martes, 8 de junio de 2010

    Y empezaron en la comarca a llamar al mendigo "el tío Judas".
    Pero un día se trajo en las alforjas dos cerditos vivos que le habían dado en una granja por haber curado al granjero de una dolencia. Pronto dejó de mendigar, totalmente ocupado en pasear a sus cerdos para alimentarlos, llevándolos a lo largo de la charca, bajo los robles aislados en los vallejos colindantes. La mujer, por el contrario, erraba sin parar pidiendo limosna, pero se reunía con él cada noche. Él tampoco pisaba nunca la iglesia y jamás le habían visto santiguarse ante los calvarios. Todo aquello daba mucho que hablar.
    Una noche, a su compañera le dio una calentura y se puso a temblar cual lona agitada por el viento. Él se acercó al pueblo a buscar medicinas y luego se encerró con ella. Durante seis días no se le volvió a ver.
    Pero habiendo oído decir el cura que "la Judía" iba a morir, acudió a traer los consuelos de su religión a la moribunda, con la intención de ofrecerle los últimos sacramentos.
    Apenas hubo llamado a la puerta, cuando el tío Judas apareció en el umbral, jadeando, encendidos los ojos, toda agitada la espesa barba como agua que chorrea, y gritó en una lengua desconocida palabras blasfemas, al tiempo que extendía sus flacos brazos para cerrarle el paso al sacerdote. El cura quiso hablar, ofrecerle su bolsa y sus cuidados; pero el viejo seguía injuriándole, haciendo con las manos ademán de tirarle piedras. Por lo que el sacerdote se fue, perseguido por las maldiciones del mendigo.
    Al día siguiente, la compañera del tío Judas murió. Él mismo la enterró delante de su puerta. Eran tan poca cosa que nadie se ocupó de ellos.


(Un fragmento de "Le Père Judas")



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6 comentarios:

Glo dijo...

Me ha gustado mucho este fragmento que nos has propuesto. Me ha recordado "el cura de Vericueto", de Leopoldo Alás.

Mertxe dijo...

Este verano me enganché de Clarín. Pero no he leído a este cura. Me lo buscaré. Tenemos mal tiempo por Mataró, no termina de entrar el calorcito y hoy, una vez más, llueve, detrás de los cristales llueve y llueve, así que la lectura no vendrá nada mal.

María Socorro Luis dijo...

Es una delicia leer algo tan bien escrito, aunque sea sólo un fragmento.

Y aún más, si me sirve de excusa para mandarte un abrazo.

Soco

Mertxe dijo...

Kaixo, Soco!

Bel M. dijo...

Impresionante. Gracias por recordarnos a los clásicos.
Un abrazo, Mertxe.

Mertxe dijo...

De nada, Bel. Es un placer traerlos y, sobre todo, veros aquí, compartiéndolos conmigo.