martes, 30 de diciembre de 2008

La Bohème en paroles


La Bohème


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Je vous parle d'un temps
Que les moins de vingt ans
Ne peuvent pas connaître.
Montmartre, en ce temps-là,
Accrochait ses lilas
Jusque sous nos fenêtres.
Et si l'humble garni
Qui nous servait de nid
Ne payait pas de mine,
C'est là qu'on s'est connu,
Moi, qui criait famine,
Et toi, qui posais nue.
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La bohème, la bohème,
Ça voulait dire on est heureux.
La bohème, la bohème,
Nous ne mangions qu'un jour sur deux.
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Dans les cafés voisins
Nous étions quelques-uns
Qui attendions la gloire
Et bien que miséreux,
Avec le ventre creux,
Nous ne cessions d'y croire.
Et, quand quelque bistro
Contre un bon repas chaud
Nous prenait une toile,
Nous récitions des vers
Groupés autour du poêle,
En oubliant l'hiver.
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La bohème, la bohème,
Ça voulait dire tu es jolie.
La bohème, la bohème,
Et nous avions tous du génie.
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Souvent il m'arrivait
Devant mon chevalet
De passer des nuits blanches,
Retouchant le dessin
De la ligne d'un sein,
Du galbe d'une hanche,
Et ce n'est qu'au matin
Qu'on s'asseyait enfin
Devant un café-crème
Epuisés mais ravis.
Fallait-il que l'on s'aime
Et qu'on aime la vie.
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La bohème, la bohème,
Ça voulait dire on a vingt ans,
La bohème, la bohème,
Et nous vivions de l'air du temps.
Quand, au hasard des jours,
Je m'en vais faire un tour
À mon ancienne adresse,
Je ne reconnais plus
Ni les murs, ni les rues
Qui ont vu ma jeunesse.
En haut d'un escalier
Je cherche l'atelier
Dont plus rien ne subsiste.
Dans son nouveau décor
Montmartre semble triste
Et les lilas sont morts.
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La bohème, la bohème,
On était jeunes, on était fous.
La bohème, la bohème,
Ça ne veut plus rien dire du tout.
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(Une chanson d'Aznavour à réciter)

sábado, 27 de diciembre de 2008

Ramón de Campoamor

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          Quién supiera escribir

Escribidme una carta, señor cura.
-Yá sé para quién es.
-¿Sabéis quién es, porque una noche oscura
nos visteis juntos? - Pues.

-Perdonad; mas... -No extraño ese tropiezo
La noche... la ocasión...
Dadme pluma y papel. Gracias; Empiezo:
Mi querido Ramón:

-Querido?... Pero, en fin, ya lo habéis puesto...
-Si no queréis... -¡Sí, sí!
-Qué triste estoy! ¿No es eso? - Por supuesto
-¡Qué triste estoy sin tí!

Una congoja, al empezar, me viene...
-¿Cómo sabéis mi mal?...
-Para un viejo, una niña siempre tiene
el pecho de cristal.

¿Qué es sin ti el mundo? Un valle de amargura.
¿Y contigo? - Un edén.

-Haced la letra clara, señor cura;
que lo entienda eso bien.

-El beso aquel que de marchar a punto
te dí...
 -¿Cómo sabéis?...

-Cuando se va y se viene y se está junto,
siempre... no os afentéis.

Y si volver tu afecto no procura,
tanto me harás sufrir...

-¿Sufrir y nada mas? No, señor cura,
¡que me voy a morir!

-¿Morir? ¿Sabéis que es ofender al cielo...
-Pues, sí señor ¡morir!
-Yo no pongo morir. - ¡ Qué hombre de hielo!
¡Quién supiera escribir!

II

¡Señor rector, señor rector! en vano
me queréis complacer,
si no encarnan los signos de la mano
todo el sér de mi ser.

Escribidle, por Dios, que el alma mía
ya en mí no quiere estar;
que la pena no me ahoga cada día...
porque puedo llorar.

Que mis labios las rosas de su aliento,
no se saben abrir;
que olvidan de la risa el movimiento
a fuerza de sentir.

Que mis ojos, que el tiene por tan bellos,
cargados con mi afán,
como no tienen quien se mire en ellos,
cerrados siempre están.

Que es, de cuántos tormentos he sufrido,
la ausencia el más atroz;
que es un perpetuo sueño de mi oído
el eco de su voz...

Que siendo por su causa, el alma mía
¡goza tanto en sufrir!...
Dios mío, ¡cuántas cosas le diría
si supiera escribir!...

