domingo, 23 de marzo de 2008

Pesimismo, sensibilidad y perfección de la forma



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El Infinito

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Siempre caro me fue este yermo monte
Y ese obstáculo, que de esta parte
Del último horizonte la vista excluye.
Mas sentado y mirando interminables
Espacios tras él, y sobrehumanos
Silencios, y profundísima quietud
Mi mente imagina; tanto que por poco
mi corazón se asusta. Y como el viento
oigo susurrar entre las plantas, yo aquel
Infinito silencio a esta voz
Voy comparando: y me acuerdo de lo eterno,
Y las muertas estaciones, la presente
viva, y su sonido. Así en esta
Inmensidad mi pensamiento se hunde:
Y el naufragio me es dulce en este mar.



giacomo leopardi


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martes, 18 de marzo de 2008

Cesare Pavese, el exiliado de la vida


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Vendrá la muerte y tendrá tus ojos
esta muerte que nos acompaña
desde el alba a la noche, insomne,
sorda, como un viejo remordimiento
o un absurdo defecto. Tus ojos
serán una palabra inútil,
un grito callado, un silencio.
Así los ves cada mañana
cuando sola te inclinas
ante el espejo. Oh, amada esperanza,
aquel día sabremos, también,
que eres la vida y eres la nada.
Para todos tiene la muerte una mirada.
Vendrá la muerte y tendrá tus ojos.
Será como dejar un vicio,
como ver en el espejo
asomar un rostro muerto,
como escuchar un labio ya cerrado.
Mudos, descenderemos al abismo.
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[...]




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Empiezo por el final de mis lecturas. Por el terrible poema que el mundo conoció en 1951, justo un año después de su muerte y que por alguna razón, que en estos momentos no tengo muy clara, me ha parecido que debía acompañar la imagen del escritor.

Ahora que empiezan a pesarme los días que transcurren lejos de mis raíces, ahora, ahora mismo, mientras está cayendo la tarde y a los toldos de la casa de enfrente los solivianta el aire que entra del mar, pienso en todos los exilios que padece la humanidad. El primero, cuando nace. Los demás, a medida que sigue naciendo a otras edades. Hay una estela misteriosa entre un espacio imposible de situar en el cosmos, ¡qué inútil sería siquiera intentarlo!, y la criatura que de él llega y pasa y se diluye en el tráfago del tiempo... para regresar a su misterio. Todo ocurre en un abrir y cerrar de ojos. En su doble sentido. Doble sentido les encuentro a las sombras de mi cuarto, a las que crecen tras el ventanal, a esa sombra profunda que es el mar. La oscuridad se ampara en esta hora de las cosas y no puedo por menos que mirarme las manos que también son sombras revoloteando sobre la sombra del teclado.

¿Por qué tanta oscuridad?

Sin duda alguna porque Cesare Pavese.

Ayer abrí su diario, su biblia, El oficio de vivir, y esto siempre trae consecuencias. No es posible sustraerse a la tragedia de la desubicación, al dolor de saberse distinto, a la angustia de no pesar en el camino. Llevo una temporada muy sensible, muy en carne viva por causa de mi exilio particular y no me sirve repetir mil veces por minuto que es un exilio geográfico, nada más que kilómetros, que en cualquier momento podría romperlo, regresar, volver a ser donde fui. Ser aquélla. ¡Qué ingenua! Los exilios, sean cuales fueren, siempre convocan al otro, al que traemos al hombro desde el instante en que somos concebidos. Son como ese viento que sigue ensañándose con los toldos. Los toldos y el viento son entidades diferentes, pero para el caso es lo mismo, quiero decir que nuestro exilio (he leído por ahí que lo definían como antropológico) siempre está ojo avizor y en cuanto se le presenta la oportunidad sale al exterior a atizarnos en donde pueda. El viento de Cesare Pavese era huracanado, demoledor. Y se lo llevó por delante. El nuestro es más liviano, pero es ése mismo.

Las sombras se han unido. Hace un buen rato que todas están dentro de la noche. Se acabó su individualidad, ahora forman un ente compacto y sin perfiles. La oscuridad ya no tiene más fisuras que las que le infiere la luz de las farolas en la calle.

