sábado, 28 de junio de 2008

André Malraux, primera autobiografía (1967)

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De edad avanzada cuando la Iglesia había concedido, a cambio de una justa retribución, algunas derogaciones a las reglas de la Cuaresma, mi abuelo había protestado airadamente ante su párroco, a quien protegía, en su condición de alcalde de Reichbach [...]: "Pero, señor Alcalde, ¿no es deber de un simple cura inclinarse ante las decisiones romanas? -Iré, pues, a Roma".
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Hizo la peregrinación a pie. Como era presidente de diversas obras pías, consiguió una audiencia pontificia. Se encontró con unos veinte fieles en una sala del Vaticano. No era tímido, pero el Papa era el Papa, y él era cristiano: se arrodillaron todos, pasó el Santo Padre, le besaron la zapatilla y sin más los despidieron..
Una vez cruzado de nuevo el Tíber, mi abuelo, poseído de una santa indignación en la que danzaban la muchedumbre sacrílega de las fuentes, la sombra indiferente en las calles sin aceras, las columnas antiguas y las pastelerías de terciopelo granate, se apresuró a hacer las maletas a puñadas y se marchó con el primer rápido. Ya de vuelta, sus amigos protestantes le creyeron a punto para una conversión.
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-¡No se cambia de religión a mi edad!.

Apartado desde entonces de la Iglesia, aunque no de Cristo, siguió oyendo misa todos los domingos, pero se quedaba fuera del edificio, de pie en medio de las ortigas, en uno de los rincones formados por la unión del crucero con la nave, siguiendo de memoria el oficio, pendiente de escuchar a través de las vidrieras el débil sonido de la campanilla anunciador de la Elevación.
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martes, 17 de junio de 2008

Omar Khayyam

.Fue matemático, astrónomo, filósofo y poeta. Nacido en la ciudad de Nishapur, Persia (c. 1050-1122), durante mucho tiempo desarrolló su ciencia y su arte en medio de los mayores reconocimientos. Era famoso principalmente por sus escritos científicos y filosóficos, en los que se revelaba como un neto discípulo de Avicena (Ibn Sina). Escribió, en árabe, un tratado de álgebra, clasificando las ecuaciones de segundo y tercer grado antes de intentar resolverlas. Asimismo, reformó el calendario persa. Mucho más tarde se impuso su fama poética, ya que sus poemas, terriblemente pesimistas, escépticos, hedonistas y a menudo blasfemos fueron transmitidos discretamente para evitar su censura y represión por parte de las autoridades islámicas.
    El siglo XIX no sólo dio a conocer en Occidente la figura de Omar Khayyam, sino que lo consagró como un gran poeta, ya que en 1859 la adaptación inglesa de sus obras, las Rubaiyat, por Edward Fitzgerald (1809-1883) tuvo un éxito tremendo. Todavía aparecieron otras cinco ediciones más, ya que un inconforme Fitzgerald intentaba aproximarse obsesivamente al espíritu creador de la obra.
    Los poemas del Rubaiyat son, en su forma original, estrofas de dos versos, y cada verso dividido en dos hemistiquios: de ahí que en total sean cuatro (el persa ruba'i es, más o menos, 'cuarteto'). Los versos rimarán entre sí, pero el tercero puede hacerlo o no, depende del autor. Son epigramas, por eso cada cuarteto podría ser, en principio, independiente de los otros. He consultado la página de CVC para comprobar si mi memoria me era aceptablemente fiel en estas cosas y, en efecto, no me ha fallado. Tan sólo me faltaba un dato por demás importante: los contenidos de los cuartetos. Reproduzco la información que aparece en la citada página: "El comienzo cuenta generalmente una anécdota o es descriptivo, mientras que la última línea ofrece una moraleja o una conclusión de carácter filosófico".
    Respecto a las traducciones al castellano que siguieron, parece ser que en 1907 se produjo la primera y fue publicada en Madrid, en la revista Renacimiento, y sin firmar. La segunda tuvo por autor a Carlos Muzio y se produjo en 1914. Por cierto, la tercera, recreación más que traducción, fue producida por Jorge Guillermo Borges (padre de Jorge Luis Borges).
    Unos años después de que Fitzgerald presentara las Rubaiyat, no pocos historiadores empezaron a contestar la autoría de una gran masa de estos poemas. Y por si no fuera bastante, resulta que podríamos enfrentarnos a tantos Khayyam como traductores ha tenido su obra. Pero seamos agradecidos porque, en todo caso, nos queda la gloria de unos epigramas magníficos, inspirados, ¡sí!, por un evidente existencialismo.
    Y por el vino, el vino real o figuradamente empapándolo todo. 
    Algunas muestras en prosa poética:
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1
Puesto que ignoras lo que te reserva el mañana, procura ser feliz hoy. Coge un ánfora de vino, siéntate a la luz de la luna y bebe, mientras te dices que quizás mañana te busque, en vano, el astro de la noche.
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13
Bien sabes que no tienes ningún poder sobre el destino, ¿por qué la incertidumbre del mañana motiva tu ansiedad? Si eres prudente, goza el momento que pasa; lo futuro, ¿qué encerrará?
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17
Supongamos que hayas resuelto el enigma del universo, ¿cuál es tu destino? Supongamos que hayas arrancado a la verdad todos sus velos, ¿cuál es tu destino? Supongamos que hayas vivido feliz cien años, y vayas a vivir aún cien años más, ¿cuál es tu destino?
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19
Todo el mundo quisiera marchar por la senda del conocimiento. Unos la buscan afanosamente; otros dicen haberla encontrado ya. Mas un día una voz clamará: "No hay ruta ni sendero."
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22
Gira la ruleta, indiferente al cálculo de los sabios. Renuncia al esfuerzo vano de contar las estrellas. Medita más bien en esta verdad: habrás de morir, no soñarás más, y los gusanos de la tumba, o los perros vagabundos se disputarán tus despojos.
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25
Cuando hayamos muerto, no habrá ya rosas ni cipreses, ni labios rojos ni vino perfumado; tampoco habrá ni penas ni alegrías, ni auroras ni crepúsculos. El universo se aniquilará, puesto que su realidad depende tan sólo de nuestro pensamiento.
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62
¿Qué es preferible: sentarse en una taberna, y hacer después un examen de conciencia, o prosternarse en una mezquita, con el alma seca? No me interesa saber si existe un Todopoderoso o no, ni lo que pueda hacer conmigo, llegado el caso.

