sábado, 4 de octubre de 2008

Marguerite Duras

."Un día, yo era vieja ya, en el hall de un lugar público, un hombre se ha dirigido a mí. Se ha presentado y me ha dicho: "Yo le conozco desde siempre. Todo el mundo dice que usted era bella cuando era joven, y yo vengo a decirle que la encuentro más bella ahora que cuando era joven, me gusta menos su rostro de jovencita que el que usted tiene ahora, ...devastado". Pienso a menudo en esta imagen que sólo yo veo todavía, y de la cual jamás he hablado. Ella siempre está ahí, en el mismo silencio, y me maravilla. Es, de entre todas, la que me gusta de mí misma, en la que me reconozco, en la que me complazco."

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Es el íncipit de L'Amant, la obra que le reportó, además del Goncourt, una tirada de tres millones largos de ejemplares, numerosas traducciones a otras lenguas y su consagración mundial como maestra de la anti-novela. La lectura de ésta como de casi todas sus obras nos produce la sensación de hallarnos ante un universo estático. Los escenarios parecen como pintados tras los personajes y, los mismos personajes, detenidos por la indecisión no acaban de salir de su estupor frente a un mundo que no entienden. Las heroínas (¡qué antinomia!) son mujeres casi mudas, atenazadas por la incomunicación, que miran largamente mientras esperan, porque sobre todo esperan que algo venga a su encuentro, tal vez el amor, tal vez lo contrario; sea lo que fuere, la novedad tendría que hacer un poco de ruido en su acolchada vida, y el ruido es bueno, el ruido sacude, despierta, redime de la inanidad. Pero las sensaciones, por muy genéticas que sean, también se equivocan. Se equivocaron de medio a medio las mías cuando cayó en mis manos la primera novela, Les Petits Chevaux de Tarquinia (1953), y aunque mucho más tarde supe que con la Duras es inevitable equivocarse gracias a la calculada ambigüedad que empapa toda su obra, no me alivió en absoluto este descubrimiento. Me avergoncé casi tanto como con aquella otra película de Resnais, El año pasado en Marienbad. Hoy en cambio -privilegios de la edad- me da la risa cuando recuerdo lo pardilla que fui y supongo que conmigo se ríe todo un ejército de desprevenidos contemporáneos. Y es que el nouveau roman no era apto para menores de edad [cultural] y a nosotros, los dichosos críos de la posguerra, aún nos chorreaba el líquido amniótico, tan retrasados en el crecimiento vivíamos. Sin dientes consolidados ¿cómo dar cuenta de aquellos platos de caza mayor?
....No podíamos saber que gente como Robbe-Grillet, Simon, Butor, Duras nos estaban alejando de los viejos esquemas literarios. La introducción, el desarrollo y el desenlace habían desaparecido en su aspecto formal; la caracterización y la cronología ya no tenían mucho espacio en sus historias; en cuanto a la intriga, ese hilo que pretende conducir los hechos en la novela convencional, tampoco era necesario porque todo sucedía de una manera espontánea, incoherente en apariencia. Daba la impresión de que las cosas iban a su aire, libremente, caprichosamente. Y no era eso... No, no era eso, ocurría que, de repente, la conciencia y el deseo se habían hecho con todo el protagonismo. Hablaba la conciencia a trancas y a barrancas, que es como hablan siempre las conciencias, con opacidades, con desubicación, con atemporalidad... El deseo también se presentaba inesperado y como fuera de juego, inoportuno, en ocasiones exasperante... Creo que de todos los cambios que mi generación ha vivido, éste fue el único que nos produjo un sonrojo descomunal cuando nos dimos cuenta de que casi no podíamos con él.