III

EPILOGO

-Pues señor, ¡bravo amor! Copio y concluyo;
A don Ramón... En fin,
que es inútil saber para esto, arguyo,
ni el griego ni el latín.






domingo, 21 de diciembre de 2008

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....Tarde de junio con muy escasa luz
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La tormenta lejana me ha descendido el cielo
hasta un nivel fraterno;
siento los labios secos, húmeda la memoria,
.......................................................................penetrante
el abombado eco del recuerdo, casi como esa puerta
que golpea la tarde,
que sirve de compás a una naciente angustia desperezada en gris.
Y porque llegas tú me agito y me incorporo
cercano a Henry Rousseau,
........................................... hay un espejo que no quiero mirar, donde reluce
toda mi hipocresía.
Me acerco a la ventana donde tiemblan las hojas dulciamargas de los tilos,
crujientes de belleza
y de malignidad,
y aquí estás,
.................... aquí estás...
apenas me arriesgo a darme vuelta;
resuenan las primeras falanges de la lluvia, me vuelvo a ti,
.............................................................................................. me vuelvo
con un dolor terrible,
y no me dices nada, pero veo
tus pupilas de cobre, y la boca entreabierta y las pequeñas grietas
(diminutas heridas abiertas por mis besos,
por el diente
profanador y cruel),
y el nido de tus pechos que me llama, me cerca, me pide
que recline la cabeza,
la voluntad,
el miedo,
la cabeza apoyada en los calientes frutos de tu carne.
La tormenta descuelga sus pinturas,
rasga el cielo harapiento
y hace girar la médula quejosa de los goznes;
no puedo más y grito: ¡no quiero que te vayas...!
y te rodeo, entera, con mis brazos.
Pero tú no eres nada, solamente vacío;
abro la palma ansiosa, sólo queda
el polvo pegajoso de los desvanes ya deshabitados.
¿Qué me empuja a gritar,
y qué me obliga a resguardarme el rostro entre las manos...?
Un calambre de luz sacude el cielo frío,
suena un reloj,
........................ el Sur,
las lóbregas tarimas.
Y el trueno en una inmensa, poderosa y rugiente carcajada.
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Largo regreso a Ítaca y otros poemas
jorge g. aranguren

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jueves, 18 de diciembre de 2008



          Extremeñas

Señol jues, pasi usté más alanti
y que entrin tos esos.
No le dé a usté ansia,
no le dé a usté mieo...
Si venís antiayel a afligila
sos tumbo a la puerta. ¡Pero ya s'ha muerto!
Embargal, embargal los avíos,
que aquí no hay dinero:
lo he gastao en comía pa ella
y en boticas que no le sirvieron;
y eso que me quea,
porque no me dio tiempo a vendello,
ya me está sobrando,
ya me está jediendo.
Embargal esi sacho de pico,
y esas jocis clavás en el techo,
y esa segureja
y ese cacho e liendro...
¡Jerramientas, que no quedi una!
¿Ya pa qué las quio?
Si tuviá que ganalo pa ella,
¡cualisquiá me quitaba a mí eso!
Pero ya no quio vel esi sacho,
ni esas jocis clavás en el techo,
ni esa segureja
ni esi cacho e liendro...
¡Pero a vel, señol jues: cuidiaíto
si alguno de esos
es osao de tocali a esa cama
ondi ella s'ha muerto:
la camita ondi yo la he querío
cuando dambos estábamos güenos;
la camita ondi yo la he cuidiau,
la camita ondi estuvo su cuerpo
cuatro mesis vivo
y una noche muerto!...
Señor jues: que nenguno sea osao
de tocali a esa cama ni un pelo,
porque aquí lo jinco
delanti usté mesmo.
LLeváisoslo todu,
todu, menus eso,
que esas mantas tienin
suol de su cuerpo...
¡y me güelin, me güelin a ella
ca ves que las güelo!...




josé maría gabriel y galán


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sábado, 13 de diciembre de 2008

VICTOR HUGO

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Lise .
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Yo tenía doce años; dieciséis ella al menos.
Alguien que era mayor cuando yo era pequeño.
Al caer de la tarde, para hablarle a mis anchas,
esperaba el momento en que se iba su madre;
luego, con una silla me acercaba a su silla,
al caer de la tarde, para hablarle a mis anchas.
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¡Cuánta flor la de aquellas primaveras marchitas,
cuánta hoguera sin fuego, cuánta tumba cerrada!
¿Quién se acuerda de aquellos corazones de antaño?
¿Quién se acuerda de rosas florecidas ayer?
Yo sé que ella me amaba. Yo la amaba también.
Fuimos dos niños puros, dos perfumes, dos luces.
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Ángel, hada y princesa la hizo Dios. Dado que era
ya persona mayor, yo le hacía preguntas
de manera incesante por el solo placer
de decirle: ¿Por qué? Y recuerdo que a veces,
temerosa, evitaba mi mirada pletórica
de mis sueños, y entonces se quedaba abstraída.
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Yo quería lucir mi saber infantil,
la pelota, mis juegos y mis ágiles trompos;
me sentía orgulloso de aprender mi latín;
le enseñaba mi Fedro, mi Virgilio, la vida
era un reto, imposible que algo me hiciera daño.
Puesto que era mi padre general, presumía.

