miércoles, 23 de abril de 2008

El sentimiento de soledad, nostalgia de un cuerpo

...del que fuimos arrancados, es nostalgia de espacio. Según la concepción muy antigua y que se encuentra en casi todos los pueblos, ese espacio no es otro que el centro del mundo, el 'ombligo' del universo. A veces el paso se identifica con ese sitio y ambos con el lugar de origen, mítico o real, del grupo. Entre los aztecas, los muertos regresaban al Mictlán, lugar situado al norte, de donde habían emigrado. Casi todos los ritos de fundación, de ciudades o de mansiones, aluden a la búsqueda de ese centro sagrado del que fuimos expulsados. Los grandes santuarios -Roma, Jerusalén, La Meca- se encuentran en el centro del mundo o lo simbolizan y prefiguran. Las peregrinaciones a esos santuarios son repeticiones rituales de las que cada pueblo ha hecho en un pasado mítico, antes de establecerse en la tierra prometida. La costumbre de dar una vuelta a la casa o a la ciudad, antes de atravesar sus puertas, tiene el mismo origen.

El mito del Laberinto se inserta en este grupo de creencias. Varias nociones afines han contribuido a hacer del Laberinto uno de los símbolos míticos más fecundos y significativos: la existencia, en el centro del recinto sagrado, de un talismán o de un objeto cualquiera, capaz de devolver la salud o la libertad al pueblo; la presencia de un héroe o de un santo, quien tras la penitencia y los ritos de expiación, que casi siempre entra en un periodo de aislamiento, penetra en el laberinto o palacio encantado; el regreso, ya para fundar la Ciudad, ya para salvarla o redimirla. Si en el mito de Perseo los elementos místicos apenas son visibles, en el del Santo Grial el ascetismo y la mística se alían: el pecado, que produce la esterilidad en la tierra y en el cuerpo mismo de los súbditos del Rey Pescador; los ritos de purificación; el combate espiritual; y, finalmente, la gracia, esto es, la comunión.


El Laberinto de la soledad

OCTAVIO PAZ




viernes, 18 de abril de 2008

La bruma es densa en mi memoria cuando pienso en aquellos fines de semana de los 70. Poníamos la muga por medio para escapar de no sé qué cosas terribles, nunca llegué a saberlo con seguridad. Y a lo mejor no lo fueron en absoluto, a lo peor es una manía que nos daba, para hacernos los importantes, los misteriosos, los atormentados... Qué sé yo... ¡Éramos tan insultantemente jóvenes! Pero lo que recuerdo con absoluta nitidez es aquel sábado. Después de cenar nos metimos en una disco del centro de Biarritz. Mucho ruido, mucha gente, algún que otro 'exiliado', más exiliado que nosotros puesto que era residente. De pronto fue como si hubieran pasado no uno sino trescientos mil ángeles. Todo se detuvo. Todo quedó en silencio. Las luces bajaron, se hicieron terrestres. El suelo quedó sembrado de temblorosos lunares azules y malvas. Los cuerpos que un momento antes se descoyuntaban por libre se unieron, tácita, religiosamente. Uno más uno fueron un compacto uno al borde de la baldosa, sobraban centímetros, nos sobraba todo lo que no fuera Hervé Vilard llenando el aire con aquella canción. Todavía me pone la carne de gallina cuando la escucho. Todavía siento aquellos brazos encerrando mi cintura...

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.Ce n'est qu'un lourd instant de crise... Qui revient... Un grand amour meurt à Venise... Et c'est le mien... Il doit faire très beau dans la vie de celles qui m'ont aimé... Le jour se lève et moi je rêve de m'évader... // Rêveries... Vous m'avez fait aimer à la folie... Dans les bars de Paris ou dans les ports... Parfois j'ai cru que c'était pour la vie... Rêveries...Combien d'avions j'ai pris et de bateaux... Pour des amours qui sont tombées à l'eau... Venise, tu n'auras jamais ma mort... // J'aurai moins le cafard dès que sera parti... De ma mémoire cet adagio d'Albinoni... Si pour une fois un de mes rêves se réalisait... Que par miracle ma gondole s'envolait.... // Rêveries... Vous m'avez fait aimer à la folie... Et pendant que se débattaient nos corps... Parfois j'ai cru que c'était pour la vie... // Rêveries... Combien d'avions j'ai pris et de bateaux... Pour des amours qui sont tombées à l'eau... Venise, tu n'auras jamais ma mort... // Rêveries... Faites un effort, allez!... Promettez-moi... Quand je ferai l'amour pour la dernière fois... De m'endormir près d'une femme en or...

