lunes, 30 de noviembre de 2009

De "Sonetos para Helena"

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Cuando seas muy vieja, de noche a la luz de la vela,
Sentada junto al fuego, devanando y tejiendo,
Dirás maravillada, mientras cantas mis versos:
"Ronsard me celebraba cuando yo era hermosa ."

No tendrás sirvienta que al oír tal noticia,
ya sobre la labor medio dormida,
al rumor de Ronsard no se haya despertado
bendiciendo tu nombre con alabanza inmortal.

Yo estaré bajo tierra, y fantasma sin huesos
por las penumbras del mirto reposaré;
tu serás en el hogar una vieja en cuclillas.

Aunque llores mi amor y tu orgulloso desdén,
vive, créeme, y no esperes a mañana.
Coge desde hoy las rosas de la vida.



pierre ronsard


martes, 17 de noviembre de 2009

Una prosa brillante

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Pero cuando yo tenía diez y siete años no veía las cosas como ahora; así es que aquella tarde, para saciar el ansia poética que siguió a mis ataques de nervios, busqué un autor de los que más me conmovieran, de los que mejor me hablasen de las cosas de más adentro. Llegué a mi cuarto. Sobre la mesa de noche se destacó, como imponiéndose a mi atención y a mi voluntad, el volumen lindo, pequeño, que parecía un extracto de ideas y emociones, el libro familiar de aquella temporada: Leopardi. No dudé. La acción siguió al impulso: tomé el libro. Como con una presa, huí a lo más escondido de la huerta, a una gruta artificial, fresca, nemorosa, hecha por nosotros mismos con laurel en un socavón de una muralla antigua. ¿Por qué más que nunca entonces necesitaba mi alma al poeta triste? ¿No estaba yo alegre, no creía firmemente en tales instantes en las armonías del mundo? Por lo mismo, por la comezón irresistible del contraste, por la curiosidad peligrosa de ponerme a prueba, quería leer aquello. Además, disparatadamente, como si el libro no fuera cosa muerta, constante por su misma inercia en el dolor de que hablaba, yo iba a leer con la esperanza absurda... de influir en Leopardi aquella tarde en vez de dejarme entristecer por él. ¡Era tanta mi alegría íntima, tan sólidos creía yo los cimientos de mi dulce optimismo! –A ver quién vence a quién: a ver si él me comunica, como siempre, su congoja, o si yo infiltro en estas hojas frías el espíritu de amor y fe que me inunda. «Consolemos al triste.» Del absurdo nunca pudo salir nada bueno–. Por casualidad, lo primero con que tropezaron mis ojos fue con El sábado de la aldea, que es uno de los más sublimes cantos a la esperanza, pero a la esperanza sola, que ha inspirado a ser humano la decepción eterna. Aquella impresión agridulce aún no enfrió mi celo de catequista. En seguida llegué, a saltos, a la famosa poesía en que Leopardi habla del renacimiento de la ilusión...
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.Meco ritorna a vivere
la piaggia, il bosco, il monte;
parla il mio core il fonte,
meco favella il mar...




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(Alas 'Clarín', Leopoldo - Cuesta Abajo.pdf )
..: 3/6/2009 10:50:27 AM - Literatura: espanyola - Tamaño: 711.54Kbytes
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jueves, 12 de noviembre de 2009

Volviendo a Unamuno



..........Madre, llévame a la cama


-Madre, llévame a la cama,
que no me tengo de pie.
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-Ven, hijo, Dios te bendiga,
y no te deje caer.
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-No te vayas de mi lado,
cántame el cantar aquél.
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-Me lo cantaba mi madre;
de mocita lo olvidé,
cuando te apreté a mis pechos
contigo lo recordé.
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-¿Qué dice el cantar, mi madre,
qué dice el cantar aquél?
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-No dice, hijo mío, reza;
reza palabras de miel;
reza palabras de ensueño
que nada dicen sin él.
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-¿Estás aquí, madre mía?
Porque no te logro ver...
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-Estoy en ti, con tu sueño;
duerme, hijo mío, con fe.
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martes, 3 de noviembre de 2009

Un fragmento de "Interpretaciones"


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El arte, como proceso espiritual, como actuación, consiste en desprender de la realidad una apariencia orientada por la brújula del sentido estético, no de otro modo que la máquina del fotógrafo desprende una apariencia exactísima, y, sin embargo, independiente, de los objetos situados en su campo. El toque del arte consiste en herir a la Naturaleza en su talón de Aquiles, en ese punto vulnerable, sensible, cuyo contacto -así también en la mujer; así en la caja de caudales- basta a lograr la apertura de su entraña estética.
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Nos ha tocado a nosotros sondear el fondo de lo humano y contemplar los abismos de lo inhumano, desprendernos así de engaños, de falacias ideológicas, purgar el corazón, limpiar los ojos, y mirar al mundo, con una mirada que, si no expulsa y suprime todos los habituales prestigios del mal, los pone al descubierto y, de ese modo sutil, con sólo su simple verdad, los aniquila.


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