martes, 6 de octubre de 2009

"Canto nocturno de un pastor errante en Asia"


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¿Qué haces, luna, en el cielo? Di: ¿qué haces,
Oh silenciosa luna?
Cuando anochece naces, los desiertos
Contemplas al pasar, después te escondes.
¿Aún no estás fatigada
De recorrer las sempiternas rutas?
¿Aún no sientes hastío, no te cansas
De ver estas llanuras?
Paréceme a tu vida
La vida del pastor,
Desde el primer albor
Del día va guiando su rebaño;
Ve reses, fuentes, prados;
Y a la noche, rendido ya, reposa,
Y no aspira a otra cosa.
Dime, oh luna, ¿qué espera
Al pastor en la vida?
¿Vivir de qué te sirve? ¿Qué fin tienen
Mi existencia tan breve
Y tu inmortal carrera?


Viejo, canoso, enfermo,
Harapiento, descalzo,
Con gravísima carga en las espaldas,
Por valles y montañas,
Por arenas y rocas y barrancos,
Al viento, en la tormenta, cuando el aire
Abrasa, y cuando hiela,
Corre, suspira, anhela,
Cruza charcos, torrentes,
Cae, se alza y su camino sigue,
Sin tregua y sin consuelo,
Lacerado y sangriento, hasta que llega
Donde tanto pesar encuentra el término: a inmenso, hórrido abismo,
En que, al precipitarse, todo olvida.
¡Oh, virgen luna, igual

Es la vida mortal!

Nace al dolor el hombre,
Y ya es riesgo de muerte el nacimiento.
Prueba pena y tormento
En cuanto llega al mundo, y ya principian
Los padres a enseñarlo
A consolarse de haber nacido.
Cuando creciendo viene,
Su afecto le sostiene, y nunca dejan
Con actos y palabras,
De prepararle el alma
Para sufrir la pena de ser hombre;
Otro oficio más grato
La paternal ternura no concibe,
Mas ¿por qué nace y vive,
Para qué entra en la vida
Quien sólo en ella ha de encontrar dolores?
Si en ella no gozamos
¿Por qué la conservamos?
Tal es, intacta luna,
Nuestra triste fortuna.
Mas tú mortal no eres;
No te inspira mi afán piedad ninguna....

Tú, solitaria, eterna peregrina,
Tan pensativa, siempre, lo que sea
Este vivir terreno,
Esta pena, esta angustia acaso sabes;
Lo que sea el morir, esa suprema
Palidez del semblante,
El adiós a este mundo, el separarnos
De toda dulce y tierna compañía.


Conoces ciertamente
El porqué de las cosas y los frutos
Del día y de la noche,
Del tácito infinito andar del tiempo.
Tú de seguro sabes a qué amores
Ríe la primavera,
Qué procura el estío y qué persigue
Con su nieve el invierno.
Mil cosas tú conoces; mil descubres
Que al sencillo pastor no se le alcanzan.
Cuando muda te miro
Iluminar el llano solitario,
Que en su confín remoto se une al cielo,
Y marcho con mi grey
Y me sigues fielmente en mi camino;
Cuando veo el azul lleno de estrellas,
Pensativo me digo:
“¿Para qué tantas luces?
¿Qué es este aire infinito, esta profunda
Infinita mansión? ¿Qué significa
Este insondable abismo? Y yo, ¿qué soy?”
Meditando así voy: y de este espacio
Magnífico sin límites,
Y de la astral familia innumerable
Y tanta actividad y movimientos,
En las cosas celestes y terrenas,
Que, girando sin tregua,
Tornan siempre a su punto de partida,
La utilidad, el fruto
Adivinar no sé. Mas tú, sin duda,
¡Oh doncella inmortal!, sí lo conoces.
Yo sólo sé y entiendo
Que de este eterno giro,
De mi frágil esencia,
Cualquier otro tendrá goce o provecho,
Mas para mí es amarga la existencia.


