miércoles, 10 de junio de 2009

Todas las épocas tienen sus músicas




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En los albores de la mía sonaban, entre otras, estas tres que por razones estrictamente subjetivas llevo incrustadas para siempre en la memoria:
....a) El sobresaltado tema musical de los diarios hablados de Radio Nacional, más conocidos como 'Partes' (reminiscencias militares sin duda), de las dos y media de la tarde y diez de la noche. Hora de comer, hora de cenar. Horas ambas de darse oficialmente con un canto en los dientes si se pensaba que algo de lo que ocurría en el mundo exterior iba a llegar a los oídos de los españolitos que yantaban.
....b) El imperialmente imperioso tema del NO-DO, que hacía de marco magistral para toda la grandilocuencia de las imágenes nacionales que nos embutían. Y no era para menos ya que la inauguración de pantanos, las demostraciones sindicales y demás eventos expresivos de las instituidas adhesiones inquebrantables no tenían parangón en el mundo entero. O eso nos decían.
....c) La Romanza del Concertino para guitarra y orquesta, op. 72, de Salvador Bacarisse. El tío Marcos trajo el disco de París y desde entonces la cocina de mis abuelos ganó mucho. Es difícil expresar con palabras lo que siente una niña en los umbrales de la adolescencia al escuchar cosas como ésta. Me cogió con trece años, en pleno follón hormonal. Con la infancia resistiéndose a retroceder y la mujer acercándose a grandes zancadas, mi almita estaba hecha unos zorros. En medio de semejante jaleo, a mi abuela Florentina no se le ocurría nada mejor que ponerme el disco en cuanto tenía ocasión, y la ocasión solía tener forma de manzanas asadas. Ella me esperaba en el balcón, acechando mi vuelta del colegio camino de la casa de mis padres.  Me llamaba y yo subía al galope sabiendo que me esperaba la fuente repleta de manzanas asadas oliendo a canela. Así era como mi pícara abuela me daba de merendar y de soñar. Así fue como conocí el Concertino. Ahora ha vuelto a ponerse muy de moda la Romanza. Parece ser que las nuevas generaciones han descubierto esta pieza sublime gracias a una emergente cadena de radio y televisión que la ha convertido en tema musical de uno de sus programas. Cuando oigo esta composición, los recuerdos se me amotinan, se me vuelven locos de remate, me gritan, me acosan, me dan una tabarra insoportable hasta que los coloco en la moviola de mi memoria.
....En uno de esos recuerdos solamente estoy yo. Vuelvo del cole a eso de las cinco y cuarto de una luminosa tarde de junio. Mi recorrido es corto, apenas doscientos metros emparedados entre la carretera general y la arteria principal de Rentería, la calle Viteri, la grande, donde está mi casa. Ni un alma se cruza conmigo. Atravieso un paisaje sin más figura que la mía. Las figuras ausentes, más concretamente las figuras de las amas de casa, se han quedado en su casa escuchando la radio con el corazón en vilo. Es la hora del recogimiento espiritual, porque el serial de las cinco exige la misma entregada devoción con que los campesinos de Millet oyen el Ángelus. Ni más ni menos. Yo camino ajena e ignorante a la expectación que reina intramuros. Camino despacito, balanceando distraidamente la cartera mientras mi otra mano revuelve en el bolsillo las cuatro canicas de cristal que me he ganado por hacerle los deberes de aritmética a una niña medio tonta pero con patrimonio bastante para cubrir sus deficiencias intelectuales. No tengo ninguna prisa. Cuando llegue a casa mi madre me empapuzará de leche con galletas y luego, si quiero bajar a jugar al barrio -y querré- antes me empapuzará de deberes. Mi madre no tiene nada de minimalista y se pasa el día empapuzando a la gente. Entonces no lo entendía, pero ahora ya sé que empapuzar a propios y extraños es una manía contraída en tiempos de abundancia por individuos que en tiempos de escasez las pasaron canutas. Mi santa madre se pasaba el día quejándose de que no comíamos lo suficiente, y eso que mi aita comía como un animal y el perro Bobi como cualquier hombre que comiese como un animal. Sólo tenía razón en cuanto a mí, no voy a negarlo, pero tampoco era para armar las que armaba sobrealimentándome en el desayuno, acercándose a la escuela a la hora del recreo para sobrealimentarme con un bollo de nata, sobrealimentándome en la merienda y en la cena, y porque me hacía la profundamente dormida a eso de las once de la noche que, si no, me hubiera sobrealimentado con otro vaso de leche. Dice que estoy escuchimizada y que dónde se ha visto que una hija suya vaya por la vida en los huesos porque sólo come tonterías como chocolate. "Éstos no han pasado una guerra, mucho vicio es lo que tienen, y eso sí que no lo voy a consentir, pues buena es una..." (Escribo al dictado porque la estoy oyendo ahora.) La perorata sigue y, naturalmente, sigue en plural, pero no viene al caso que siga yo, total, tiene montones de estribillos y ninguno de ellos le aporta novedades al tema central. No, no tengo ninguna prisa, la cita con mi excesiva madre puede esperar, así que me demoro cuanto puedo mirando cómo se desliza la sombra de los árboles sobre los adoquines, cómo asoma el morro de una lagartija por las grietas de una fachada y cómo sube y baja mi cartera. La escena se me antoja ahora en blanco y negro quizás porque, andando el tiempo, me enteré de cosas terribles sobre aquella época. Mi memoria ha podido contaminarse de grisuras, y es por eso que se me viste de NO-DO para la ocasión. La memoria tiene razones que la razón no conoce, eso lo aprendí andando el tiempo, y es que andando el tiempo se aprenden cosas importantísimas, todas verdaderas aunque ni una sola sea de fiar precisamente por ese aura de veracidad que las envuelve. Yo me entiendo la tesis.
....Dejo atrás el frontón. Me interno en la entonces Avenida del Generalísimo. Todas las ventanas y balcones, abiertos de par en par, derraman generosamente sobre las calles el melodrama radiado. Todavía no me he enterado de que el melodrama radiado no sólo ocurre a esta hora, el melodrama radiado precede y sucederá a mi recuerdo, a todas horas y en todo tiempo y lugar, porque la propaganda del franquismo es el nuevo rayo que no cesa. La propaganda del franquismo se ha fabricado un fantasma que no se deja ni un centímetro de España por recorrer. La propaganda del franquismo nunca duerme, es el nuevo vigía de occidente y vela por que nuestro pensamiento no se escaquee ni tanto así del Pensamiento Único. La proganda del franquismo abarca todos los géneros desde el BOE a los anuncios de pirulís, siendo el principal la prensa y, de la prensa, su estrella El Diario Hablado de Radio Nacional de España, que es como otro serial pero aquí en serio, así que cuidadito, mucho cuidadito con reírse o llorar, aquí sólo se permiten recias emociones de orgullo patrio y admiración por su Caudillo.
....La Avenida de Navarra es un estruendo que ninguno de los camiones que la atraviesan puede acallar. El aire está plagado de voces educadas en la interpretación, que conversan o monologan, que lloran o gritan o susurran. Nada, salvo el eventual chisporroteo de los aparatos de radio, enturbia la emisión del serial de las cinco. Y entre chisporroteo y chisporroteo, una España de mujeres desgraciadas y hombres malvados hace llorar a las madres, a las hijas, a las nietas, a las primas, tías y demás elenco femenino congregado en torno al receptor. No recuerdo cómo se llamaban los seriales que me acompañaron en esos años de infancia del cole a mi casa, sólo me acuerdo de uno, Ama Rosa. Pero ése me pilló al mismo tiempo que Bacarisse, quizás sea la razón por la que tengo ambos eventos íntimamente asociados.
....He buscado el You-Tube de la Romanza interpretada por Narciso Yepes. Resulta que no permiten su copia, así que me lanzo a la versión con arpa, que tampoco tiene desperdicio. Pocas veces se ha logrado una melodía tan perfecta, tan bella que resulta sublime. Escucharla es situarse fuera del tiempo. Como ocurre con El concierto de Aranjuez todo se detiene, todo es dulce melancolía, suave tristeza, y entonces el espíritu se reclina en sus emociones y sueña.


