miércoles, 15 de septiembre de 2010

Sonaba el Concierto de Aranjuez

Y volvía el Aranjuez de aquella extraña primavera de 1991. Era un regreso abrupto, como de agua oscura despeñándose por laderas que modularan los nerviosos rasgueos de la guitarra. Ni siquiera el pianísimo de los contrabajos servía para atenuar la caída; muy al contrario, no hacía sino apresurarla con sus notas de repente compulsivas. En la oscuridad de la sala, un ligero temblor le agitó las manos.

El re mayor predominante infería al reencuentro una impronta de impaciencia, de ansias por huir del presente. Su cabeza se había hecho cauce transitado por un tumultuoso Tajo de recuerdos. En el insistente fluir de imágenes, de escenas, de imágenes y escenas en jardines polvorientos proclamando su sed a los pies de las fuentes apagadas, se sentía dividido en dos mitades. Una trabajaba arduamente desde la orilla para poner diques a la enloquecida corriente del recuerdo. La otra, justo enfrente, los abatía con sañudo alborozo.


A medida que la voz de la guitarra se intensificaba, los sueños, en perfecta catarsis, crecían también. En una vorágine se le presentaron aquel atribulado cielo de Aranjuez, ora tumultuoso, ora desierto, pero siempre abrasador, y los jardines, los jardines en cuyo seno de flores desoladas yacía cataléptico el invierno. Tuvo miedo y cerró los ojos desesperadamente, pero no pudo impedir que la puerta de su memoria se abriera de par en par. Aranjuez, sofocante y crepuscular, siguió en su retina como una silueta maléfica e indestructible.

En una vertiginosa escala descendente, la guitarra fue abordada por la cuerda, y enseguida toda la orquesta se puso a remedar el preludio. Se vio en los prados que presidía serena la fachada del palacio. Un rayo de sol había traspasado las nubes. La sombra de Elena se abrazó a la suya sobre las aguas turbias del estanque. Tuvo un estremecimiento. Violines. Algarabía de fantasmas y violines. Aranjuez, despiadado, le acercaba su vega exhausta, ahogada en polen y multitudinaria de insectos; los senderos atormentados por el calor y el polvo; silentes surtidores, en cuyos caños herrumbrosos burbujeaba el musgo.

Avanzaba el concierto y seguían abriéndose caminos en su memoria. Re mayor... La mayor... La menor... Segundo tema. El río. El río era una serpiente inacabable. Un festival de rumores disonantes, impúdico, alevoso profanador de riveras. Recordó que lo había observado con la cansina atención del turista al que nada interesa. Recordó a los patos, ridículos depredadores acuáticos, picoteando las aguas con la constancia de una máquina de coser. Pero iniciado el adagio todo cambió.

Los suaves arpegiados de la guitarra vinieron a remansar su cabeza. Tuvo la impresión de que su alma aprovechaba los ondulantes acordes para descender planeando de los atormentados parajes del aire en donde había sido hoja vapuleada por el viento del recuerdo. Ahora se le aquietaba, acurrucándose, dejándose mecer entre vaporosas armonías. Y cuando, dolorido y nostálgico, el corno inglés comenzó a recitar su serena amargura, la encontró adormecida, libre, inalcanzable para sus demonios. De nuevo cerró los ojos. Esta vez lo hizo suavemente, como quien corre las cortinas para que ninguna luz venga a perturbar el merecido descanso. La guitarra, envidiosa y apasionada, se puso a replicar melismáticamente al corno.

Sonrió ante la amenaza. Estaba a salvo, nada podría perturbarle ya. Su alma dormía plácidamente y las imágenes que aún vagaban por su cabeza no eran agresivas. En las postrimerías del concierto ya era capaz de evocar con toda nitidez la figura de ella. Cuando el tutti orquestal comenzó a adueñarse del espacio se sintió, desvaída, indefiniblemente, feliz.

Las notas del allegro gentile le hallaron en paz. Su mitad sensata e ingeniera había conseguido que los diques fraguaran solidamente, haciendo enmudecer al río, ahora mansa agua desprovista de fragores incómodos.

La guitarra, única, inmensa protagonista del concierto, se había rendido en un pianissimo de pizzicati.

                    Silencio...
                                      Silencio...
                                                        Silencio...

En el arco de su memoria quedó enganchado un leve acorde del ayer. El eco lejanísimo y todavía ácido de sus palabras. Nada importante ya pero, por si acaso, sus dedos ejecutaron en el aire enmudecido un rápido, último, simbólico pizzicato.

                                                                                                                                              Silencio...



8 comentarios:

Glo dijo...

De Rodrigo llegó antes a mis oídos la "fantasía para un gentilhombre". Las evocaciones que me provoca son muy de mi agrado, y dejan en mí un rastro de felicidad igual a la de algunos recuerdos de mis veranos infantiles.

Como bien dices, Mertxe, es difícil explicar un sentimiento. Y sin embargo ellos son las razones últimas de muchas de nuestras decisiones y de nuestros gustos más elaborados. Mis razones últimas son esa música y es un charco transparente en la grava a la que una tormenta de verano ha sacado sus colores.

Mertxe dijo...

Yo también he escuchado mucho al maestro. Un día cayó en mis manos un vinilo, un LP, con el Concierto y en su portada venían los comentarios que hizo sobre su composición. Se me quedaron en la cabeza para siempre y, poco después, aquellos que me guiaban por la obra los saqué a relucir en este artículo.

Sí. Yo tambien creo que primero la emoción y luego la acción. Y que se ponga descarte como quiera.

Nómada planetario dijo...

Aranjuez resulta imposible borrarlo de la memoria. Aparte de la belleza del paraje y del concierto. Es una música para escuchar sin interferencias mentales.
Una Semana Santa acampé allí, junto al río y en pocas noches he pasado tanta rasca, todo estaba chorreando a la mañana siguiente. Ni saco de dormir ni narices.
Lástima que todas las fotos las tenga en formato papel.

Mertxe dijo...

Por si vuelves por aquí: ¿y no puedes escanearlas? Por lo menos tres o cuatro...

María Socorro Luis dijo...

Cuantas veces estoy escribiendo con esta música de fondo...

El texto una maravilla. Muxus zuri.

Mertxe dijo...

Musu bat, maitea

Nómada planetario dijo...

Me quedé sin escáner hace un año, como la impresora es normal sin multifunción, pues nada a espera que se rompa.
Saludos

Mertxe dijo...

Penita...