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viernes, 13 de junio de 2008

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Sonreír con la alegre tristeza del olivo,
esperar, no cansarse de esperar la alegría.
Sonriamos, doremos la luz de cada día
en esta alegre y triste vanidad de ser vivo.

Me siento cada día más libre y más cautivo
en toda esta sonrisa tan clara y tan sombría.
Cruzan las tempestades sobre tu boca fría
como sobre la mía que aún es un soplo estivo.

Una sonrisa se alza sobre el abismo: crece
como un abismo trémulo, pero batiente en alas.
Una sonrisa eleva calientemente el vuelo.
Diurna, firme, arriba, no baja, no anochece.
Todo lo desafías, amor: todo lo escalas.
Con sonrisa te fuiste de la tierra y del cielo.

(De POEMAS ÚLTIMOS)
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Son diez los poemas contenidos en Poemas últimos. Se ha querido que conformen un grupo diferenciado y final, porque, a pesar de que algunos de ellos fueron escritos en la época de Cancionero y Romancero de ausencias, se ha visto por su estilo y el corto espacio en que fueron creados que necesitaban de una presentación aparte.

Miguel Hernández fue un compañero de estudios. Quiero decir que siempre lo tuve muy cerquita, perfectamente avecindado con mis libros de texto y, entre rollo y rollo, solía abrirlo al azar. Era mi Perito en lunas, la ventana por la que asomaba la cabeza para respirar, con nocturnidad y necesidad. Junto a él andaba la generación del 27, se llevaban bien aunque muy poco tenían que ver. En todo caso, como acostumbraba a decir Dámaso Alonso, respecto de los del 27 Miguel era "su genial epílogo". Todos me sirvieron bien en aquellos años, pero el oriolano era muy especial, tan entrañable y humano, tan cercano siempre. Era de mi pueblo.



