viernes, 5 de diciembre de 2008

Poetas griegos de la Generación de los Veinte


Hace unos días, mientras buscaba documentación literaria que diera solidez a mis desmejorados recuerdos sobre los poetas griegos contemporáneos, pasé rápidamente y de puntillas por la denominada Generación de los Veinte. Los recordaba oscuros, estáticos y extáticos; me produjeron 'respeto', por lo que no me permití ir más allá de un fisgoneo superficial. Con todo, leí -soy mujer, cómo resistirse- algunos poemas terribles, bellísimos, estremecedores poemas que me inocularon una mezcla inquietante de sentimientos. Después, ya lo he dicho, graciosa y disimuladamente huí. Hoy por hoy no me conviene la penumbra, no debo acercarme a nada que me oscurezca ese pálido sol que todavía se me enciende cada mañana y que yo agradezco lo mismo que si tuviera los kilowatios que tenía antes. Pero lo cierto es que la sensatez en estos terrenos nunca ha sido mi fuerte, confieso que el peligro me atrae fatalmente. Una es débil frente a sus vicios, siempre caigo, una y otra vez, son irrenunciables y, ya, consustanciales. Nada más terminar mi artículo sobre Seferis me di cuenta de que no tenía más remedio que volver a los poetas de la nostalgia y el pesimismo. En mi cabeza había encallado la tentación, 'un beaux ténébreux' me llamaba irresistiblemente. Me armé de valor e hice toc toc en su puerta. Como es natural, nadie contestó. ¿Existe una invitación más directa para el morbo que el silencio? Entré. Con prevención, con miedo, entré.
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Kostas Karyotakys, alma mater de Seferis y Ritsos... Dicen que fue un poeta menor, pero cuando se alumbra el camino de otros, otros de la talla de los que acabo de citar, ¿qué fundamento tiene semejante catalogación? De Seferis y su generación, que abrieron ventanas y balcones, que levantaron techos para que el viento del Egeo entrara a reanimar a una Grecia postrada, poco menos que difunta, no podía esperarse indiferencia hacia sus apáticos y magníficos predecesores. Ellos mismos tuvieron, en dosis más o menos abundantes, sentimientos de pesimismo y derrota. ¿Cómo escapar de ellos? Seferis tiene una obra que es crónica cruda de un naufragio; en cuanto a Ritsos, ¿no está también enfermo de nostalgia del remoto pasado entre llanto y llanto por su propia historia?
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La realidad, aquella que les tocó vivir a todos, imponía estas heridas, las cultivó de por vida en aquellos seres cuya cosmovisión era lúcida, práctica y necesariamente emprendedora. Nada es casual en este mundo, a las sombras les sigue la luz hasta que nuevas sombras, hasta que nuevas luces vengan a alternarse. Kariotakis insufló su lírica y su vírica a estos hombres. Kariotakis, poeta maldito de amarga palabra, elegíaco y satírico, marginal hasta extremos impensables supo transmitir la esencia de su arte a sus sucesores de pulso más seguro pero, desde luego, detentadores de la misma inagotable inspiración que revive remotas historias. Y aquí se me enciende una frase de Victor Hugo en Los Miserables. Se refería a 'instituciones envejecidas' y a mí se me ocurre que muy bien pudiera, ampliamente, eso sí, aplicarse a la permanencia de esa Grecia ancestral que todos llevamos en el alma. Se la birlo: "La terquedad que manifiestan en perpetuarse las instituciones envejecidas se parece a la obstinación del perfume rancio que quiere embalsamar nuestros cabellos; a la pretensión del pescado podrido que quiere ocupar un buen lugar en la mesa; a la insistencia de las mantillas del niño que quieren vestir al hombre y a la ternura de los cadáveres que vuelven para abrazar a los vivos". La ternura de los cadáveres que vuelven para abrazar a los vivos es el punto neurálgico de este dolor generacional de todo griego, acrecentado por la larga noche de su diáspora. "Toda realidad me es abominable...", escribe Karyotakys. Todavía no se había suicidado de una manera definitiva  y su voz sonaba como un lúgubre augurio. ¿Augurio? Eran mucho más que eso aquellos versos: eran el anuncio formal, aunque demorado, de su muerte:

