viernes, 25 de diciembre de 2009

El fantasma de las Navidades Presentes



      

El fantasma de las Navidades Presentes se queda a comer. Hay cordero asado porque es tradicional en mi casa y porque me gusta. Ayer también cenamos juntos. Claro que ayer no pude dedicarle mucha atención ya que éramos cuatro a la mesa y, como anfitriona, tuve que expandirme constantemente a derecha e izquierda, lugares estos que ocupaban los otros dos invitados. (Por cierto, de incontenible verborrea ambos.) Y tengo que decirlo: me encantó el fantasma de las Navidades Pasadas y en absoluto me impresionó el de las Futuras. Con la prevención que les tenía... Lo que pasa es que me contaron lo que ya sabía de sobra, y como por encima de todo soy un ser razonable, acepté dignamente lo que traían. En cambio, de éste que ahora me está vigilando servicialmente el horno no sé casi nada. Viene con las manos vacías. Lo tuve enfrente, al otro lado de la mesa, presidiéndola conmigo, y a penas habló. Dejó todo el campo a los colegas. No quiso o no supo interferir en su parloteo. Se limitó a mirarnos y a escuchar, entre bocado y bocado de merluza, miraba y escuchaba. Me sentí incómoda. Pero fue pasando el tiempo, y entre nostalgias y futuribles, entre el postre y el café, llegué a olvidarme de mi fantasma omnipresente.


Esta mañana ha vuelto el miedo con mayúsculas. El miedo que ayer me dio un respiro gracias a la cháchara de la cena. Durante semanas se ha estado asomando a mis ojos. Es un miedo contraido hace cinco meses y 24 días, y esta mañana, al descubrir que el fantasma de las Navidades Presentes no se había marchado, ha logrado que mis manos tiemblen dentro de los bolsillos de la bata. Me esperaba en la sala, sentadito en el sillón de mi aita, con Katta en sus rodillas. Un etéreo café humea en su mano derecha y con la otra acariciaba parsimoniosamente a la gata. Su mirada recorría la fachada de enfrente. Observaba los balcones atestados de ristras de bombillas, papanoeles alpinistas, rojas poinsettias y demás parafernalia navideña. Intenté calmarme pensando que era lógico que no se hubiera ido. Comprendí que su tarea quedó en suspenso ayer. Ya se sabe cómo son de puntillosos los fantasmas para estas cosas. Tenemos cordero, le he dicho procurando que no me delate la voz, cordero pascual, el de la grandes celebraciones. Me ha sonreído, sin mirarme, me ha sonreído. ¿Habrá captado la ironía gastronómica?


Ayer, después de la cena, obsequié a mis fantasmas con unos dibujos animados de Canción de Navidad. Adoran a Dickens. Me lo dijeron los charlatanes. Lo llaman padre. Durante la hora que duró la peli pasaron de mí. Se habían acomodado a mi derecha, sobre la almohada, y se reían y se emocionaban entre ellos. En un momento dado, el fantasma de las Navidades Pasadas le metió un puntazo al fantasma de las Navidades Futuras:  "Chico... ¡qué feo te han sacado!".  El fantasma de las Navidades Presentes, con las piernas cruzadas sobre la mesilla de noche, seguía calladito. A las dos de la mañana los eché. Algo de resistencia opusieron, pero en cuanto les solté que mi cama es territorio privado que sólo  comparto con mis sueños, se volatilizaron. El de la mesilla también.


Ya es Navidad y sigo aquí, diciendo estas cosas y esperando que el persistente fantasma me diga las suyas. Y me temo que lo hará. Si se ha quedado este tío tan serio es por algo


Mañana hubiera sido el noventa y cuatro cumpleaños de mi aita. Noventa y cuatro años de una vida que ha tenido de todo pero que, en general, ha sido una buena vida. Seguramente porque mi aita se llevaba muy bien con ella. Murió como había vivido, apaciblemente, resignadamente. Esperó a la muerte, con la cabeza en su sitio y el corazón también. En realidad, toda su vida fue una espera comprensiva. Sabía que la Naturaleza nos trae y nos arrebata sin saber por qué, y que entre medias nos mangonea arbitrariamente. Sabía que todo se concentra en un instante, que un instante después ya es otra vida, un regalo como diríamos ahora nada sostenible. Sabía que no hay escapatoria, que tarde o temprano las luces se apagan. Él se apagó dulcemente dentro de un sueño. El sueño-río que lo devolvió al mar claro y sereno de los reencuentros. Su memoria está ahora con todas las memorias que fueron; el mar tiene el color y el latido de esas memorias, y en los largos ocasos del verano se puede oír su voz que nos prepara para entregar la nuestra.


Buenos días, Navidad.


A la mesa, fantasma-compañero, que tenemos que hablar de muchas cosas, compañero...






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18 comentarios:

domi dijo...

joyeux nöel à toi et ta famille !!

La traduction n'est pas nécessaire,car, quand on parle de prévert, le Français n'est plus un mystère pour vous.

Bel M. dijo...

Pues a mí me ha encantado este cuento, Mertxe, esas simultáneas distancias y cercanías con lo que abordas.
Un gran abrazo, con mis mejores deseos, como te he dicho en las Amapolas, pero ahora añado, especialmente para esas noticias que esperas.