lunes, 9 de junio de 2008

Prévert à jamais


DÉJEUNER DU MATIN
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Il a mis le café
Dans la tasse
Il a mis le lait
Dans la tasse de café
Il a mis le sucre
Dans le café au lait
Avec la petite cuiller
Il a tourné
Il a bu le café au lait
Et il a reposé la tasse
Sans me parler
Il a allumé
Une cigarette
Il a fait des ronds
Avec la fumée
Il a mis les cendres
Dans le cendrier
Sans me parler
Sans me regarder
Il s'est levé
Il a mis
Son chapeau sur sa tête
Il a mis
Son manteau de pluie
Parce qu'il pleuvait
Et il est parti
Sous la pluie
Sans une parole
Sans me regarder
Et moi j'ai pris
Ma tête dans mes mains
Et j'ai pleuré.
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CHANSON
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Quel jour sommes-nous
Nous sommes tous les jours
Mon amie
Nous sommes toute la vie
Mon amour
Nous nous aimons si nous vivons
Nous vivons et nous nous aimons
Et nous ne savons pas ce que c'est que la vie
Et nous ne savons pas ce que c'est que l'amour.
..LE JARDIN
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Des milliers et des milliers d'années
Ne sauraient suffire
Pour dire
La petite seconde d'éternité
Où tu m'as embrassé
Où je t'ai embrassée
Un matin dans la lumière de l'hiver
Au parc Montsouris à Paris
À Paris
Sur la terre
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La terre qui est un astre.
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ALICANTE
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Une orange sur la table
Ta robe sur le tapis
Et toi dans mon lit
Doux présent du présent
Fraîcheur de la nuit
Chaleur de ma vie.
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DIMANCHE
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Entre les rangées d'arbres de l'avenue des Gobelins
Une statue de marbre me conduit par la main
Aujourd'hui c'est dimanche les cinémas sont pleins
Les oiseaux dans les branches regardent les humains
Et la statue m'embrasse mais personne ne nous voit
Sauf un enfant aveugle qui nous montre du doigt.
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LES PARIS STUPIDES
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Un certain Blaise Pascal
............etc... etc...

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miércoles, 4 de junio de 2008

Los evangelios de la ciencia

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La complicada relación entre la ciencia y la religión en una entrevista de Alan Boyle con Ann Druyan, la viuda de Carl Sagan.

Hay toda una nueva inundación de libros sobre la relación entre la ciencia y la religión, y de la misma forma en que los diversos evangelios cristianos apuntaban a audiencias diferentes, lo mismo sucede con ellos. Por un lado, La Creación de E. O. Wilson se dirige a los creyentes, mientras que por otro lado, La ilusión de Dios de Richard Dawkins convoca a los no-creyentes a montar un ataque a gran escala contra la religión.

Quizás el evangelio más difícil de categorizar provenga de alguien que abandonó este enredo mortal hace ya 10 años: el astrónomo Carl Sagan, cuyas conferencias sobre la ciencia y la religión fueron publicadas la semana pasada en un libro titulado Las variedades de la experiencia científica (en inglés: The Varieties of Scientific Experience). Estas charlas fueron dadas originalmente en Glasgow, en 1985, como parte de las Conferencias Gilford sobre la Teología Natural (la misma serie de conferencias que, allá por 1902, dieron origen a Las variedades de la experiencia religiosa de William James). Aunque las observaciones de Sagan tienen ya más de 20 años de antigüedad, tratan con habilidad las actuales controversias acerca del diseño inteligente, de los orígenes cósmicos y del papel de dios en el universo. De hecho, a menudo sus palabras suenan como si hubieran sido dichas hoy:

“Si existiera un dios creador, ¿preferiría él o ella (o cualquiera que sea el pronombre correcto) a un tonto cabeza hueca que lo idolatra mientras no comprende nada? ¿O preferiría acaso que sus seguidores admiraran al universo real en toda su complejidad? Yo sugeriría que, al menos en parte, la ciencia es una adoración informada. Mi creencia más profunda sostiene que si existiera algo así como un dios de tipo tradicional, entonces nuestra curiosidad y nuestra inteligencia provienen de ese dios. Seríamos desagradecidos con esos dones si suprimiéramos nuestra pasión para la exploración del universo y de nosotros mismos. Por otro lado, si tal dios tradicional no existe, entonces nuestra curiosidad y nuestra inteligencia son herramientas esenciales para manejar nuestra supervivencia en un tiempo extremadamente peligroso. En cualquier caso, la empresa del conocimiento es seguramente consistente con la ciencia; también debería serlo con la religión, lo que resultaría esencial para el bienestar de la especie humana”.

Ann Druyan, la viuda y por largo tiempo colaboradora de Sagan, es quien publica sus escritos póstumos, con la importante asistencia científica del astrofísico Steven Soter. Druyan me dijo que no había cambiado ni una sola palabra de las conferencias de Sagan. Más aún: dijo que las actualizaciones han sido confinadas a las ilustraciones y a las notas al pie, incluyendo una en relación con los últimos descubrimientos de la nave Cassini en Titán. Sagan había especulado sobre la posibilidad de que se pudieran descubrir océanos de hidrocarburos en la luna de Saturno, y por algún tiempo pareció que esas expectativas no llegarían a fructificar. Sin embargo, justo antes de que el libro entrara en prensa, los datos de Cassini confirmaron que sobre la superficie de Titán había una multitud de lagos de hidrocarburos. “Obviamente, si se hubiera equivocado, él habría deseado que lo dijéramos, en lugar de pretender lo contrario”, explicó Druyan.