.....SUICIDAS IDEALES
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En la entrada dan un giro a la llave,
reabren cada vieja carta guardada,
leen tranquilos y después arrastran graves
por última vez sus pasos por la casa.
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La vida, dicen, fue una tragedia para ellos.
Dios mío, la carcajada horripilante de los hombres,
las lágrimas, el sudor, el anhelo de los cielos,
la solitud de tan vastos y pobres parajes.
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Se quedan frente a la ventana, lejos, mirando
la naturaleza, los árboles, a algún infante,
ven cómo los marmolistas siguen martilleando al sol
que quiere bajar al poniente para siempre.
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Todo terminó. He aquí la nota,
breve, simple, profunda, como corresponde,
de indiferencia llena, de perdón
por aquél que ha de llorarla y de leerla.
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Se miran al espejo. Miran la hora,
se preguntan si es error acaso o locura,
"todo terminó", murmuran ahora
que han de postergarla, seguros en el fondo.
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.Fue, decididamente, una víctima del pesimismo. Rechazó la sociedad, abominó de la realidad, y su temprano final a manos de sí mismo, vino a culminar una vida doliente y desesperada. "¿Qué voluntad divina nos gobierna, / qué trágico destino sujeta el hilo / de los días vacíos que ahora vivimos / como movidos por una antigua y funesta costumbre?", escribía entregado ya a su destino.

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Kostas Uranis tenía la voz tan vencida como la de Kariotakis, igualmente cansada de vivir. En sus poemas hay muchas sombras, mares de melancolía que se agitan en un crepúsuculo constante. Sus críticos dicen de él que contempla la vida como si fuera un naufragio, porque quiere acabar, ansía hundirse en las profundidades de un mar que lo silencie definitivamente:
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Dejen ya de lanzar la señal de peligro,
los aullidos de la histérica sirena detengan
y abandonen el timón en manos de la tormenta:
¡el naufragio más horrible sería el salvarnos!


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Takis Papatsonis está aquejado de otro mal, éste antiguo como la vida, perverso, como la enfermedad que se empeña en condenarnos por un pecado que no nos corresponde:
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Siento que soy un hombre manchado,
de un rico jardín con flores y fuentes
noche y día por fuera de sus Rejas camino
y no veo que se abra la Gran Puerta para entrar.



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He seguido leyendo todo lo que he podido. Aún lo haré, tengo que ahondar en Uranis y Papatsonis, que me han dejado con la miel en los labios... y el miedo puesto.

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21 comentarios:

Bel dijo...

Muchas gracias, Mertxe, por estas lecciones de poesía griega. De tu mano voy descubriendo mucho que desconozco y esto siempre es maravilloso. Tengo que decir, sin embargo, que este poema no me ha entusiasmado. Tampoco a mí me aptece tanta tiniebla, por muy bella que sea.
Un beso.

Mertxe dijo...

Muchas gracias, Bel, por tu confianza, pero la verdad es que hago lo que puedo. Me informo a cobro revertido para que vuelva a la luz todo lo que un día supe y luego prácticamente olvidé. Y, sí, la niebla no es lo más conveniente a ciertas altura de la vida. La vida es como una montaña por la que vas subiendo con mucho trabajo, con muchas esperanzas, y si al llegar a las cercanías de la cima te encuentras con que la niebla te oscurece el paisaje que buscabas...

Fresquito día por Mataró, pero el mar, Bel, el mar es un espejo marengo y mate, que en la línea del horizonte se ha hecho blanco blanquísimo, casi translúcido.

Abracitos...

Nómada planetario dijo...

Te has convertido en toda una exégeta de estos poetas, tan al filo de abandonar aquello que ya dejó de tener sentido para ellos, me recuerdan demasiado mis momentos bajos.
Besos desde mi encierro con unos apuntes insufribles.

Bel dijo...

Me gusta mucho esa imagen, aunque espero que no sea el final, más bien uno de los trechos... pero sí, las nieblas se despejan caminando. Aquí día gris y el mar, aunque cercano, sólo puedo imaginarlo o verlo como tú, marengo y traslúcido, atrayente en cualquier caso.

Mertxe dijo...

Oh... Pues muchas gracias, Noma. Y cambiando de tema, aunque no mucho (jis...), espero que ese último paseo por la montaña (cómo he disfrutado...) te de fuerzas para superar esos apuntes.

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Yo también confío en que aún nos quede algún que otro trecho. En estos meses me he convertido al optimismo más ferviente.


Abrazos para los dos.

Olvido dijo...

Mertxe me uno a las felicitaciones. Me llevas a lecturas que no he hecho y a letras que desconocía. Y aunque como dice Bel, te puedes imaginar hasta dónde estoy yo de ‘tinieblas’, pero en el fondo una debe ser un poco masoquista porque le gusta el paisaje con niebla (pero un poquito eh!, que se vea algo, o que casi se adivine)…en fin, más allá de estas pequeñas metáforas, me ha gustado que nos acercaras a estos poetas. Pero no me digáis que a pesar de la profunda tristeza no es hermoso esto

“y abandonen el timón en manos de la tormenta:
¡el naufragio más horrible sería el salvarnos!”

