jueves, 23 de septiembre de 2010

A María Rosa le dejaban latas de sardinas...

colgando de las ramas de los árboles. Dos campesinos vecinos y Olegario, que es minero, colocaban en las encinas estos raros frutos de piel hojalatada. Entonces María Rosa recorría el monte recogiendo su cosecha escabechada, y después se despatarraba entre las jaras, se abría, se ofrecía. Y la tomaban. María Rosa, dicen los psiquiatras. padece deficiencias mentales y vive en la frontera de lo opaco [...].

Enrique, el tío carnal de María Rosa, empezó el asunto cuando ésta era aún adolescente. Se adueñaba de ella en el granero. El tío Enrique no necesitaba regar el paisaje de conservas: la relación familiar es una relación de pertenencia.

María Rosa se quedó embarazada y nadie se dio cuenta de su estado: así de poco la miraban. Una noche parió bajo un cerezo. No poseía sentimiento maternal, era una carencia más entre carencias. Agarró al bebé de un pie y lo arrastró, sin saber qué hacer con él, entre la ginesta, entre las zarzas. Hay criaturas que nacen como inertes botones de carne y que no dan señales de vida hasta que no se les palmea vigorosamente en las espaldas. Pero el hijo de María Rosa lloraba, lloraba cuando se enganchaba en los espinos, lloró hasta que le mató a golpes contra el suelo. Así de implacable es la desgracia.

Eso pasó hace un año, cuando María Rosa tenía veintiuno. Desde entonces permanece encarcelada.



De MARÍA ROSA Y LAS SARDINAS (El País). Rosa Montero




4 comentarios:

Glo dijo...

Suerte tú que tienes arrestos y puedes abordar esta horrible imagen del sinsentido. Yo no puedo. Hoy es superior a mí.

Mertxe dijo...

no creas, amigo Glo, no creas. Pero en alguna medida tengo ese día aciago yo también. Esta mañana he oído un reportaje sobre robo de recién nacidos a sus madres, aquí, en España, nada menos que en los noventa. No entraré en detalles, pero he sabido algo terrible y de una manera automática, aunque nada tenga que ver con un negocio, he recordado este texto que me tocó traducir al francés.

Nómada planetario dijo...

Hay historias de todo tipo con dinero de por medio.
Un caso muy triste el que describes.
Un abrazo.

Mertxe dijo...

Rosa Montero hace un, no por menos sintético, escalofriante relato basado en la realidad. En su día nos puso los pelos de punta pero ahora, desgraciadamente, esto es algo así como el pan de cada día.