viernes, 3 de septiembre de 2010

Un poema a sus verdugos

Giordano Bruno




Decid, ¿cuál es mi crimen?, ¿lo sospecháis siquiera?
¡Y me acusáis sabiendo que nunca delinquí!
Quemadme, que mañana, donde encendáis la hoguera,
Levantará la historia una estatua para mí.
Yo sé que me condena vuestra demencia suma,
¿Por qué?... Porque las luces busqué de la verdad,
No en vuestra falsa ciencia que el pensamiento abruma
Con dogmas y con mitos robados a otra edad,
Sino en el libro eterno del Universo mundo,
Que encierra entre sus folios de inmensa duración
Los gérmenes benditos de un porvenir fecundo,
Basado en la justicia, fundado en la razón.
Y bien, sabéis que el hombre, si busca en su conciencia
La causa de las causas, el último porqué,
Ha de trocar muy pronto la Biblia por la Ciencia,
Los templos por la escuela, la sinrazón por la fe,
Yo sé que esto os asusta, como os asusta todo,
Todo lo grande, y quisiérais poderme desmentir.
Más aun, vuestras conciencias, hundidas en el lodo
De un servilismo que hace de lástima gemir...
Aun allá, en el fondo, bien saben que la idea
Es intangible, eterna, divina, inmaterial.
Que no es ella el Dios y la religión vuestra
Sino la que forma, con sus cambios, la historia universal.
Que es ella la que saca la vida del osario,
La que convierte al hombre de polvo en creador,
La que escribió con sangre la escena del calvario,
Después de haber escrito con luz la de Tabor.
Mas sois siempre los mismos, los viejos fariseos,
Los que oran y se postran donde los puedan ver,
Fingiendo fe sois falsos llamando a Dios, ateos,
¡Chacales que un cadáver buscáis para roer!
¿Cuál es vuestra doctrina?, tejido de patrañas;
Vuestra ortodoxia, embuste; vuestro patriarca, un rey;
Leyenda vuestra historia fantástica y extraña;
Vuestra razón, la fuerza; y el oro vuestra ley.
Tenéis todos los vicios que antaño los gentiles.
Tenéis las bacanales, su pérfida maldad;
Como ellos sois farsantes, hipócritas y viles;
Queréis, como quisieron, matar a la Verdad.
Mas... ¡vano empeño! Si en esto vence alguno,
Soy yo porque la historia dirá en lo porvenir:
"Respeto a los que mueren como muriera Bruno",
Y en cambio vuestros nombres... ¿quién los podrá decir?
¡Ah! Prefiero mil veces mi muerte a vuestra suerte:
Morir como yo muero no es una muerte, ¡no!,
Morir así es la vida; vuestro vivir, la muerte.
Por eso habrá quien triunfe, y no es Roma, ¡soy yo!
Decid a vuestro Papa, vuestro señor y dueño,
Decidle que a la Muerte me entrego como a un sueño,
Porque es la Muerte quien nos conduce a Dios.
Mas no a ese Dios siniestro, con vicios y pasiones
Que al hombre da la vida y, al par, su maldición,
Sino a ese Dios-Idea que, en mil evoluciones,
Da a la materia forma, y vida a la creación.
No al Dios de las batallas, sí al Dios del pensamiento,
Al Dios de la conciencia, al Dios que vive en mí,
Al Dios que anima el fuego, la luz, la tierra, el viento,
Al Dios de las bondades, no al Dios de ira sin fin.
Decidle que diez años, con fiebre, con delirio,
Con hambre, no pudieron mi voluntad quebrar,
Que niegue Pedro al Maestro Jesús, que a mí,
Ante el martirio, de la verdad que sepa
No me haréis apostatar.
Mas... ¡basta! ¡Yo os aguardo! Dad fin a vuestra obra,
¡Cobardes!, ¿qué os detiene?, ¿teméis al porvenir?
¡Ah!... Tembláis. Es porque la fe a mí me sobra,
Miradme. Yo no tiemblo. ¡Y soy quien va a morir!




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4 comentarios:

Glo dijo...

Impresionante poema, Mertxe. Me hace recordar aquello de que "todo lo excelso es tan difícil como raro", que escribió Spinoza.

Mertxe dijo...

El mundo se pregunta dónde podríamos estar si no hubiera sido por la estupidez de clérigos, filósofos y políticos asociados secularmente a un inmovilismo de conveniencia, Supongo que es una pregunta ociosa, porque la humanidad lleva la cal y la arena en su naturaleza. En su descargo, cabría la consideración de que del mono a la conciencia hay un recorrido muy difícil. A veces creo que impracticable...

Glo dijo...

El ser humano es capaz de imaginarse a sí mismo muerto. El mono, aunque creo que dotado de alguna conciencia, probablemente carece de esa. Y esa es la única diferencia esencial entre ambas especies, y el origen y motor de todas las demás.

La diferencia así, aunque puede parecer (y así se ha considerado tradicionalmente) cualitativa, es en realidad cuantitativa.

Un saludo.

Mertxe dijo...

Las 'prestaciones' de un cerebro, cuando se amplian, llevan al uso y ¿disfrute? de la conciencia. Pero los humanos no creo yo que acabemos de saberlo y, así, un pasito adelante desencadena el pasito (a veces muchos pasitos) atrás. Sabemos del bien y del mal, pero ¿de qué nos sirve a fin de cuentas? El homo rationalis y ethicus que somos por obra y gracia de la evolución de qué nos sirve después de tantas guerras, abusos, mentiras? Dicen que la ética es una frontera infranqueable entre el hombre y el mono. Pues, sí, yo lo creo firmemente desde la genética, ese trabajo ímprobo de la evolución. Pero también creo, y lo creo porque lo tengo delante, que todo ese barniz de humanidad se viene abajo en cuanto se nos inflama el sistema circulatorio. Las atrocidades están a la orden del día. O de la Historia. Atrocidades de pensmaiento, palabra y, naturalmente, obra. A esos orangutanes que se organizaron en la selva para lanzar un raid sobre otro grupo enemigo algún tipo de pensamiento organizado les animaba, lo cierto es que un sentimiento de venganza les dictó la guerra, y lo siento por ellos, es una mala noticia porque un día podrían evolucionar hasta una sociedad relativista y caduca. Serán nosotros y reeditarán nuestros monstruos y, por supuesto, nuestros bobos ilustrados que, a la postre, pueden llegar a ser tan peligrosos como los otros. (Ahora mismo tengo en la mente uno al que no esperan en Rodiezno... jis)