Dejo estas otras luces, que lo son, si bien de otra manera. Las recojo de ENFOCARTE, una de las mejores revistas literarias y de arte que conozco:


[...]

          29 de setiembre

Deberé dejar de jactarme de que soy incapaz de sentimientos comunes (placer de la fiesta, alegría de la muchedumbre, afectos familiares, etc.). Soy incapaz, en cambio, de sentimientos excepcionales (la soledad y el dominio) y si no tengo mucho éxito con los comunes es porque una ingenua pretensión a los otros me ha corroído el sistema de reflejos, que tenía normalísimo.En general uno se contenta con ser incapaz de los comunes, y se cree que eso significa «ser capaz de los otros». Análogamente, se puede ser incapaz de escribir una tontería e incapaz de escribir una cosa genial. Una incapacidad no postula la otra capacidad, y viceversa. Se odia lo que se teme, es decir, lo que se puede ser, lo que se siente ser en parte. Nos odiamos a nosotros mismos. Las cualidades más interesantes y fértiles de cada uno son esas que cada uno odia más en sí y en los otros. Porque en el «odio» está todo: amor, envidia, ignorancia, misterio y ansia de conocer y poseer. El odio hace sufrir. Vencer el odio es dar un paso hacia el conocimiento y dominio de sí, es « justificarse» y por lo tanto dejar de sufrir.....Sufrir es siempre culpa nuestra.

          30 de octubre

El dolor no es en modo alguno un privilegio, un signo de nobleza, un recuerdo de Dios. El dolor es una cosa bestial y feroz, trivial y gratuita, natural como el aire. Es impalpable, escapa a toda captura y a toda lucha; vive en el tiempo, es lo mismo que el tiempo; si tiene sobresaltos y gritos, los tiene sólo para dejar más indefenso a quien sufre, en los instantes sucesivos, en los largos instantes en los que se vuelve a saborear el desgarramiento pasado y se espera el siguiente. Estos sobresaltos no son el dolor propiamente dicho, son instantes de vitalidad inventados por los nervios para hacer sentir la duración del dolor verdadero, la duración tediosa, exasperante, infinita del tiempo-dolor. Quien sufre está siempre en situación de espera -espera del sobresalto y espera del nuevo sobresalto. Llega un momento en que se prefiere la crisis del grito a su espera. Llega un momento en que se grita sin necesidad, con tal de romper la corriente del tiempo, con tal de sentir que ocurre algo, que la duración eterna del dolor bestial se ha interrumpido por un instante -aunque sea para intensificarse.

A veces nos asalta la sospecha de que la muerte -el infierno- seguirá consistiendo en el fluir de un dolor sin sobresaltos, sin voz, sin instantes, todo él tiempo y todo él eternidad, incesante como el fluir de la sangre en un cuerpo que ya no morirá.

¡La fuerza de la indiferencia! -es la que permitió a las piedras perdurar inmutables durante millones de años.





viernes, 7 de marzo de 2008

El tiempo y Borges


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Se ha dicho que si el tiempo es infinito, el número infinito de vidas hacia el pasado es una contradicción. Si el número es infinito, ¿cómo una cosa infinita puede llegar hasta ahora? Pensamos que si un tiempo es infinito, creo yo, ese tiempo infinito tiene que abarcar todos los presentes y, en todos los presentes, ¿por qué no este presente, en Belgrano, en la Universidad de Belgrano, ustedes conmigo, juntos? ¿Por qué no ese tiempo también? Si el tiempo es infinito, en cualquier instante estamos en el centro del tiempo.


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Tomado de Borges oral, Barcelona, Bruguera, 1983, pág. 38.
 
 
 
 
 
 
 
 
 