Las mujeres también necesitan leer
en la iglesia en latín, deletreando y soñando;
y yo le traducía algún que otro versículo,
inclinándome así sobre su libro abierto.
El domingo, en las vísperas, desplegar su ala blanca
sobre nuestras cabezas yo veía a los ángeles.

De mí siempre decía: ¡Todavía es un niño!
Yo solía llamarla Mademoiselle Lise.
Y a menudo en la iglesia, ante un salmo difícil,
me inclinaba feliz sobre su libro abierto.
Y hasta un día, ¡Dios mío, Tú lo viste!, mis labios
hechos fuego rozaron sus mejillas en flor.

Juveniles amores, que duraron tan poco,
sois el alba de nuestro corazón, hechizad
a aquel niño que fuimos con un éxtasis único.
Y al caer de la tarde, cuando llega el dolor,
consolad nuestras almas, deslumbradas aún,
juveniles amores, que duraron tan poco.
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(Versión de Enrique Uribe White)

viernes, 5 de diciembre de 2008

Poetas griegos de la Generación de los Veinte


Hace unos días, mientras buscaba documentación literaria que diera solidez a mis desmejorados recuerdos sobre los poetas griegos contemporáneos, pasé rápidamente y de puntillas por la denominada Generación de los Veinte. Los recordaba oscuros, estáticos y extáticos; me produjeron 'respeto', por lo que no me permití ir más allá de un fisgoneo superficial. Con todo, leí -soy mujer, cómo resistirse- algunos poemas terribles, bellísimos, estremecedores poemas que me inocularon una mezcla inquietante de sentimientos. Después, ya lo he dicho, graciosa y disimuladamente huí. Hoy por hoy no me conviene la penumbra, no debo acercarme a nada que me oscurezca ese pálido sol que todavía se me enciende cada mañana y que yo agradezco lo mismo que si tuviera los kilowatios que tenía antes. Pero lo cierto es que la sensatez en estos terrenos nunca ha sido mi fuerte, confieso que el peligro me atrae fatalmente. Una es débil frente a sus vicios, siempre caigo, una y otra vez, son irrenunciables y, ya, consustanciales. Nada más terminar mi artículo sobre Seferis me di cuenta de que no tenía más remedio que volver a los poetas de la nostalgia y el pesimismo. En mi cabeza había encallado la tentación, 'un beaux ténébreux' me llamaba irresistiblemente. Me armé de valor e hice toc toc en su puerta. Como es natural, nadie contestó. ¿Existe una invitación más directa para el morbo que el silencio? Entré. Con prevención, con miedo, entré.
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Kostas Karyotakys, alma mater de Seferis y Ritsos... Dicen que fue un poeta menor, pero cuando se alumbra el camino de otros, otros de la talla de los que acabo de citar, ¿qué fundamento tiene semejante catalogación? De Seferis y su generación, que abrieron ventanas y balcones, que levantaron techos para que el viento del Egeo entrara a reanimar a una Grecia postrada, poco menos que difunta, no podía esperarse indiferencia hacia sus apáticos y magníficos predecesores. Ellos mismos tuvieron, en dosis más o menos abundantes, sentimientos de pesimismo y derrota. ¿Cómo escapar de ellos? Seferis tiene una obra que es crónica cruda de un naufragio; en cuanto a Ritsos, ¿no está también enfermo de nostalgia del remoto pasado entre llanto y llanto por su propia historia?
...
La realidad, aquella que les tocó vivir a todos, imponía estas heridas, las cultivó de por vida en aquellos seres cuya cosmovisión era lúcida, práctica y necesariamente emprendedora. Nada es casual en este mundo, a las sombras les sigue la luz hasta que nuevas sombras, hasta que nuevas luces vengan a alternarse. Kariotakis insufló su lírica y su vírica a estos hombres. Kariotakis, poeta maldito de amarga palabra, elegíaco y satírico, marginal hasta extremos impensables supo transmitir la esencia de su arte a sus sucesores de pulso más seguro pero, desde luego, detentadores de la misma inagotable inspiración que revive remotas historias. Y aquí se me enciende una frase de Victor Hugo en Los Miserables. Se refería a 'instituciones envejecidas' y a mí se me ocurre que muy bien pudiera, ampliamente, eso sí, aplicarse a la permanencia de esa Grecia ancestral que todos llevamos en el alma. Se la birlo: "La terquedad que manifiestan en perpetuarse las instituciones envejecidas se parece a la obstinación del perfume rancio que quiere embalsamar nuestros cabellos; a la pretensión del pescado podrido que quiere ocupar un buen lugar en la mesa; a la insistencia de las mantillas del niño que quieren vestir al hombre y a la ternura de los cadáveres que vuelven para abrazar a los vivos". La ternura de los cadáveres que vuelven para abrazar a los vivos es el punto neurálgico de este dolor generacional de todo griego, acrecentado por la larga noche de su diáspora. "Toda realidad me es abominable...", escribe Karyotakys. Todavía no se había suicidado de una manera definitiva  y su voz sonaba como un lúgubre augurio. ¿Augurio? Eran mucho más que eso aquellos versos: eran el anuncio formal, aunque demorado, de su muerte:

