viernes, 10 de octubre de 2008

El punto 2, apartado a), ¿verdad?

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Artículo 54. Despido disciplinario.
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1. El contrato de trabajo podrá extinguirse por decisión del empresario, mediante despido basado en un incumplimiento grave y culpable del trabajador.
2. Se considerarán incumplimientos contractuales:
a) Las faltas repetidas e injustificadas de asistencia o puntualidad al trabajo.
b) La indisciplina o desobediencia en el trabajo.
c) Las ofensas verbales o físicas al empresario o a las personas que trabajan en la empresa o a los familiares que convivan con ellos.
d) La transgresión de la buena fe contractual, así como el abuso de confianza en el desempeño del trabajo.
e) La disminución continuada y voluntaria en el rendimiento de trabajo normal o pactado.
f) La embriaguez habitual o toxicomanía si repercuten negativamente en el trabajo.
g) El acoso por razón de origen racial o étnico, religión o convicciones, discapacidad, edad u orientación sexual y el acoso sexual o por razón de sexo al empresario o a las personas que trabajan en la empresa. Letra g) del número 2 del artículo 54 redactada por el apartado trece de la disposición adicional décimo primera de la L.O. 3/2007, de 22 de marzo, para la igualdad efectiva de mujeres y hombres («B.O.E.» 23 marzo).
Vigencia: 24 marzo 2007



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No se presentaba en el puesto de trabajo, así que la dirección de la empresa la despidió acogiéndose a lo estipulado en el artículo 54, punto 2, apartado a.
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El pasado 1 de octubre le fue remitida una carta comunicándole el despido y consiguientes finiquito de 938,89 € e indemnización de 2.416,20 €.
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.La trabajadora se llama Sandra T. y está en coma desde el mes de septiembre a causa de un accidente de tráfico.
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6 comentarios:

Marta Montoliu dijo...

Hola Mertxe,
Lei esta historia en los periodicos y me parecio incomprensible.
Por cierto, me encanto tu post de Marguerite Duras, y sobretodo por lo que contabas de la gente de tu generacion.
Marta

Mertxe dijo...

Es una aberración. Y también una chapuza. ¿Qué tipo de asesores legales tiene la empresa? ¿A quién se le ocurre semejante recurso para despedir a una trabajadora en coma? ¿Y la baja por accidente o enfermedad?

Aquí se han unido dos indigencias: la moral y la profesional. Menos mal que la cosa ha hecho tanto ruido en la calle que ya ha sido readmitida, pero eso sí, sin reconocer la nulidad del despido improcedente. Faltaría más.

Gracias, Marta, por tus amables palabras para con mi MD.

Bel dijo...

Lo que me preocupa, Mertxe, es que este caso tan esperpéntico y que ha llamado tanto la atención de los medios, esté en el fondo tapando la realidad cotidiana de las empresas. El miedo con el que la gente va al trabajo. La precaución por la que apenas se atreve nadie a criticar, no ya la política de la empresa, sino el color de las paredes, pues puede ser perfectamente causa de despido o de acoso. Por lo que sé, el acoso moral, dificilísimo de demostrar, es el pan de cada día del mundo laboral. Hace poco, saltó la noticia de que, encuestados los ciudadanos europeos, los españoles se consideraban entre los más infelices de Europa. Me pregunto por qué.
Un abrazo, querida Mertxe.

Mertxe dijo...

Eso siempre ha sido así, mia cara. Y en tiempos no tan pretéritos, los míos sin ir más lejos, a la barbarie con los obreros muchos la consideraban casi normal. En el mejor de los casos, se ignoraba por parte del trabajador ('productor' en los tiempos franquistas) que se estaba siendo víctima de abusos de palabra, obra o intención. Y lo que era más sangrante... que muchos trabajadores le reían las 'gracias' vejatorias a los patrones, incluso se ensañaban, y no veas cómo, con sus desgraciados compañeros.

Mi pasado sindicalista se me está poniendo al rojo vivo...

Un abrazo, Bel, que tengas un hermoso día.

Nómada planetario dijo...

Vi el caso en los medios, esto no es más que un exponente del salvajismo patronal alentado desde el poder, bajo el eufemismo de flexibilidad laboral.
Besos sin finiquito.

Mertxe dijo...

Pues, sí, Nómada. Yo viví el 'nacimiento' del Estatuto, y aunque lo han modificado por aquí y por allá, sigue siendo lo que es: un hijo de la Otra Chapuza. Creo que me entiendes, amigo.

Mediterráneos días, malagueño.