“Pero, al final, resultó que también había acertado en eso”. Desde la muerte de Sagan en Seattle en 1996, después de una batalla de años contra una condición de pre-leucemia, Druyan ha sido la guardiana de la llama de Cosmos. Aunque ha sido honrada con el título de “una de las más notables ateas del mundo”, siempre encontré que sus creencias (y las de Sagan) eran muy difíciles de catalogar. Quizás yo no sea lo suficientemente ortodoxo. Pueden juzgarlo ustedes mismos, sobre la base de estos extractos de nuestra conversación de la semana pa





ENTREVISTA


Boyle: Stephen Jay Gould habló sobre la idea de los “magisterios no superpuestos”; es decir, la idea de que había cosas a las que se dirigía el impulso espiritual y que no eran susceptibles de un análisis científico desapasionado, y que había cosas relacionadas con la investigación científica para las que las religiones tradicionales no estaban equipadas como para juzgarlas. ¿Eso es algo que se viera reflejado en lo que Carl tenía que decir?

Druyan: Carl amaba a Steve, igual que yo. Recuerdo un día tremendamente conmovedor, durante el último mes de vida de Carl, cuando fuimos a visitar a Steve a Nueva York y yo dejé solos a los dos hombres durante la tarde... Cuando regresé por Carl, lo encontré radiante. Mientras caminábamos hacia la puerta, pregunté: “¿De qué estuvísteis hablando?”. Carl respondió: “Del amor”. Y me sonrió. De modo que mi respeto hacia Steve, como científico, como ciudadano y como educador, es enorme.

Sin embargo, estoy en completo desacuerdo con la noción de los dos magisterios, y creo que Carl también lo estaría. Porque hace surgir algunas preguntas. ¿Está bien estudiar científicamente las religiones aztecas o babilónicas? ¿Existen únicamente dos magisterios, cuando sucede que la religión en cuestión tiene un montón de devotos vivos? ¿Por qué debería cambiar mágicamente en el caso de que toda la gente que se suscribe a esa religión ya no exista? Ese es el problema con esta idea de “los dos magisterios”. Si miramos hacia atrás en la historia de la ciencia, hasta Copérnico no había necesidad de los dos magisterios. Quizás Giordano Bruno sea la excepción que confirma la regla. Pero prácticamente todos los científicos tenían una profunda fe religiosa en el sentido convencional. Y si se observa a las más grandes figuras de la historia de la ciencia, todos ellos tenían una religión, ya fuera como trabajo o como actividad subsidiaria, tal como Copérnico. Incluso, mucho después, el joven Darwin iba a ser un religioso anglicano... Si se mira a Isaac Newton, era un religioso apasionado, lo mismo que Kepler. Deseaban utilizar la ciencia para leer la mente de dios. Usaban a la ciencia porque era el medio más poderoso a su disposición para continuar esa búsqueda sagrada.

Únicamente fue necesario construir un muro alrededor de la religión después de la moderna revolución científica, cuando apareció este conflicto obvio entre la visión tradicional de la creación y una Biblia que habla sobre “el” mundo, aparentemente ignorando el hecho de que la Vía Láctea contiene cuatrocientos mil millones de Soles, cada uno de ellos con su séquito de planetas y lunas. Hablar de “el” mundo suena como si se estuviera atado a la Tierra, y muy confinados al conocimiento del universo que se tenía hace miles de años.

Es únicamente cuando la versión religiosa de la realidad natural se hace insostenible que la gente religiosa dice: “No miren la religión desde una perspectiva científica”. Y sin embargo, es casi como si se prefiriera una ficción consensuada a la comprensión más profunda de la que somos capaces. Si realmente se tuviera tal sensación de sobrecogimiento, y humildad, y admiración y maravilla sobre la grandeza de la naturaleza y del cosmos, entonces se desearía conocerlo tan íntimamente como se pudiera. No es como si hubiera una voz interior que nos estuviera diciendo: “Aparten sus ojos. Es posible que se demuestre que nuestros conceptos originales están equivocados”.

