miércoles, 27 de enero de 2010

En cuanto salió, recuperé la calma. Me sentía

...agotado y me arrojé sobre el camastro. Creo que dormí porque me desperté con las estrellas sobre el rostro. Los ruidos del campo subían hasta mí. Olores a noche, a tierra y a sal me refrescaban las sienes. La maravillosa paz de este verano adormecido me penetraba como una marea. En ese momento y en el límite de la noche, aullaron las sirenas. Anunciaban partidas hacia un mundo que ahora me era para siempre indiferente. Por primera vez desde hacía mucho tiempo pensé en mamá. Me pareció que comprendía por qué, al final de su vida, había tenido un "novio", por qué había jugado a comenzar otra vez. Allá, allá también, en torno de ese asilo en el que las vidas se extinguían, la noche era como una tregua melancólica. Tan cerca de la muerte, mamá debía de sentirse allí liberada y pronta para revivirlo todo. Nadie, nadie tenía derecho de llorar por ella. Y yo también me sentía preparado para revivirlo todo. Como si esta tremenda cólera me hubiera purgado del mal, vaciado de esperanza, delante de esta noche cargada de presagios y de estrellas, me abría por primera vez a la tierna indiferencia del mundo. Al encontrarlo tan semejante a mí, tan fraternal, en fin, comprendía que había sido feliz y que lo era todavía. Para que todo sea consumado, para que se me sienta menos solo, me quedaba esperar que el día de mi ejecución hubiera muchos espectadores y que me recibiesen con gritos de odio.

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Nunca he entendido la traducción del título. ¿Extranjero?... Bueno, sí, metafóricamente sí, pero yo hubiera preferido 'extraño', El extraño hubiera sido más objetivo, más estrictamente descriptivo de la alienación. En todo caso el título es lo de menos puesto que, a lo largo de toda la lectura de este primer relato de Camus, el mal del protagonista queda perfectamente expuesto, delimitado categóricamente y no hay manera de sustraerse a su doloroso latido. Mersault rechaza a la sociedad (la personifico con la preposión) y, por el contrario, se siente unido a las gentes que comparten su vida diaria, gentes que él siente 'de su lado', sufridores también de unas estructuras absurdas, de una moral absurda, de convencionalismos absurdos; sufridores, sí, víctimas como él de la asfixia que impone una colectividad dislocada en sus leyes y costumbres; así, sus relaciones con el entorno son buenas. Vecinos, compañeros de trabajo, la clientela del restaurante de Celeste, todos, todos ellos le demuestran piedad cuando conocen la muerte de su madre. Él también sabe corresponderles. María encuentra en este hombre, si no amor, sí complacencia en sus relaciones, hasta el punto de que acepta sin rechistar el matrimonio que ella le propone. El perro de Salamano, el propio Salamano, incluso ese miserable de Raimundo, reciben su comprensión. Y ama a su ciudad (sigo personificando); dos días después de su regreso tras el entierro de su madre, se asoma al balcón y pasa allí varias horas observando a los transeúntes, saludando a los conocidos, tomándole el pulso a su barrio, a su ciudad; y al año siguiente, en su celda, vuelve a rememorar "los ruidos familiares de una ciudad que yo amaba"; y al año siguiente, en la sala donde le juzgan, se evade, y abre sus sentidos a todo lo que entra de la calle, la corneta del heladero; recuerda, los recuerdos le rodean, no puede mirar para otro lado, están allí "los olores del verano, el barrio que amaba, el cielo de la tarde, la risa y los vestidos de María"... Mersault mata al árabe. No ha necesitado de ningún odio previo, no es su enemigo personal, ni siquiera le conoce, es el enemigo de otra persona, nada que ver con él. Pero el sol se le ha metido en el organismo, arde por dentro y por fuera como el día del entierro de su madre, si retrocede le espera una playa abrasada, qué dolor, en la piel la hoguera insoportable, y entonces da un paso adelante como queriendo apartarse del calor, como cuando llueve y se busca un alero para no mojarse, y adelante, tendido en la arena, está el árabe y en su mano el cuchillo que el sol ha puesto al rojo vivo, esa espada flamígera acaba por cegarle. Dispara. Una vez. Dos. Tres. Cuatro...
....He vuelto a leer esta novela y me ha gustado tanto como el primer día. Te doy las gracias, Gemma, muchas gracias por empujarme hacia ella. He redescubierto cosas muy interesantes, por ejemplo, cómo Mersault, el aparentemente insensible Mersault, distingue entre sus amigos y la sociedad. De los primeros lo sabe todo, es capaz de describirlos en sus más mínimos detalles. De la sociedad no quiere saber nada, por eso no tienen nombres propios todas las gentes que intervienen en su detención y proceso; son, ya te lo he dicho, jerarquías, conceptos, títulos que van y vienen en nombre de esa sociedad que tanto odia y, también, le aburre. Me he dado cuenta de que se puede matar por inercia, por la inercia de un odio sordo, latente, apagado, que una tarde de sol ardiente revive y aprieta un revólver.