    Leí Les Petits Chevaux de Tarquinia a principios de los sesenta y casi la odié por aquellos escenarios recalentados, asfixiantes, detenidos. El aburrimiento reverberaba sobre la arena de una angosta playa italiana donde los protagonistas pasaban sus vacaciones. Ni el drama sobrevenido ni el amago de una aventura amorosa conseguían darle movimiento a la historia. Desamor, confusión, apatía, personajes que miran demasiado hacia adentro, monólogos a dos, a tres... (nunca he creído en el diálogo en la Duras), y el calor, abrasador, mortal. Sí, me enfadé mucho con ella, luego pasó algún tiempo y de repente aquella película, Hiroshima, mon amour (1959), que me dejó sobrecogida para una temporada. Volví a pensar en la Duras, esta vez muy seriamente. Me documenté y podría decir que acabé descubriéndola, pero no lo haré, no lo haré por la sencilla razón de que esta mujer es un caso especial, un caso aislado dentro del grupo de los 'nouveaux écrivains' que en 1950 comenzaron a darnos caña con su revolución literaria. Marguerite Duras es, simplemente, inaprensible. Laure Adler, una señora con muchos arrestos, de profesión historiadora, periodista y editora (creo que también filósofa y socióloga) ha acometido la imposible y sin embargo obligatoria biografía de Marguerite Duras. Según ella, nada es verdad si la literatura es una mentira puesto que la vida de la escritora es eso, literatura en estado puro. Ha intentado "poner orden entre la verdad y la ficción en la existencia atormentada de una escritora evolucionando en un juego de espejos permanente" y para ello ha tenido acceso a documentos que permanecían ocultos en el seno de la familia. "Con esta [biografía]", añade Laure Adler, "ya no estamos dentro de ese sueño reinventado que Duras ha fabricado a todo lo largo de su vida hasta edificar su propia estatua. Al final de este juego de espejos permanente, ella ya no sabía quién era Duras, quién Marguerite, quién Marguerite Duras. En ella, la misma palabra verdad está bajo fianza". Adler no estaba elucubrando, la propia Marguerite Duras lo había confesado: "La historia de la vida no existe, la novela de la vida, de mi vida, sí; pero no la historia...".
    Creo que me he leído casi toda su obra, y es L'Amant, para mi gusto, su mejor novela. Todos los escritores, por prolíficos que sean, son padres de una sola criatura, y Marguerite Duras, a pesar de Un Barrage contre le pacifique -posiblemente la obra que se aproxima más a la autobiografía-, no podía ser en esto una excepción. En L'Amant confluyen todos sus fantasmas, los pasados, los presentes y los futuros. Dice Adler que esta novela no es una historia de amor ni mucho menos, el joven y rico chino con el cual ha tenido relaciones sexuales a los quince años estaba muy lejos de ser el refinado héroe que ella plasma en la novela. En realidad y siempre según Adler, su madre la vendió a este hombre que le doblaba la edad a fin de disponer de un poco de dinero para atender a un hijo drogadicto.
    Hace unos días he vuelto a leer Moderato cantabile (1958). Ha sido un capricho súbito que no sabría explicar y que me ha hecho recordar a esta escritora. Otra vez el aburrimiento mortal, la enfermiza debilidad ante otras voluntades, el deseo de escapar a esa soledad que siempre es como una segunda piel en todos sus personajes. Pero eso ya lo sabía, como sabía que la destrucción, tanto la moral como la física, es la llave que abre todas las puertas en esta mujer. Todo está roto en sus novelas porque lo estuvo en vida, nunca se recuperó de una infancia destrozada (o, también, saqueada, porque saccagée tiene ambos registros, que, en definitiva, vienen a ser la misma cosa). Destrucción, devastación, yo no dudo que sobre esta realidad se edifican todos los edificios de sus mentiras. Es preciso tapar las ruinas con otras ruinas. La soledad es el legado que le dejaron los primeros años de su vida. La soledad la acompañó hasta al final y su obra es un fiel testimonio de esta realidad, tratando siempre de escapar a toda costa de ese vacío con unos personajes empecinados infructuosamente en dar algún sentido a su vida.
    Marguerite, que estuvo tan sola, es una excelente compañía. Doy fe.





11 comentarios:

Bel dijo...