Creo que esa es la tragedia que Carl y yo observamos hace 15 ó 20 años. Cuando la ciencia comenzó a entregar estas revelaciones sobre la verdadera grandeza del cosmos, que es mucho más grandioso de lo que nadie imaginara, las autoridades religiosas no dijeron: “¡Esto es extraordinario! ¿No hay un único mundo? ¿Nos están diciendo que hay miles y miles de millones de mundos? ¡Vaya, es fantástico!”. No. En cambio sí dijeron: “Queremos que todo siga siendo local. Queremos seguir manteniendo esta concepción local, porque deseamos que las cosas sigan siendo pequeñas”.

Creo que hay un único magisterio, y que esa es la grandeza de la naturaleza. Y si no comenzamos a sentir profundamente estas revelaciones de la ciencia, de la misma forma en que sentimos profundamente las diversas ideologías religiosas, entonces tendremos grandes problemas...

Boyle: ¿Qué clase de problemas?

Druyan: Un ejemplo, por supuesto, es que la ciencia hizo posible que enviáramos emisarios robóticos para alcanzar la órbita de Neptuno y, desde allí, mirar hacia atrás, hacia la Tierra, verla como ese diminuto “punto azul pálido”, tal como dijo Carl, en lugar de verla como el centro del universo. Ahora bien, cuando se observa esa Tierra de un píxel, la primera cosa en la que se piensa es en la unidad de todos sobre ella... y en la tragedia de los ríos de sangre que derramamos a causa de esas divisiones imaginarias entre nosotros y nuestros hermanos y hermanas. Es una vana ilusión.

Tenemos que llevar ese pálido punto azul hasta nuestros corazones y comprender que los peces en el océano, y que el aire y el agua dulce y todas las cosas hermosas de este mundo están en peligro, que todo depende de nosotros. Nadie nos salvará excepto nosotros mismos. Depende de nosotros despertar de nuestro estupor y entrar en acción. Esta es una revelación de la ciencia, y es algo que debemos comprender con nuestros corazones. No saberlo simplemente en forma intelectual: “¡Oh, la Tierra es realmente diminuta!”, sino saberlo visceralmente, y mantenerlo, como dice la Biblia, “como frontales entre tus ojos” (N.T.: Deuteronomio, 6:6-8).

Boyle: ¿Frontales?

Druyan: Frontales, sea lo que sean...: “Y hablarás de estas cosas andando por el camino, y al despertarte”. Hay tantas cosas hermosas en nuestras religiones tradicionales que necesitamos recordar; pero, desafortunadamente, estamos viviendo un momento en que la violencia desatada y la brutalidad están siendo perpetradas en el nombre de algunas de las cosas de la Biblia que realmente no han podido superar la prueba del tiempo.

Boyle: Resulta interesante el que Carl estuviera bastante familiarizado con las tradiciones religiosas y que realmente sintiera, como creo que siente usted, que algunas de esas formas de pensar sobre nuestro mundo se mantengan y que, al propio tiempo, deban ser re-interpretadas bajo una nueva luz. Como usted dice, quizás a veces nuestro mundo sea demasiado pequeño.

Druyan: Nuestra visión de dios es demasiado pequeña. Lo vemos como una fuerza punitiva. El creador de todas las galaxias y de todas las partes del universo que todavía no hemos sido capaces de comprender… La idea de que dios está preocupado por lo que comemos en ciertos días, y con quien dormimos… Tenemos que dejar de lado todo eso. La evidencia sobre esas cosas no existe.

Boyle: Estoy intentando digerir todo esto, y tiene que ver con la variedad de concepciones de dios, el “viejo” que Einstein tenía en mente, quizás la suma de todas las leyes de la naturaleza, o un arquitecto impersonal del universo, la visión deísta, o un dios que es imanente…

Druyan: Un dios interventor…

Boyle: Exactamente, la visión deísta. ¿Dónde encajarían las ideas de Carl en ese espectro? En algún sentido, él era agnóstico, y en otro sentido ateo, y en otro deísta…

Druyan: Bien, sí, era una persona complicada, capaz del más profundo sentido del sentimiento y de la comprensión espiritual. Pero había en él una clase de devoción. Sentía que dios era tan importante, que la idea de dios era tan infinitamente fascinante… Era un tema favorito de conversación entre nosotros. Hablábamos sobre ello continuamente. Era tan importante que debía ser verdad. En otras palabras, no podría uno satisfacerse con un dios que fuera apenas un Valium para los miedos, porque sería algo deshonorable. El dios que solamente hace que se tenga menos miedo de la oscuridad es apenas una simple muleta.