¡Oh mi feliz rebaño, qué tranquilo
Reposas, ignorando tu miseria!
¡Cuánta envidia te tengo!
No ya porque de afanes
Casi libre te encuentras,
De fatigas y daños
Y aun de extremo temor te olvidas pronto
Porque jamás te embarga el tedio.
Descansas a la sombra y en la hierba,
Y nada te perturba,
Y en tan plácido estado
Consumes la mayor parte del año.
Y a mí, cuando rendido ya, me siento
A tu lado, me llena el pensamiento
El hastío de todo, que incesante
Me acosa, y más que nunca estoy lejos
De encontrar el descanso,
Aunque yo a nada aspiro
Mi motivo hasta aquí tuve de llanto.
Por qué gozas y cuánto
No sé decir; mas sé que eres dichosa.
Y Yo aún poco disfruto,
Oh mi grey, ni me quejo de esto solo.
Si hablar supieras, yo preguntaría:
Dime ¿por qué yaciendo
Sobre la hierba ocioso
Todo animal descansa
Y el tedio turba mi reposo?


Si yo pudiera en vuelo impetuoso
Remontarme a las nubes
Y contar las estrellas una a una,
O como el trueno errar de cumbre en cumbre,
Sería más feliz, dulce rebaño;
Sería más feliz, cándida luna,
O acaso desvaría
Pensando en otro azar la mente mía.
Quizás acertemos
Diciendo que en cualquier estado y cuna
Nos es funesto el día en que nacemos.


giacomo leopardi



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Y el regalo del amigo:

“Revoca lo que demanda la insensata madurez.
Hazlo ahora que la lluvia ha vuelto.
Reconócete de nuevo en la locura de las estaciones”

El Aviador Capotado



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8 comentarios:

María Socorro Luis dijo...

Todo un largo tratado existencial el poema...
Para leer despacito y reflexionar sobre todas y cada una de las cuestiones que plantea. Interesantísimo y completo.

Muchos besos, querida Mertxe. Soco

Mertxe dijo...

Musu asko, neska.

El Aviador Capotado dijo...

Sé, que no tiene nada que ver con el actual post. Ignoro la causa de la ternura que me ha llevado a escribirte este poemilla después de tanto tiempo fuera de circulación. Será que he vuelto a leerte.

Bueno…acéptalo, aunque no sea bueno, como regalo de reencuentro. Pues, este poemilla simboliza el ramo de tomillo y jara arrancado a los canchales de mi tierra que tan feliz me hubiera hecho darte en mano.

“Revoca lo que demanda la insensata madurez.
Hazlo ahora que la lluvia ha vuelto.
Reconócete de nuevo en la locura de las estaciones”

Quizás, como buen extremeño, los poemas pastoriles aunque estén ubicados en Asia me conmueven.

Un beso

Mertxe dijo...

Te hubiera agradecido este regalo en cualquier momento, pero ahora, ahora mismo, no tienes ni idea de cómo me ha llegado al corazón. Atravieso días de mucha tristeza y desamparo, me muevo en la extrañeza y el vacío, por eso te haré caso e intentaré reconocerme, si no en la locura de las estaciones, al menos entre minuto y minuto.

Un abrazo muy cálido para el Aviador.

Olvido dijo...

Hola Mertxe, aquí llueve, pero me digo, sólo es agua.
Buenas noches, un beso.

Mertxe dijo...

Sólo es agua, sí, sólo eso,

Gabon, Olvido.

hestia dijo...

hola mertxe, hola
quizás el sentimiento que resume mi vida es el desamparo. por eso ni siquiera intento consolarte.
sigo aquí.
encontré una poeta uruguaya, idea vilariño. comparto unas letras suyas.

Tal vez no era pensar, la fórmula, el secreto...

Tal vez no era pensar, la fórmula, el secreto,
sino darse y tomar perdida, ingenuamente,
tal vez pude elegir, o necesariamente,
tenía que pedir sentido a toda cosa.
Tal vez no fue vivir este estar silenciosa
y despiadadamente al borde de la angustia
y este terco sentir debajo de su música
un silencio de muerte, de abismo a cada cosa.
Tal vez debí quedarme en los amores quietos
que podrían llenar mi vida con un nombre
en vez de buscar al evadido del hombre,
despojado, sin alma, ser puro, esqueleto.
Tal vez no era pensar, la fórmula, el secreto.
sino amarse y amar, perdida, ingenuamente.
Tal vez pude subir como una flor ardiente
o tener un profundo destino de semilla
en vez de esta terrible lucidez amarilla
y de este estar de estatua con los ojos vacíos.
Tal vez pude doblar este destino mío
en música inefable. O necesariamente...
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no recuerdo cómo se manejaba ésto, quizás se descoloquen los versos, no sé.

abrazos.ate

Mertxe dijo...

Gracias, Ate. Un abrazo.