sábado, 27 de diciembre de 2008

Ramón de Campoamor

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          Quién supiera escribir

Escribidme una carta, señor cura.
-Yá sé para quién es.
-¿Sabéis quién es, porque una noche oscura
nos visteis juntos? - Pues.

-Perdonad; mas... -No extraño ese tropiezo
La noche... la ocasión...
Dadme pluma y papel. Gracias; Empiezo:
Mi querido Ramón:

-Querido?... Pero, en fin, ya lo habéis puesto...
-Si no queréis... -¡Sí, sí!
-Qué triste estoy! ¿No es eso? - Por supuesto
-¡Qué triste estoy sin tí!

Una congoja, al empezar, me viene...
-¿Cómo sabéis mi mal?...
-Para un viejo, una niña siempre tiene
el pecho de cristal.

¿Qué es sin ti el mundo? Un valle de amargura.
¿Y contigo? - Un edén.

-Haced la letra clara, señor cura;
que lo entienda eso bien.

-El beso aquel que de marchar a punto
te dí...
 -¿Cómo sabéis?...

-Cuando se va y se viene y se está junto,
siempre... no os afentéis.

Y si volver tu afecto no procura,
tanto me harás sufrir...

-¿Sufrir y nada mas? No, señor cura,
¡que me voy a morir!

-¿Morir? ¿Sabéis que es ofender al cielo...
-Pues, sí señor ¡morir!
-Yo no pongo morir. - ¡ Qué hombre de hielo!
¡Quién supiera escribir!

II

¡Señor rector, señor rector! en vano
me queréis complacer,
si no encarnan los signos de la mano
todo el sér de mi ser.

Escribidle, por Dios, que el alma mía
ya en mí no quiere estar;
que la pena no me ahoga cada día...
porque puedo llorar.

Que mis labios las rosas de su aliento,
no se saben abrir;
que olvidan de la risa el movimiento
a fuerza de sentir.

Que mis ojos, que el tiene por tan bellos,
cargados con mi afán,
como no tienen quien se mire en ellos,
cerrados siempre están.

Que es, de cuántos tormentos he sufrido,
la ausencia el más atroz;
que es un perpetuo sueño de mi oído
el eco de su voz...

Que siendo por su causa, el alma mía
¡goza tanto en sufrir!...
Dios mío, ¡cuántas cosas le diría
si supiera escribir!...

III

EPILOGO

-Pues señor, ¡bravo amor! Copio y concluyo;
A don Ramón... En fin,
que es inútil saber para esto, arguyo,
ni el griego ni el latín.






5 comentarios:

marisa dijo...

Siempre me haces viajar a mis recuerdos más entrañables: Gabriel y Galán, Campoamor. Mi abuela los recitaba mucho, se los sabía de memoria. Y como perdió muchos de sus libros tras la guerra, "lo tengo todo en mi cabeza" decía. Me parece estar oyendo su voz.
Me gusta venir aquí y encontrarme estos regalos Mertxe. Un besazo

Bel dijo...

De Campoamor no recuerdo haber leído nada y me he reído de veras. Muy bueno y muy tierno.
Besos.

Mertxe dijo...

Lo es este romántico a quien ya nadie lee. Creo que son cien años de su muerte. Casi nada. Rubén Darío sí que le hizo justicia. Dijo que la obra de Campoamor que "deja en los labios la miel / y pica en la corazón". No sé si volverás por aquí pero, de todas formas, te paso 'Humoradas', en donde se encuentra una frase genial que repetimos a menudo sin saber que es de él.


"Busqué la ciencia, y me enseño el vacío./ Logré el amor, y conquisté el hastío. / ¡Quién de su pecho desterrar pudiera, / la duda, nuestra eterna compañera! / ¿Qué es preciso tener en la existencia? / Fuerza en el alma y paz en la conciencia. / No tengáis duda alguna: /felicidad suprema no hay ninguna. / Aunque tú por modestia no lo creas, / las flores en tu sien parecen feas. / Te pintaré en un cantar / la rueda de la existencia: / Pecar, hacer penitencia / y, luego, vuelta a empezar. / En este mundo traidor,
nada es verdad, ni mentira, / Todo es según el color / del cristal con que se mira."

Adivina... adivinanza...

Bel dijo...

Como ves, he vuelto. Muchas gracias, guapísima Mertxe.
(Espero que no haya llegado hasta ti la furia de tu mediterráneo)

Mertxe dijo...

No recuerdo si lo hizo. Lo que sí sé por las fechas de la entrada en que, hiciera fuera el tiempo que hiciera, yo todavía gozaba de bonanza dentro de casa.

Un saludo tardío pero sincero y nostálgico.