De modo que la idea es utilizar todo lo que tenga en la búsqueda de dios. Pero hay que ser muy cuidadosos de no mentirnos a nosotros mismos, porque eso sería únicamente un narcisismo espiritual. El decía: “Seamos tan rigurosos, y tan cuidadosos, y tengamos una visión tan clara de que lo que encontremos será realmente precioso, porque será el resultado de nuestra búsqueda más escéptica y rigurosa”. Para él, la aceptación del dios de Espinosa, del dios de Einstein, la suma total de las leyes físicas del universo… ¿quién podría estar en contra de eso? Porque la naturaleza sí tiene leyes físicas que son cognoscibles. Pero el dios interventor que desea castigar, que desea torturar, que desea arrojar su venganza sobre los seres humanos que él es supuestamente responsable de crear… Este concepto era, para Carl, sencillamente insostenible. Y eso está relacionado de una forma muy interesante con la noción de los extraterrestres.
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Boyle: Esa era la siguiente pregunta que tenía en mente, porque el libro dedica mucha atención a la inteligencia extraterrestre, la idea de la vida en otras partes del universo.

Druyan: Porque Carl pensaba que era parte de la misma cuestión. Aunque estaba interesado en la búsqueda de esa forma, y eso era una pasión de toda la vida para él, en su favor hay que decir que no se permitía aceptar simplemente la respuesta que deseaba. Tenía que ser verdad. Así que, para mi tristeza, murió sin siquiera sentir que había descubierto una evidencia creíble de la vida extraterrestre. Sabía que la cuestión estaba abierta, pero era muy firme y circunspecto en no permitirse creer algo que él deseaba creer.

Boyle: ¿Hay alguna sensación de que descubrir vida en otras partes abocaría en algo así como una “verdad básica” sobre la forma en que funciona el universo? Algunas personas podrían argumentar que se puede empezar a triangular para conseguir más de una perspectiva sobre estas cuestiones cósmicas... Quizás esa fuera la razón por la cual la inteligencia extraterrestre era algo tan importante para Carl.

Druyan: Sí, porque vivimos rodeados por el misterio. Sabemos tan poco... Somos tan ignorantes... Únicamente hemos estado realizando una inspección sistemática de la naturaleza a lo largo de apenas 400 años. De modo que, por supuesto, conocemos muy poco. Y eso nos lleva otra vez a la cuestión de dios.

Si la mayor parte del universo es completamente desconocida para nosotros, entonces ¿cómo podemos presumir de saber cómo surgió la naturaleza, y si hay o no alguna clase de inteligencia guiando la creación? No vemos ninguna evidencia de ello. Y nuestro deseo de creer es muy parecido a una proyección transparente del hecho de que somos mamíferos, y de que tenemos una niñez prolongada, y de que, como humanos, somos muy dependientes de nuestros padres. Resulta difícil que ese modelo parental de existencia no se proyecte sobre todas las otras cosas. Pero... ¿quién sabe?

Ya que buena parte de la poca ciencia que conocemos ha resultado ser contra-intuitiva, es una locura que presumamos, y mucho menos que asesinemos a otra persona, por creer que conocemos la respuesta.

Traducido para Astroseti.org porHeber Rizzo Baladán



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Hace un par de años leí este artículo de Alan Boyle, que me dejó doblemente fascinada. Primero, por la personalidad de Ann Druyan. Después, porque su pensamiento coincide absolutamente con el mío. Siempre he sido una seguidora de su marido, Carl Sagan, pero nunca la había oído a ella.



domingo, 1 de junio de 2008






      Devociones para ocasiones emergentes

¿Quién no echa una mirada al sol cuando atardece?
¿Quién quita sus ojos del cometa cuando estalla?
¿Quién no presta oídos a una campana
cuando por algún hecho tañe?
¿Quién puede desoír esa campana cuya música lo traslada
fuera de este mundo?
Ningún hombre es una isla entera por sí mismo.
Cada hombre es una pieza del continente, una parte del todo.
Si el mar se lleva una porción de tierra,
toda Europa queda disminuida,
como si fuera un promontorio;
o la casa de uno de tus amigos; o la tuya propia.
Ninguna persona es una isla;
la muerte de cualquiera me afecta,
porque me encuentro unido a toda la humanidad;
por eso, nunca preguntes por quién doblan las campanas:
doblan por ti.

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