7 comentarios:

marisa dijo...

¡QUé retrato de aquellos tiempos grises vestidos de seriales y orgullo patrio! Me has dejado sin aliento, estaba allí con esa niña que balanceaba su cartera, y guardaba canicas, y soñaba, y se entretenía con lagartijas, y miraba el mundo sin saber lo que le quedaba por vivir. Ay Mertxe que relato tan nítido, tan cargado de emociones y vivencias.Me ha llegado muy dentro querida.Un abrazo enorme( y otro para esa pequeña que se quedó en una calle de rentería jugando a demorarse)

Mertxe dijo...

jajajaja... Marisa...

María Socorro Luis dijo...

He leído con muchísimo interes tu texto, tan esclarecedor y tan tierno. Esos "episodios nacionales"los desconocía ya que en ese periodo del que hablas, yo, ya pasada la adolescencia, daba clase en un Colegio Incorporado (así se llamaban) de Buenos Aires.


Y yo sin sin ver los No Dos y sin escuchar los discursos del Caudillo...

Debio ser terrible vivir esa dictadura.

Un abrazo muy "borroka", querida Mertxe.

Mertxe dijo...

Para nosotros, los niños, no fue nada terrible, vivíamos en dos lugare a la vez: en el limbo social y en el paraíso de la infancia. Después cambiaron las cosas, y aunque no puede compararse ni de lejos con lo que sufrieron nuestros mayores, lo cierto es que hubo mucha tela.

Un saludito no menos borroka.

Nómada planetario dijo...

Es curioso que ahora, cuando memorizo mogollón de saberes vanos para la facu, me vengan tan nítidos algunos recuerdos de la infancia, de aquella España gris. Por un momento he vuelto a recordar las tardes de trastadas infantiles.
Muy equilibrada la romanza con el relato.
Un abrazo.

Glo dijo...

Aún no he tenido tiempo de leer el texto (paso por aquí como el conejo de Alicia) pero no quiero volver a desaparecer sin indicarte cómo puedes modificar el tamaño del video que has colgado. El texto con el que se inserta el vídeo termina con los caracteres:

"true" width="560" height="340"

Puedes modificar los dos números que aparecen por otros que te resulten mejor.

Un fuerte abrazo.

(Dios mío!, ¡Dios mío!, ¡voy a llegar tarde...!)

Mertxe dijo...

¡Gracias, Glo!

(Nos veremos en la puerta que da al jardín.)