Me ha gustado mucho tu evocación del descubrimiento y redescubrimiento de la Duras. No coincidiríamos en la apreciación de la que consideras su mejor obra, pero sí en muchas otras cosas. Lo que es de sonrojo, Mertxe, es que tampoco los jóvenes de ahora estén preparados. No hay más que ver cuando toman como novedad transgresiones que realizaron ya las vanguardias de principios del siglo XX.
Un beso en este mediodía de otoño.

giovanni dijo...

Interesante esa observación: 'Destrucción, devastación, yo no dudo que sobre esta realidad se edifican todos los edificios de sus mentiras. Es preciso tapar las ruinas con otras ruinas.'
Y la coincidencia es que antes de leer tu post, una hora antes, caminando sobre el dique y volviendo des écluses où les péniches passent, cettes péniches... cette péniche où j'ai vecu... de repente me salió una frase que puse después en un post cortito en mi blog.
En réalité sont deux phrases (?), deux sentences (?), deux propositions (?), deur réflections (?), deux pensées (?), deux interrogations (?) :

...Para volver a sentir el dolor?
Sería por eso que lo hacía, tantas veces?

Viste la foto del hijo de Duras, entre ses parents, que puse en mi blog?

Un saludo

Mertxe dijo...

Así, es Bel, así es desgraciadamente.


Quant à toi, Giovanni, je m'y passerai tout à l'heure.


Muy mediterráneos días a los dos.

giovanni dijo...

La photo du fils entre ses parents et une petite description du livre d'où vient cette photo, se trouve dans ma poste du 26 d'aôut 2008, o sea
http://zambrone.blogspot.com/search?q=duras

Bonne journée !

Olvido dijo...

Mertxe estupendo post, merece la pena con mucho recordarla siempre, releerla siempre.
Hay veces que hay que esperar el tiempo adecuado para que las palabras de otros puedan formar parte de nuestra reflexión. El momento oportuno.
Ese dolor que habita en ella es su fuerza, porque ‘a pesar de’ ha vivido una profunda vida y nos la hace vivir a los que la leemos.
Yo leí tarde Los caballitos de Tarquina y disfruté muchísimo con ese calor lento y sofocante entre sus personajes. Creo que fue con este libro que Yann Andréa quedó totalmente prendado de ella y luego…luego ese amor de novela les envolvió. Compré hace unos meses “Ese amor” de Yann Andréa donde se puede percibir la locura insoportable de su relación.
Qué decir de ella! Cuando nosotros no hemos visto nada de Hiroshima. Nada.
Un beso y buen día

Mertxe dijo...

Gracias, Giovanni, pero la dirección no abría ayer ninguna página. Esta mañana seguiré el rastro a través de tu blog.

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La verdad, Olvido, es que leer sobre la vida de esta mujer es tener ante los ojos una novela de las más intensas. Su personalidad fue también todo un tratado de complejidad humana.


Muy buenos días a los dos.

giovanni dijo...

La dirección correcta del enlace es:
http://zambrone.blogspot.com/2008/08/marguerite-duras-trouville.html

Juan Luis dijo...

Enhorabuena, Mertxe. Excelente.

Los libros de la Duras siempre me han atraído y repelido. El estilo, por el contrario, sólo me admira.

Mertxe dijo...

Exacto, Juan Luis. Es el sentimiento universal respecto de esta escritora. Pero ella asi lo quiso, estoy segura de que la inmensa mayoría de sus lectores estamos convencidos de que su obra, al menos desde los 'Caballitos' está perfectamente calculada para hacer brotar estos sentimientos contradictorios. Ella era una mujer provocadora, que supo ser, además, (según se despacha Semprun) mala malísima con sus conmilitones semejantes del PC. En fin... que se cuentan cosas de ella que te ponen los pelines de puntillas. Pero a saber, después de todo, ya digo, ella fue 'la novela'.

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Giovanni: ahora mismo me voy para tu casa...

Glo dijo...

Me identifico con tu manera de exponer, que yo encuentro un tanto melancólica.

La reseña de hoy es estupenda, llena de sugerencias y poesía.

Un saludo.

Mertxe dijo...

Muchas gracias, Glo.