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Hace unos días hablábamos de Nietzsche que es lo mismo que hablar del tiempo. Con Ángel González también hemos hablado del tiempo. Hablaremos del tiempo con una infinidad de poetas y escritores. Con nosotros mismos, a cada instante. ¿Hay otro tema? Todo es tiempo, nuestro paisaje y nuestro gesto, esa estrella que vemos brillar en el cielo y que quizás haya muerto ya, el universo entero es tiempo. Se trata de ser mientras vamos dejando de ser para empezar de nuevo. Hay una frase magnífica de Ángel González: "Existo, luego muero". En el tiempo está todo.
..   Hablar del tiempo es hablar de algo sumamente escurridizo y misterioso. San Agustín en sus Confesiones se hacía esta pregunta: "¿Qué es pues el tiempo? Si nadie me interroga, yo lo sé. Si quiero responder a esta pregunta, lo ignoro". San Agustín fue, por cierto, el principal enemigo de un concepto del tiempo que, desde lo arcaico, vuelve constantemente al pensamiento humano: el Eterno Retorno.
..   A Nietzsche le obsesionaba el Eterno Retorno. Puede decirse que toda su filosofía se sustenta en esta concepción que, con el paso de los años, fue evolucionando de manera importante en su pensamiento. No estuvo solo, coincidió en el tiempo con otros dos pensadores franceses: Blanqui (L'Éternité par les astres) y Le Bon (L'Homme et les sociétés), y puede decirse que con estos hombres el siglo XIX se rendía al influjo ancestral del mito.
.   "Yo suelo regresar eternamente al Eterno Regreso", solía decir Borges a la hora de explicar su irremediable recurrencia al tema. Pero Borges siempre fue un tipo muy curioso y fluctuó entre la refutación (La doctrina de los ciclos) y la afirmación. Por un lado negaba ácremente esta doctrina; por el otro aceptaba su posibilidad, si bien con una significativa variante: que los ciclos no serían idénticos, sino similares.
..    La ciencia nos informa de lo que parece obvio: que desde el primer instante de la Gran Explosión, hace la friolera de 13 700 millones de años, estamos abocados a una eterna y gélida oscuridad. Desolador panorama. No me extraña que Nietzsche y Borges tengan como línea temática de prácticamente toda su obra la tranquilizadora cuestión del Eterno Retorno. He escrito tranquilizadora con mucho desparpajo, ¿verdad? Sé que hablo de oleadas y oleadas de millones de años volviendo por sus fueros una y otra vez y que la humanidad jamás llegaría a tener conciencia de su infinito ajetreo. Con las estrellas consumidas, sin suelo en donde poner los pies, ¿qué mirada mirará este carrusel? Hay quien piensa que debería bastarnos con la esperanza, por tibia que sea, de un retorno constante, aunque no sepamos que fuimos y que volveremos a ser. Heidegger decía que el asunto del Retorno no tenía por qué catalogarse como una curiosidad indemostrada e indemostrable, que era una estupidez relegarlo a la categoría de capricho poético o religioso.
..   Amo a Borges. Desde que llegó a mis manos no ha dejado de maravillarme, e inquietarme, cuanto escribe. Sobre el tema del Retorno dejaré aquí algunos textos que me parecen básicos en su pensamiento sobre el tiempo con mayúsculas.


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En tiempos de auge, la conjetura de que la existencia del hombre es una cantidad constante puede entristecer o irritar: en tiempos que declinan (como éstos), es la promesa de que ningún oprobio, ninguna calamidad, ningún dictador podrá empobrecernos. ("EL TIEMPO CIRCULAR", ensayo.) .
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No es posible combinar unos caracteres que la divina Biblioteca no haya previsto y que en alguna de sus lenguas secretas no encierren un terrible secreto. Nadie puede articular una sílaba que no esté llena de ternuras y de temores; que no sea en alguno de esos lenguajes el nombre poderoso de un dios. Hablar es incurrir en tautologías. Esta epístola inútil y palabrera ya existe en uno de los treinta volúmenes de los cinco anaqueles de uno de los incontables hexágonos, y también su refutación. (LA BIBLIOTECA DE BABEL, cuento.) 
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LA NOCHE CÍCLICA
          A Sylvina Bullrich 
.Lo supieron los arduos alumnos de Pitágoras:
los astros y los hombres vuelven cíclicamente;
los átomos fatales repetirán la urgente
Afrodita de oro, los tebanos, las ágoras.
En edades futuras oprimirá el centauro
con el casco solípedo el pecho del lapita;
cuando Roma sea polvo, gemirá en la infinita
noche de su palacio fétido el minotauro.
Volverá toda noche de insomnio: minuciosa.
La mano que esto escribe renacerá del mismo
vientre. Férreos ejércitos construirán el abismo.
(David Hume de Edimburgo dijo la misma cosa).
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No sé si volveremos en un ciclo segundo
como vuelven las cifras de una fracción periódica;
pero sé que una oscura rotación pitagórica
noche a noche me deja en un lugar del mundo
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que es de los arrabales.
Una esquina remota
que puede ser del Norte, del Sur o del Oeste,
pero que tiene siempre una tapia celeste,
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una higuera sombría y una vereda rota.
Ahí está Buenos Aires. El tiempo que a los hombres
trae el amor o el oro, a mí apenas me deja
esta rosa apagada, esta vana madeja
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de calles que repiten los pretéritos nombres
de mi sangre: Laprida, Cabrera, Soler, Suárez...
Nombres en que retumban (ya secretas) las dianas,
las repúblicas, los caballos y las mañanas,
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las felices victorias, las muertes militares.
Las plazas agravadas por la noche sin dueño
son los patios profundos de un árido palacio
y las calles unánimes que engendran el espacio
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son corredores de vago miedo y de sueño.
Vuelve la noche cóncava que descifró Anaxágoras;
vuelve a mi carne humana la eternidad constante
y el recuerdo, ¿el proyecto?, de un poema incesante:
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Lo supieron los arduos alumnos de Pitágoras...
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domingo, 2 de marzo de 2008