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21 comentarios:

Olvido dijo...

Mertxe me ha gustado mucho tu texto.Sin embargo creo que es distinto "sentirse extraño" dentro de uno mismo que "sentirse extranjero",esta segunda acepción me parece más fuerte...bueno tonterias.Que me ha gustado y que lo importante de las relecturas es descubrir otros puntos de vista, la carencia de valores,la incrudulidad, la apatía... y sobre todo saber disfrutarlo.
Buenas noches

Mertxe dijo...

Es que yo parto del doble sentido de la palabra 'étranger', sobre todo si lleva, como adjetivo, la preposición 'à'; así, la traducción es extraño, y su sentido es extraño, por cuanto, a todo lo largo de la obra, se trata de definir a un ser totalmente apartado de una familia, un país, etc. Por ahí va Camus, ya que étranger, como adjetivo o como sustantivo trata aquí de un ser alienado de la colectividad.

Qué bien, Olvido, cómo me ha gustado tu intervención. Por cierto, que hace mucho frío, que se me está acabando el primer café y que me esperan los trabajos caseros, la compra, la gata y sus caprichos, y hasta me espero yo misma ya que he decicido comer por ahí 'après une longue... longue... promenade'.

Saluditos heladitos.

Glo dijo...

He imprimido el texto de la entrada de hoy y me lo llevo a casa para considerarlo.

Un abrazo.

Mertxe dijo...

(Huich....)

Glo, que un abracito.

giovanni dijo...

Ya es tiempo para mí de leer L'étranger ! Voy a ver si está en nuestra biblioteca...

No!

Sí encuentro "L'envers et l'endroit" (1934) que escribió a los 22 años (es la edad de mi hijo), "Le mythe de Sisyphe" (1942), "L'homme révolté" (1951), "Journeaux de voyage" (1978), "Le premier homme" (1994).

Traducir libros es difícil, aunque hay casos en que la traducción está (casi) mejor que el original. Traducir un título a veces es muy difícil.

Un abrazo

Mertxe dijo...

Bueno, Giovanni, me equivoqué diciendo traducir, en relidad, se ha traducido fielmente. Tenía que haber dicho elección, la del mismo Camus entre L'Étrange y L'Étranger. Pero, claro, esto es una bobadita de las mía, quién soy, en definitiva, para discutirle nada al autor... jis... jis... Lo que pasa es que no he podido resistirme.

Un saludo, Giovanni y buen provecho con esas lecturas. Yo ya me he leído El mito de Sísifo y El Huésped, y pienso seguir tus pasos, que conste.

giovanni dijo...

No no, traducir bien significa según mí que traspases el significado (a veces múltiple) y no solo traducr 'literalmente'. Por ejemplo, a mí me gusta mucho la traducción del título de Sostiene Pereira (Antonio Tabaucchi) en Pereira prétend, incluso me gusta más el título en francés. Y otro ejemplo es que me gustó más leer una novela de Stefan Zweig en su versión francesa: Vingt-quatre heures de la vie d'une, mientras prefería leer otros libros de Zweig en su lenggua original.

giovanni dijo...