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    Nunca como entonces quise tanto a mis amigos y a los extraños que se mecían en la oscuridad con la levedad de las mariposas en un recién estrenado aire de primavera. Encore...! Encore...! gritamos todos cuando los últimos compases se fueron apagando. Que si quieres. No la pusieron en toda la noche, mejor dicho en toda la madrugada, así que tuvimos que cantárnosla (o algo así) en el coche. Ahora la tengo recién bajadita con el Ares, me la he puesto hace un rato para terminar un trabajo que me está costando mucho terminar. El Hervé sigue pareciéndome tan bueno hoy como en aquellos días en que me hice su entregada fan. Y con razón, ¿eh?, que este señor tiene canciones que han roto moldes.


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martes, 15 de abril de 2008

Gabriel y Amparitxu


En octubre de 1946 (el 8 de octubre, fecha importante para mí) conocí a Amparitxu Gastón. Nos entendimos enseguida; nos quisimos muy pronto; y esto fue para mí la resurrección. Salía, con su ayuda y su apoyo, del mundo elucubrante de TENTATIVAS a la difícil y sabrosa realidad. Y así, sin pensarlo demasiado, decidimos fundar una colección de poesía: NORTE. Y montamos una pequeña oficina en un rincón de la Parte Vieja donostiarra: Juan de Bilbao, 4, 3º. NORTE, según pensábamos Amparitxu y yo en aquel momento, debía ser un puente tendido por encima de la "poesía oficial" hacia los entonces olvidados poetas del 27, hacia la España peregrina, y hacia la poesía europea de la que el autarquismo cultural, y la dificultad de hacerse con libros extranjeros, nos tenía separados desde el fin de nuestra guerra. Por eso publicamos, entre los extranjeros, a Rilke, Rimbaud, Blake, Eluard, Lanza del Vasto, Sereni, Mario Luzi, etc. Y entre los españoles, a Leopoldo de Luis, Labordeta, Cela, Cremer, Bleiberg, Ricardo Molina y otros. Lo que nosotros queríamos era romper un cerco: El estúpido cerco de la "poesía oficial". Y si después, con las visitas de Virgilio Garrote, Jorge Semprún, Eugenio de Nora y Blas de Otero, fuimos convirtiéndonos en uno de los primeros nidos de la "poesía social" fue porque el desarrollo de nuestra poesía así lo demandaba.



Historia de mis libros
GABRIEL CELAYA






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Libros publicados en la colección Cuadernos de poesía Norte:

Movimientos elementales; Gabriel Celaya, San Sebastián, 1947.
Cincuenta poemas franceses; Rainer María Rilke, San Sebastián, 1947.
La soledad cerrada, Rafael Múgica; San Sebastián, 1947.
El libro de Urizen, William Blake; San Sebastián, 1947.
Tranquilamente hablando, Juan de Leceta; San Sebastián, 1947.
Huésped de un tiempo sombrío; Leopoldo de Luis, San Sebastián, 1948.
Una temporada en el infierno; Jean Arthur Rimbaud, San Sebastián, 1948.
Tres poemas, Ricardo Molina; San Sebastián, 1948.
La mutua primavera; Germán Bleiberg, San Sebastián, 1948.
La cifra de las cosas, Lanza del Vasto; San Sebastián, 1948.
Cancionero de la Alcarria; Camilo José Cela, San Sebastián, 1948.
La espada y la pared; Victoriano Crémer, San Sebastián, 1949.
El año cero; Jesús Delgado, San Sebastián, 1950.
Transeunte central; Miguel Labordeta, San Sebastián, 1950.
Danza macabra, danza milagrosa; Juan Guerrero Zamora, San Sebastián, 1951.
¡Aglaé!: poemas de salvación (1946-1950); Antonio Milla Ruiz, San Sebastián, 1952.
Poemas; Mario Luzi y Vittorio Sereni, San Sebastián, 1955.