martes, 17 de febrero de 2009

Robert Walser

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.Hace poco, en el blog Las horas y los días, una se dio de manos a boca con este poeta y no lo reconoció. Una creyó, directamente, que jamás se habían saludado. Y resultó que no era cierto. Entonces, una, que va por ahí presumiendo de tener bien abastecida su base de datos, se preocupó mucho. Se preocupó tantísimo que corrió a mirarse al espejo (cosa ésta muy heroica, dado que una tiene muy acendrada la antipatía por esas feroces instantáneas de azogue) para ver si se descubría en el rostro alguna huella, por vaga que fuera, de esa enfermedad que suele comerse a la gente por la cabeza a base de minuciosas dentelladas de olvido. Una constató muy aliviada que seguía teniendo el mismo gesto atento, idéntico color de mejillas y ni un vatio menos en la mirada. Tampoco faltaba aquel aura de ironía, que no era visible en el espejo pero que le caracoleaba por la piel.
....Una se sintió poco menos que Dorian Grey antes de la faena del Basilio Hallward. Afuera como adentro, se dijo muy contenta. (Mircea Eliade hubiera dicho abajo como arriba, pero tampoco era cuestión de ponerse cosmogónicos, con un personaje literario iba que chutaba la situación.) Pero si todo estaba bien, ¿por qué una no se acordaba de nada?
.....Bromas aparte, supongo que me preguntaré durante algún tiempo por las causas de semejante lapsus. Soy un latazo, lo sé. Pero es que no puedo resistirme al buceo psicológico, soy freudiana ergo masoca, soy así y no voy a cambiar. Soy un latazo, lo sé. De momento, seguiré el saludable consejo del anfitrión de Las horas y los días y me leeré Jakob von Günten que, junto con El paseo, he pillado por la red en plan gratis-total.
....Después me dedicaré muy especialmente a sus poemas porque, a estas alturas de mi parrafada, ya intuyo que es el territorio en donde voy a encontrar todas las claves de su sobrecogedora personalidad. Tengo un poema localizado. Un poema que me llega de muy atrás. Parece simple y grácil, infantil, casi idiota diría alguno de sus entregados admiradores. A mí me ha hecho el efecto de una hoja cayendo suavemente del árbol en una tarde de verano... Pero no es verdad. En Walser estas apariencias de ingenuidad no son más que artificios para enmascarar la pavorosa cercanía de la nada, para tapar la ausencia que nos borra, para no mirar al ser que se desvanece. La locura de este hombre lo mantenía fuera del tiempo, sólo la escritura le permitía una cierta gravidez en el mundo real. Walser alcanzó el mismo corazón de Kafka. Lo penetró, lo hizo suyo, dejó en él la impronta de una tristeza extrema ("Je parcours mon chemin/ qui me conduit peu loin,/ me ramène chez moi ;/ puis sans mots ni émoi, me voici éclipsé"), y Kafka ya no pudo prescindir de Walser.
......He leído el poema simplón en voz alta y, de repente, mi voz ha sido fagocitada por otra voz. Mlle. Moulinier, una profesora suiza del Notre-Dame de Donosti me ha robado los versos y después ha vuelto a explicarme que Walser estaba como una cabra, pero que era, a lo mejor por eso mismo, vraiment génial... étonnant... un homme très proche de Verlaine... un malade de la vie... vraiment génial... avec ses jérémiades... bien sûr... mais vraiment génial... bla-bla... et bla-bla... Pues ya está, ya he encontrado mis fuentes de conocimiento. Notre-Dame, finales de los sesenta, la buena de la Moulinier y sus iconos compatriotas alumbrándonos las tardes de aquellos cursillos de literatura francófona.
....Una muestra de su poesía:
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...Tiempo

Estoy acostado, tengo mucho tiempo,
reflexiono, tengo mucho tiempo.
El día es sombrío, tiene tiempo,
más tiempo del que quisiera, tiempo,
tengo con qué medirlo, tiempo, largo tiempo.
La medida crece con el tiempo.
Una sola cosa adelanta al tiempo,
es el deseo, pues ningún tiempo
iguala al tiempo del deseo.







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16 comentarios:

marisa dijo...

No había leído nada de él pero me pondré las pilas y ya te contaré mis impresiones.Besos guapa.

Mertxe dijo...

Nos las contaremos, Marisa, porque ahora mismo me apalanco a la mesa, bien flanqueada por termo de café y taza, y si mi resfriado me deja, aguantaré hasta que me lo lea todo.

Saluditos, neska

Glo dijo...

Como siempre, tu comentario es tan interesante como el texto que nos propones.

Mertxe dijo...

Muchas gracias, Glo.

María Socorro Luis dijo...