Gracias Mertxe.
Aquí la lluvia cae lenta

Pedro dijo...

Una muy interesaante página.
He disfrutado -y aprendido-leyéndote.
Muchas gracias.

Juan Luis dijo...

Interesante artículo, Mertxe, que me ha incitado a urgar un poco en la red, convencido, como tú, de que “la realidad aquella que les tocó vivir a todos, imponía heridas (…) Nada es casual en este mundo."

He dado con estos poemas de Uranis (1890-1953):

http://www.arquitrave.com/archivo_revista/enlace3agosto04.htm

y también con la revista Arquitrave

http://www.arquitrave.com/principal.html

¿la conoces? Incluye la mejor entrevista que he leído con Paul Bowles. Me ha causado muy buena impresión.

Hace un mes que estamos metidos en una grisura desoladora.

Un abrazo.

Mertxe dijo...

Olvido, hermosa mía, me vas a permitir una osadía, total, ya nos vamos conociendo, ¿a que sí?, y sé que no 'fruncirás el ceño'. Ahí va: que te veo muy poco 'tinieblosa', que te veo más bien clara, diáfanísima. Es que, si no, es imposible escribir como tu escribes. Hay que tener mucha luz en la cabeza para acertar con los tonos oscuros.

Abracitos mediterráneos, guapa.

Mertxe dijo...

Gracias a ti, Pedro, por visitarme.

Mertxe dijo...

Pues resulta, Juan Luis, que mientras buscaba afanosísimamente cosas de neogriegos, la vi de pasada. Ahora, mientras abría este mensaje, he puesto la dirección y la tengo delante. Tiene una pinta estupenda así que ya tengo la tarde resuelta. Lo cierto es que tampoco la red ofrece gran cosa. He estado sobre todo en páginas franchutas... y que si quieres. Parece que las grandes editoriales mandan y mandan tanto que dentro de poco a estos tesoros vamos a tenerlos que llamar (no me riñas... jis...) 'amenidades'.

Grisuras también a estas horas, pero mediterráneas, es decir, relativas.

Olvido dijo...

que...
Mertxe...que no sé qué decir, que gracias, que hago lo que puedo y que me gusta que me acompañes en la ballena, que sin vosotros y vuestros comentarios no tendría ningún aliciente, que hace un día de perros de cielo negro, que hay viento y que la lluvia es constante.
Un besazo y
que buen día!

Mertxe dijo...

Pues en Mataró nubes y claros, lo malo es que hacia las cinco de la tarde por los cosos celestes ya habrá muerto la luz.

En cuanto a la 'Ballena'... Pues las gracias nos corresponde dártelas a ti. En los seis años que llevo por la red (y mira que he buscado y buscado) nunca había visto nada igual. La 'Ballena' te atrapa absolutamente, igual que ocurría en la tragedia griega. La catarsis, ya sabes. Y es tan difícil lograrla... Cuando se consigue, cuando la historia que nos cuentan es capaz de traernos y llevarnos a nuestros propios fantasmas, entonces, ma fille, entonces es el climax, es decir, poco menos que la perfección.

Abracitos fresquitos.

Olvido dijo...

Mertxe no te pienso mandar más dinero digas lo que digas;-))
Me da vergüenza, no sé qué decir, de veras. Solo: Gracias, muchusímas gracias.

Mertxe dijo...

¡Bapaaa!

Glo dijo...

Se me hace difícil comentar esta entrada de hoy. Pero no quiero ser descortés y deseo hacerme presente, aunque sea en forma de disculpa.

Un saludo.

Mertxe dijo...

Gracias, Glo, muchísimas gracias.

Marta dijo...

Hola Mertxe,

Coincido con muchas de las opiniones vertidas en esta sección. Interesantes lecciones para aprender sobre poetas o literatos que nos, lamentablemente, absolutamente desconocidos.

Besos des del puerto y hasta pronto

Mertxe dijo...

Hasta cuando quieras, Martita.

Marta Montoliu dijo...

Hola Mertxe,

Gracias por este post. Me has abierto un mundo nuevo que no conocia. Me he adentrado con un poco de miedo, advertida por tus palabras. Pero lo que he encontrado, pese a ser terrible, me ha llegado dentro. "¿Qué voluntad divina nos gobierna, / qué trágico destino sujeta el hilo / de los días vacíos que ahora vivimos / como movidos por una antigua y funesta costumbre?"
Cuantas veces se puede uno sentir asi, pero no tener el valor o el talento para expresarlo tan bellamente?
Siempre me ha sorprendido quien, hundido en la tristeza, aun puede crear.

Mertxe dijo...

Y a mí, Marta, y a mí...

Un abrazo.