Quería decir Tabacchi (en vez de Tabaucchi), ...la vie d'une femme, et lengua au lieu de lenggua.

giovanni dijo...

Pucha, qué me pasa? Su cognome è Tabucchi !!!

giovanni dijo...

Suo cognome...

María Socorro Luis dijo...

Hay libros imprescindibles , que tenemos en el olvido y que sería tan importante releer...
Voy a ello.

Besos de sábado con sirimiri.

Mertxe dijo...

Buenos y todavía fresquísimos días a todos.

Glo dijo...

He leído "las ratas", pero no "el extranjero". El primero gira entorno al compromiso social, del que Camus era un ejemplo vivo.

"El extranjero" supongo que tiene más que ver con otro compromiso: el de mirarnos por dentro y no apartar la vista sea lo que sea lo que se descubra.

Un abrazo pasado por agua.

Marta Montoliu dijo...

Hola Mertxe,

Yo siempre pensé lo mismo. No seria mejor el extraño que el extranjero? El libro ahonda en la descripción del talante hermético del protagonista y la incapacidad de los demás de comprenderlo. Aunque la teoría de Olvido de que sentirse extranjero es más fuerte que sentirse extraño también tiene su qué...
Por cierto que lo leí el año pasado después de mucho tiempo y me pasó como a ti. Me gustó igual ó más que la primera vez.

Mertxe dijo...

Pues, sí, Glo, eso pienso yo también. La verdad es que la 'filosofía del absurdo', tan extraordinariamente desarrollada por Camus, da para todo. Pero es que la concisión de este autor, que va siempre justo a la diana del asunto, su brillantez por eso mimo, es algo que engancha.
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Marta, recuerda que 'hablamos' en tu blog sobre este autor. Tu entrada fue acertadísima de principio a fin.


Mediterráneos y fresquitos saludos.

francisco dijo...

"Por primera vez desde hacía mucho tiempo pensé en mamá. Me pareció que comprendía por qué, al final de su vida, había tenido un "novio", por qué había jugado a comenzar otra vez".
Aquí la incomprensión de los hijos. Simplemente no pensamos en nuestros padres. Esa es la verdad. Nuestras propias vidas nos absorven tanto...y ellos quedan fuera. "Jugar a recomenzar". Para el hijo es un simple juego. Pero en ese juego el mayor se juega la vida. La vida es vida hasta el final y no jugársela (a un nuevo novio o a lo que sea) es la muerte. Por eso al hijo habría que decirle: soy humano, tengo pasiones, se me va la vida. No soy exclusivamente "padre", eso es una circunstancia más de mi vida, pero no me resume. Y eso es lo que no entiende el hijo: para él sólo eres un papel, el padre. Es injusto. pero es así, y ahí el mérido de Camus de mostrar esa verdad: la completa indiferencia del hijo (la separación de los mundos de hijos y padres por un abismo de indiferencia). Un abrazo.

Mertxe dijo...

Gracias, Francisco, por este análisis. Yo también tuve esa etapa, y todavía hoy no estoy muy segura de haberla superado. Somos tan soberbios... tan acaparadores...

Un abrazo desde este luminoso Mediterráneo.

marisa dijo...

Tu texto es magnífico Mertxe, magnífico.El extraño, es una traducción mucho mejor , mucho más acertada, mucho más profundo.Al menos para mí.Mil besos

Mertxe dijo...

Gracias, Marisita, y buenas noches.

Nómada planetario dijo...

Mala desembocadura es esa de mmatar por inercia, no será porque no me entran ganas de empuñar un arma cuando veo algún fascineroso, culplable de genocidios de todos los coleres, en un telediario.
De todos modos veo que has disfrutado de la lectura.
Un abrazo desde el ecuador de mis exámenes, ya llevo doblados dos cabos, sin haber perdido mucho aparejo.

Mertxe dijo...

Ánimo...