Anónimo dijo...

Querida Mertxe.
Sólo mandarte un abrazo y desearte que pases lo mejor que puedas estos días especialmente tristes. Conversar con fantasmas, muchas veces ayuda y tranquiliza...

Te quiero mucho. Soco

Juan Luis Seisdedos dijo...

Un relato precioso, Mertxe. Me ha gustado y emocionado.
Un abrazo

Mertxe dijo...

Bel, Juan Luis y Soco: os abrazo muy fuerte, muy fuerte.

marisa dijo...

Perdona mi tardanza, estoy pachucha y no levanto cabeza, en fin...me ha gustado mucho tu cuento.Desde muy pequeña adoro esa historia de Dickens, que se convirtió en un clásico familiar de la mañana de navidad.lo leíamos mi abuela mi padre y yo y luego si echaban alguna versión la veíamos en la tele.
Las vidas se tejen en torno a esos tres fantasmas, y es cuestión de plantarles cara y aceptar su visita.
Mil besos mi queridísima amiga.Feliz año.

Nómada planetario dijo...

Por mucho ruido que haya, siempre anda algún ser del más allá rondando la mesa navideña.
Ahora a que a menda no le sirvan cordero, manías desde la infancia.
Mi abuelo ya me decía que me iban a dar la medalla de oro del salchichón. ¿Te acuerdas de aquellos tiempos que traían un marchamo metálico en la cuerda?
Felicidades con todos los comensales.

Maria dijo...

Precioso, no hay mejor antídoto.
Un abrazo
Set

Mertxe dijo...

Marisa: Ánimo,que yo también ando con líos de salud. Se me han echado encima en cuanto han visto mi puente levadizo bajado. Pero todo pasará, como decia Matt Monroe, 'más todo pasa, todo pasará'...
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Noma: Ya lo creo que me acuerdo. En cierta ocasión me hice una 'medalla' y me la llevé al cole como protesta por unas notas que no fueron nada justas (jis...).
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Set, mi hermosa barcelonesa...



Abrazos, abrazos para todos. Hasta me abrazo yo, que falta me hace...

francisco aranguren dijo...

Es una Navidad que nunca se olvida. La primera con ese fantasma ahí. Es como una punzada dolorosa. Luego va convirtiéndose -aunque al principio nos parezca imposible- en una presencia dulce. A mí siempre me gustó Cuento de Navidad, sobre todo (aunque suene cursi) por lo que tiene de esperanza en que uno puede cambiar, que el amor puede transformar su vida. Es algo bonito, en lo que deseo creer. Scrooge se lleva tal susto -con la muerte encima- que decide amar, dar lo que tiene para sus empleados, para las personas cercanas a las que ha cerrado hasta entonces su corazón. Y se encuentra con lo que nunca tuvo: ahí estaba la felicidad. Se le da una nueva oportunidad. Eso es la Navidad: desear una nueva oportunidad para el amor en nuestra vida (y sigo tan cursi, pero no me importa). Aprovecho para envarte un fuerte abrazo y mis mejores deseos para el año que viene.

Mertxe dijo...

Una esperanza de cambio... Ojalá cambiemos, los Scrooge y los que no somos Scrooge; al fin y al cabo todos debemos adaptarnos tarde o temprano a la realidad.

Musu bat, Francisco.

Olvido dijo...

Bonito cuento.
"El jarrón da forma al vacío y la música al silencio." o eso decía George Brake.
Te deseo un buen año Mertxe.
Un abrazo

giovanni dijo...

Me gustó como termina y me gustó la cama como "territorio privado". Son siempre esos detalles que me hacen 'plongé' en el leer de un cuento, de una historia porque creo que cuento no es. O sí lo es? (me explico: una bloguera me ha dicho una vez que 'cuento' es historia de fantasía e 'historia' un cuento verdadero)

Mes meilleurs voeux pour vous (para ti)!

giovanni dijo...

Quería decir: 'porque creo que EN ESTE CASO cuento no es'.

Un abrazo y beso de año nuevo

Mertxe dijo...

Olvido, este jarrón te envía otro gran abrazo.

Mertxe dijo...

Ojalá fuera un cuento, Giovanni. Pero no lo es. Es mi realidad ahora, y en estos días tan especiales, tan evocadores, el dolor duele más. O así lo experimento yo. Mi padre falleció el pasado 15 de julio, y aunque todos los días me falta, parece que el jolgorio de estas fiestas acrecienta el silencio de mi casa.

Te deseo un feliz año, Giovanni. Pronto volveré a renudar mis visitas a tu casa, ya voy recuperando mis costumbre, hasta ahora he andado un tanto dispersa.

Un abrazo.

Glo dijo...

Iba a escribir una frase de Nietzsche que a mí me resulta penetrante como la flecha de una ballesta, pero la voy a sustituir por un abrazo fuerte, fuerte.

Mertxe dijo...

Gracias, Glo. Pero el Nietzsche se hubiera recibido muy bien. No sé por qué lo quiero tanto (hay que ver cómo nos ponía a las mujeres... huich...), pero la verdad es que me fascina.

Abracitos, mi Glo.