martes, 20 de enero de 2009

Tatiagooo... tatiagooo...

Donostia en fiestas








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Cada año la misma punzada.
    Cada año -¡cuántos ya!- la ausencia se vuelve dolor y se propaga por mi piel penetrándola hasta tomar mi corazón.
    Me siento ante el Mediterráneo y en mis ojos otro mar suplanta su voz y sus azules.
    Otro mar, oscuro mar, salvaje latido que resuena en mi cabeza con la furia de un amante abandonado.
    Cierro los ojos, ahora soy yo del todo y lo contemplo largamente. Recibo su aliento como un áspero beso que me llena de sal los labios, de nostalgia la mirada, de hambre el espíritu.
    Vuelvo. (¿Vuelvo...?) Nunca me fui, él lo sabe muy bien, por eso no hace falta que mis pasos retrocedan, basta con cerrar los ojos y él me esperará en esa sombra diáfana que vive en el umbral de los recuerdos.



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5 comentarios:

marisa dijo...

Ay mertxe, qué bonito lo has dicho, con cuánto sentimiento, casi del desterrado, del que siente su mar y su tierra y nada puede quitarle ese hambre y esa sed. En fin, un abrazo amiga mía que te consuele un poquito...

Bel dijo...

Querida Mertxe:
Hoy una compañera de trabajo, paisana tuya, me ha contado vuestas 24 horas y me ha cantado vuestra canción. Como se estaba emocionando no ha querido terminarla. Me ha impresionado. No sé si yo tendría ese sentido de pertenencia. Y ahora releo tu precioso texto, y no sólo me gusta, sino que lo entiendo más.
Recibe un abrazo más enorme que nunca.

Mertxe dijo...

Siempre me he sentido muy dentro de mis paisajes. Eran la prolongación de mi familia. Pero hasta que no he puesto tierra por medio no he sabido que los quería tanto. Supongo que siempre pasa, ¿verdad?, lo dice Serra: "nada más amado que lo que perdí..."

Gracias a las dos por vuestra visita.

Juan Luis dijo...

Hoy he estado fotografiando en los acantilados entre Hendaya y Sokoa. Todavía comprendo mejor tu nostalgia, tan bellamente expresada. Un beso, Mertxe.

Mertxe dijo...

Gracias, Juan Luis. Dobles gracias porque tus espléndidas fotografías me consuelan mucho.