miércoles, 30 de septiembre de 2009

Poemas para una despedida

JOSÉ ANTONIO MUÑOZ ROJAS


        Tu oficio, poeta...
                (De Oscuridad adentro)

Para que algo quede de este latir,
para que, si alguien quiere mirarse, pueda;
para calmar quizá alguna sed, y que alguien diga
"a mí me pasó algo semejante".
Los poetas estamos para eso:
para ofrecerles tránsito a los demás,
para que se encaramen sobre nuestros latidos, y que divisen
un poco más allá, en medio
de tanta oscuridad como nos circunda.
A veces nada tiene sentido, ni siquiera
que me des la mano o ese
limón redondo tan bello en la vereda.
A veces lo que tiene sentido no tiene sangre,
ese poco de sangre por la cual se muere.
Todo es ganas de morir de otra manera,
ganas de imitar a los ríos y que la tierra vea
que hay otras aguas y otras penas, y los cielos
contemplen misericordiosamente
nuestras peregrinaciones.
Tu oficio, poeta, es contemplar,
que todo se te escriba dentro; luego,
quizá leer allí mismo, quizá decir a los otros
lo que allí mismo, escrito, tú lees.


        XVII
                (De Objetos perdidos)

Hay palabras que se unen y crean.
Su unión siempre es fecunda. Quien las tenga
de huéspedes en el alma será salvo.
Decirlas es perderlas. Viven dentro.
Sus nombres son Silencio y Soledad.
Y su fruto la paz. A veces nuestra.



        De puntillas ha entrado en mi alma
                (De Entre otros olvidos)

De puntillas ha entrado en mi alma
sin sentirlo, ni si el alma tiene puertas,
aunque he sentido pasos, y calor,
y ese silencio que sucede.
No hay silencio como el de la soledad,
que no es tan fácil como se dice
eso de estar solo (pero eso es otra cosa,
siempre todo es otra cosa). Pero vuelvo
a la soledad que tan bien se lleva,
con ese silencio que se hace
en la soledad, y desvanece las compañías
que no son soledad, y nos hace
andar por dentro, sintiendo las resonancias
del silencio en la soledad, las olas
de la soledad en el silencio.



        Sueño adentro
                (De Rescoldos)

Hoy ya que sólo queda la sombra y el recuerdo,
la sombra de los árboles saliendo entre la brisa
de aquel jardín en donde las horas iban lentas,
como un cielo de noche, sin noche y sin orillas.
Hoy ya que sólo llevo tantos pozos a donde,
si me asomo, contemplo las cosas que me miran,
la mano vieja, el tacto, la estancia grande y clara,
el silencio y la voz cantándome tranquila
mientras me voy perdiendo sueño adentro. En la calle
un silbido, unos pasos, un vuelo. No se olvida
lo que escriben los sueños en la sangre. Revive
por la noche y a veces nos hace por el día
tornar la cara. Llaman. Ay qué sombra tu sombra
en las paredes blancas, tu falda fugitiva
entornando postigos, dejándome embargado
riberas de los sueños, aguas del sueño arriba.
Hoy que todo se hace transparente y tranquilo
como el mar cuando está muy cerca de la orilla,
y latido a latido el corazón devuelve
la ternura hecha sangre que parecía perdida.
Todo torna a lo mismo. ¿No son las sombras sabias
guardando los espejos, donde se vio algún día
aquella cara joven, aquella forma dulce,
aquel calor de ave en la mano? Prendida
de paso y para siempre clavado, para siempre
haciendo aquel instante. En lo hondo, a lo lejos,
¿este cuarto, este instante tus ojos no veían?


.

11 comentarios:

marisa dijo...

¡Qué belleza! nació el mismo año que mi abuela... El ya no está pero nos quedan sus versos.Un besazo Mertxe, guapa

Nómada planetario dijo...

Este casi paisano mío tenía una escritura fluida y sencilla, llegando hasta lo más profundo, sin alharacas, sin anestesia, sin dolor.
Besos por traer este pedazo de poeta, pero sobre todo humanidad.

María Socorro Luis dijo...

Qué hermoso final el de el último poema.

Gracias por traerlos.

Muchos besos. Soco

June dijo...

Estoy emocionada..."tu oficio, poeta, es contemplar que todos se te escriba dentro..." ¡Magnífico!. Gracias Mertxe.

Mertxe dijo...

Buenos días y muchas gracias por estar aquí, leyendo conmigo.

francisco aranguren dijo...

Gracias por estos poemas. El primero voy a comentarlo, para compartir en mi blog lo que me ha sugerido. Un beso.

Mertxe dijo...

Ahí me tendrás, Francisco.

Bel M. dijo...

Había leído muy poco a este poeta. Gracias por traérnoslo, Mertxe. Para mí ha sido todo un descubrimiento.
Un abrazo de tarde de domingo, en calma.

Mertxe dijo...

Yo tampoco lo había frecuentado, pero ahora pienso darle una buena batida.

Ha sido un 'plácido domingo', Bel.

Glo dijo...

No puedo disfrutar la poesía de inmediato como si de una tarta de cumpleaños se tratara. Cuando compro un libro de esa disciplina (ya no puedo permitirme ni ese sencillo lujo) lo pongo en la estantería y lo olvido, hasta que un día se pone en sazón, como un queso, y puedo comenzar a disfrutarlo.

Este autor que propones promete.

Mertxe dijo...

Desde muy pequeñita, mi buen Glo, tuve una pasión: leer. Y presidiendo esa pasión-necesidad, la poesía, no toda, claro, no toda, al fin y al cabo la poesía es otra forma de música y: o se coge a la primera de la cintura de tu sensibilidad, o no se coge jamás. Lepardi está, como algún otro griego que compartimos, entre mis preferidos, no por su arte como arte, sino por lo que me inocula. Y hablando de sazones, yo tengo a mi Ángel González en la despensa, es un queso que espero hayas degustado.

Abracitos desde un otoñalmente risueño Maresme.