Querida Mertxe. He transmitido a Jorge tu "fidelidad".
Te lo agradece.Y me dice que si vienes por Donosti, le gustaría conocerte y charlar contigo. Así que ya sabes, avisa y salimos un día...¿ Hace?
Abrazos. Soco

Por fin, pude enlazarte a mi blog.

Mertxe dijo...

Hola, amiguita donostiarra. Me alegra mucho lo que me dices y te aseguro que cuando vuelva (por mucho que tarde en hacerlo) intentaré asirme de ese hilo que me tiende mi muy admirado Aranguren.

Eskerrik asko, neska.

Bel dijo...

El poema es magnífico (y freudiano, como la autora de la también magnífica entrada). Yo sólo conocía su nombre y ahora deseo intensamente leerlo...gracias, Mertxe por darme unos retazos más de tiempo.
Cuídate mucho mucho ese resfriado.

Mertxe dijo...

Hola, Bel. Estoy terminando el 'Jakob', ayer no me fue posible, ya no tenía ojos... jis... Me gusta que te haya interesado este autor, pero te recomendaría que empezaras con su biografía, a partir de ahí lo entenderás mejor. Era un paseante compulsivo y murió sobre la nieve, tras haber andado y andado hasta el agotamiento. Hay una fotografía terrible que muestra su cadáver tendido boca arriba y sus propias huellas, trágica estela, llevando hasta él. Búscala, ya verás cómo estremece.

Buenas tardes, guapa Bel.

Bel dijo...

Voy a seguir tus sugerencias, Mertxe, y muchas gracias. Quizá Walser con ese caminar compulsivo buscaba más retazos de tiempos. Es tan tan certero el poema.
Buenas noches, querida.

Mertxe dijo...

Te toparás con algo muy especial. Se trata de 'Microgramas', no hace demasiado tiempo descifrado.

Hablaremos, ma belle.

El Aviador Capotado dijo...

“Los hermanos Tanner”, Robert Walser

“Tras una breve pausa en la que el enfermo se lo quedó mirando fijamente, prosiguió:
-Además, no tengo el menor deseo de hacer carrera. Lo que para otros es lo máximo, para mí es lo mínimo. Hacer carrera es algo que, Dios es testigo, no puedo respetar. Me gusta vivir, pero no afanarme en pos de una carrera, cosa que se considera extraordinaria. ¿Qué hay de extraordinario en ello? Espaldas prematuramente encorvadas a fuerza de estar de pie ante escritorios demasiado bajos, manos llenas de arrugas, rostros pálidos, pantalones de trabajo raídos, piernas temblorosas, vientres prominentes, estómagos estropeados, cráneos pelados, ojos cargados de encono, torvos, insípidos, descoloridos, sin brillo, frente extenuadas y la conciencia de haber sido un perfecto idiota cumplidor de sus deberes. ¡Gracias! Prefiero seguir siendo pobre pero sano, renuncia a un casa lujosa a cambio de una habitación barata, aunque dé a la más oscura de las callejuelas, prefiero los apuros económicos al compromiso de tener que elegir dónde debo ir en verano a recomponer mi arruinada salud; cierto es que sólo soy respetado por una persona: yo mismo, pero es alguien cuyo respeto es el que más me importa; soy libre y puedo, cada vez que la necesidad lo exige, vender mi libertad por un tiempo para luego ser nuevamente libre. Vale la pena ser pobre a cambio de la libertad. Tengo que comer, porque poseo el talento de saciarme con muy poco. Me indigno cuando alguien me viene con la palabra “trabajo fijo” y los compromisos que ella supone. Quiero seguir siendo un ser humano. En una palabra: ¡me gusta lo peligroso, lo abisal, lo flotante y no controlable!
-Me cae usted bien –dijo el enfermero.”

Un beso

Mertxe dijo...

Y tú a mí, mi apreciado Aviador. No sabes las veces que suelo darme una vueltecita por tu casa.

Gracias por tu visita y, sobre todo, por tu reaparición.

Nómada planetario dijo...

El deseo aniquila el tiempo, como un ejambre de termitas.
Tal vez por eso dice el Corán que el hombre tiene el reloj, pero Alá tiene el tiempo.
Un abrazo, sin prisas.

Mertxe dijo...

Otro para ti, Nómada.

Olvido dijo...

Hola Mertxe, aparte de los libros ya citados, hace unos pocos meses Siruela ha publicado otra delicia, escrita por Carl Seelig llamada 'Paseos con Robert Walser'
por si te apeteciera ver de que hablaban en sus fríos paseos.
Un gran abrazo

Mertxe dijo...

Por supuesto que me apetece. Ya he cogido carrerilla con Walser, así que continuaré lo que aguante el cuerpo.

Buenas noches, Olvido.