jueves, 8 de julio de 2010

Carlos Barral o la deslumbrante sencillez



Porque conocía el nombre de los peces,
aun de los más raros,
y el de los caladeros, y las señas
de las lejanas rocas submarinas,
me dejaban revolver en las cestas,
tocarlos uno a uno, sopesarlos,
y comentaban conmigo abiertamente
las sutiles cuestiones del oficio.
Porque entendía de nudos y de velas
y del modo de armar los aparejos,
me llevaban con ellos muchas veces;
me regalaban el quehacer de un hombre.
Sentía con orgullo
enrojercérseme las manos al contacto del cáñamo,
impregnarme
un fuerte hedor a brea y a pescado.
Sabía casi todo de aquella vida simple,
de aquel azar diario y primitivo.

Sólo que aquella ciencia era lujosa.
No supieron contarme
o no pude entender cómo era aquello
en los días peores, las amargas
semanas de paciencia,
cuando el viento del norte
roe las entrañas y se harta la pupila
de escudriñar los cielos,
en los días confusos,
cuando el mar de borrosos contornos
es sólo como un cascote de vidrio
semienterrado en el fango,
un desagradable incidente o una trampa
para los que pasan corriendo
ciegos bajo la lluvia.









De "19 figuras de mi historia civil" (1961)







6 comentarios:

María Socorro Luis dijo...

Ese mar tan hermoso, tan terrible a veces.
Que guarda tantos tesoros y tantas tragedias.

Lo poco que he leído de Barral, siempre me ha impactado.

Saludos de jorge, ayer hablamos de ti.

Y abrazos. Soco

Mertxe dijo...

Barral era un entregado en cuerpo y alma a Calafell. Ese pueblo, su mar, sus gentes..., todo era como una prolongación de sí mismo. No fui su asidua lectora, pero reconozco que lo del alma mediterránea dejaba de ser un tópico cuando se pensaba en este hombre.

Un gran abrazo para mis dos poetas donostiarras.

Mertxe dijo...

Buenos días, Gemmma.

Nómada planetario dijo...

Habla de la mar de un modo que nos sitúa a bordo de un pesquero, se siente el sabor a salitre y la zozobra de la cubierta.
Un abrazo.

Glo dijo...

Yo me forjé un Mediterráneo ideal desde mi rincón atlántico. Lo alimenté con todo aquello que me pareció auténtico y que de él encontré por este país... Pero lejos de su costa.

Encontrarme finalmente ante sus aguas fue una experiencia decepcionante. No me dijo nada. Probé a mirarlo desde distintos lugares sin éxito.

Creo que el problema ha sido siempre que no soy hombre de paisajes marinos. Hoy me doy cuenta, porque sí sentí emoción al caminar las ondulantes dehesas de algarrobos del interior de Mallorca, bajo la luz intensa, en el aroma de sus plantas.

Mertxe dijo...

Sí, sí, repasándolo caigo en la cuenta de que es capaz de llevarnos con él, a bordo de lo que sea.

¿Disfrutando de las vacaciones, Noma?