancar con sus dientes su pedacito de felicidad? Dime, ¿a quién deberá mentir, a quién sonreir, a quién venderse? ¿A quién deberá dejar morir apartando la mirada?

CREÓN se encoge de hombros.

-Estás loca, cállate.

ANTÍGONA

-¡No, no me callaré! Quiero saber cómo me las arreglaré, yo también, para ser feliz. Enseguida, puesto que enseguida se debe elegir. Dices que es bella la vida. Quiero saber cómo me las arreglaré para vivir.

CREÓN

-¿Amas a Hemón?

ANTÍGONA

-Sí, amo a Hemón. Amo a un Hemón duro y joven; un Hemón exigente y fiel, como yo. Pero si vuestra vida, vuestra dicha deben pasar sobre él con su usura, si Hemón ya no debe palidecer cuando yo palidezco, si ya no debe creerme muerta cuando me retraso cinco minutos, si ya no debe sentirse solo en el mundo y detestarme cuando me río sin que él sepa por qué, si debe llegar a ser cerca de mí el señor Hemón, si debe aprender a decir "sí", él también, entonces yo ya no quiero a Hemón.






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Esta tragedia se estrenó en París en 1944. Inspirada en la obra de Sófocles el autor opone en la disputa de los dos personajes, los imperativos del gobierno a una moral que no acepta compromisos. No está muy segura de los motivos que la llevan al sacrificio, pero Antígona está empeñada en rechazar una vida adaptada a las necesidades del gobierno. Su incapacidad para admitir el mundo real tiene carácter fatalista y revela el pesimismo del escritor.





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