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Una amiga me dice: "Luego de muchos años, lo he reencontrado paseando por la red. Me gusta su falta de artificio. Dos guerras mundiales en sus versos. y la muerte de un hijo". Y me pregunta si me apetecería dejarlo entre mis Hojas. Yo feliz, pues hace tiempo que ando muy escorada hacia lo etéreo, muy cotilla de estros ajenos. Muy necesitada de belleza. Se me hace la boca agua este poeta de las ausencias. Desde que murió Ángel González me ha invadido la urgencia de sobrealimentarme... o perecer. Así, sin término medio. Y hoy, azuzada mi hambruna, me regalo este festín que es Ungaretti.
....No es un poeta fácil. Ni en la idea ni en la técnica. Pero hay algo que se detecta claramente en todo cuanto escribió: la ausencia de ese lugar en donde se hunden las raíces. Hogar y patria son las carencias sobre las que edifica su obra. Y el tiempo. También esa noción de tiempo ambiguo, de profunda desubicación de la realidad, planeó sobre todos y cada uno de sus versos. Hay una tristeza minuciosa en Ugaretti, un dolor pequeño y exacto rielando en sus palabras.
....Fue soldado en la Primera Guerra Mundial y esa experiencia le sirvió a la hora de escribir sus dos primeras obras, El puerto sepultado (1916) y La Guerra (1919). Una prosa rápida, concisa, cruda, muy, muy dolorida. Despues vino la etapa del hermetismo, esa poesía que se sustenta exclusivamente en los propios sentimientos, y así escribió La vida de un hombre (1942-1961) que le procuró gran fama de vanguardista, además de ser reconocido como uno de los fundadores de esta tendencia. Hay mucho que decir de este poeta, pero no es éste el lugar, ni por supuesto yo quien para atreverme a más de lo que ya he dicho. Me limitaré a añadir que me gusta su estilo fragmental, aislado, a veces como cortado por una súbita tijera, y todo para que en ese hueco repentino se enciendan fugaces sentimientos, impresiones, cosas entrevistas que ni siquiera trascienden la intuición.


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......VIGILIA
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Una entera velada
tendido al costado
de un compañero
masacrado
con su boca
desencajada
vuelta al plenilunio
con la congestión
de sus manos
penetrada
en mi silencio
he escrito
cartas llenas de amor.
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No me he sentido nunca
tan
aferrado a la vida.

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      DISTANTE
      Versa, 15 Febrero 1917
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Distante en una tierra distante
como a un hombre ciego
ellos me han abandonado.

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......LA MUERTE MEDITADA
......Canto quinto
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Has cerrado los ojos,
nace una noche
llena de falsos huecos,
de ruidos muertos
como de corchos
de redes caladas en el agua.
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Tus manos se hacen como un soplo
de inviolables lontananzas,
inaferrables como las ideas,
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y el equívoco de la luna
y el balancearse, dulcísimos,
si quieres posármelas sobre los ojos,
tocan el alma.
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Eres la mujer que pasa.
como una hoja
y dejas en los árboles un fuego de otoño.