.....SUICIDAS IDEALES
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En la entrada dan un giro a la llave,
reabren cada vieja carta guardada,
leen tranquilos y después arrastran graves
por última vez sus pasos por la casa.
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La vida, dicen, fue una tragedia para ellos.
Dios mío, la carcajada horripilante de los hombres,
las lágrimas, el sudor, el anhelo de los cielos,
la solitud de tan vastos y pobres parajes.
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Se quedan frente a la ventana, lejos, mirando
la naturaleza, los árboles, a algún infante,
ven cómo los marmolistas siguen martilleando al sol
que quiere bajar al poniente para siempre.
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Todo terminó. He aquí la nota,
breve, simple, profunda, como corresponde,
de indiferencia llena, de perdón
por aquél que ha de llorarla y de leerla.
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Se miran al espejo. Miran la hora,
se preguntan si es error acaso o locura,
"todo terminó", murmuran ahora
que han de postergarla, seguros en el fondo.
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.Fue, decididamente, una víctima del pesimismo. Rechazó la sociedad, abominó de la realidad, y su temprano final a manos de sí mismo, vino a culminar una vida doliente y desesperada. "¿Qué voluntad divina nos gobierna, / qué trágico destino sujeta el hilo / de los días vacíos que ahora vivimos / como movidos por una antigua y funesta costumbre?", escribía entregado ya a su destino.

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Kostas Uranis tenía la voz tan vencida como la de Kariotakis, igualmente cansada de vivir. En sus poemas hay muchas sombras, mares de melancolía que se agitan en un crepúsuculo constante. Sus críticos dicen de él que contempla la vida como si fuera un naufragio, porque quiere acabar, ansía hundirse en las profundidades de un mar que lo silencie definitivamente:
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Dejen ya de lanzar la señal de peligro,
los aullidos de la histérica sirena detengan
y abandonen el timón en manos de la tormenta:
¡el naufragio más horrible sería el salvarnos!


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Takis Papatsonis está aquejado de otro mal, éste antiguo como la vida, perverso, como la enfermedad que se empeña en condenarnos por un pecado que no nos corresponde:
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Siento que soy un hombre manchado,
de un rico jardín con flores y fuentes
noche y día por fuera de sus Rejas camino
y no veo que se abra la Gran Puerta para entrar.



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He seguido leyendo todo lo que he podido. Aún lo haré, tengo que ahondar en Uranis y Papatsonis, que me han dejado con la miel en los labios... y el miedo puesto.

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miércoles, 3 de diciembre de 2008

Iñaki Uria Mendizabal

Como casi todos los días, Ignacio acostumbraba a jugar una partida de cartas con los amigos. 'Gorria' como le llamaban sus amigos más cercanos, era un hombre del pueblo, al que le gustaba estar con sus amigos, disfrutar de una partida de cartas o cantar en el coro parroquial de Azpeitia.
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Sobre las 13:00 horas, cinco minutos después de abandonar su domicilio, Ignacio ha sido sorprendido por una pareja de terroristas en el parking del conocido restaurante Kiruri, cercano a la Basílica de Loyola, cuando se dirigía a jugar su partida diaria de cartas.
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La empresa de la que Ignacio Uria era propietario, Altuna y Uria, había sido víctima de ataques por parte de la banda terrorista, pero Ignacio, en el momento del asesinato no llevaba escolta, y lo que hasta hoy eran amenazas, se han convertido esta mañana en una nueva víctima.
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En el último comunicado de la banda terrorista, ETA denunciaba la construcción de la 'Y vasca', en la que colaboraba la empresa 'Altuna y Uria', por ser ajena a los intereses de los vascos, según la banda terrorista.
.Ignacio
Ignacio Uría estaba casado y tenía cinco hijos. 'Gorria' que cumplía 71 años el próximo 4 de enero, tenía un carácter afable y divertido, por lo que era muy querido en su pueblo, Azpeitia, que en la actualidad se encuentra gobernado por ANV.
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