martes, 26 de agosto de 2008







Desde el amanecer de la razón hasta el ocaso en donde aúlla lo incomprensible es una frase extraída de un reciente artículo ('Tormenta en el mar de Galilea') de Pedro J. Ramírez. Topar con ella ha sido como caerme de un guindo. De pronto, la realidad. De pronto, la descarnada visión de un futuro inmediato que me empeñaba en ignorar. Supongo que tenía bien merecido el golpe. Por estúpida. Y como la estupidez nunca sale gratis y, además, es carísima, no sé si voy a tener fondos suficientes para pagar la factura emocional que se me viene encima. No soy un caso raro, todo lo contrario, me dicen que a mucha gente le pasa. Sin embargo, no me consuela tener compañeros de viaje porque la insensatez ajena, por numerosa que sea, nunca redime de la propia. Ahora lo lamento. Debí afrontar los hechos.

Debí afrontar el tiempo. Afrontarme en él. ¿O es que acaso no somos tiempo? ¿Hay algo en nosotros que no responda a esa naturaleza? ¿A qué viene ignorarla?¿Por qué ese empecinamiento en no mirarnos fluir? Si hay una verdad incuestionable es que el tiempo nos trae, el tiempo nos arrebata y, con los miasmas de lo que fuimos, continuará trayendo y arrebatando a otros seres y a otras cosas, que no seremos nosotros, aunque estén hechos con nuestros despojos, serán otros, tan iguales, tan diferentes. Y una infinidad de ellos tan estúpidos como lo he sido yo.


Mi aita se apaga. No podría decir si lenta o rápidamente, pero cada día se encoge un poquito más de cuerpo y de ánimo. Su mente está lúcida, demasiado, seguramente un poco de ataraxia le vendría bien, así no pensaría, no sufriría ante este destino ineluctable que a todos nos toca asumir un día u otro y que él siente tan cercano. Su edad es avanzada, pero ha sido este año cuando se ha sentido viejo y enfermo. Estamos pendientes de una operación de vesícula. Nos dicen que ahora ya no es como antes, que el riesgo es mínimo, que los ancianos se operan y no pasa nada, y que patatín y que patatán. Pero mi aita se apaga mientras yo me froto los moratones de la caída del guindo. El ocaso donde aúlla lo incomprensible hubiese sido para mí una lograda (y lejana) metáfora hace tan sólo un mes, hoy no, hoy se me antoja algo tan exactamente ajustado a mi realidad que siento escalofríos.


Mi aita se apaga y, le dure lo que le dure la luz, ya no podré mirar para otra parte. Se me acabó el comme si de rien n'était, disimular ya no me es posible. Me ha amanecido un ocaso por el que debo transitar con todos mis sentidos bien despiertos. Es mi momento de aprender, aprender serenamente, aprender lo que no fui capaz de aprender al perder a mi ama. Cuando él se vaya, y que sea dentro de muchísimo tiempo cualquiera que sea el devenir físico que le aguarda, seré más sabia que nunca, eso es seguro, pero no lo es menos que también mi soledad habrá crecido desmesuradamente. En fin, quid pro quo.

13 comentarios:

Glo dijo...

No decir nada por mi parte quizá sería lo mejor, pero si has escrito esta entrada, será, supongo, porque esperas algún eco.

Mi eco va a ser, por una parte mi propio dolor, porque yo no comprendo, ni tengo esperanzas de comprender, lo que es en realidad una noche estrellada, y por otra, el ser breve, porque creo que en un desconocido es lo más honesto.

Un abrazo.

Bel dijo...

Deduzco que "Aita" significa padre. Desde hace unos meses estoy viviendo una situación similar (de ahí entre otras razones mis ires y venires de las luces a las sombras)y, te lo aseguro, nunca se está preparado, porque acompañar y asistir a una persona -y con mucha más razón a los padres- en esa situación, que es una situación única donde, como bien tú dices, toda la realidad se juega, es duro y difícil. Son ellos y eres tú en un espejo oblicuo.

Un abrazo muy fuerte, querida Mertxe.

Juan Luis dijo...

Todos somos unos insensatos, Mertxe. La vida es una insensatez completa. ¿Quién querría venir aquí si supiera de antemano lo que le espera? Dejemos el futuro para mañana. Y mañana será otro día. Un beso.

Nómada planetario dijo...

Deseo que ese ocaso llegué muy tarde, los milagros figuran en los evangelios y poco más. Deseo que se recupere ese ser querido.
Ánimo.

Mertxe dijo...

Gracias, amigos, muchísimas gracias.

Olvido dijo...

Un beso

Mertxe dijo...

Otro agradecido.

Anónimo dijo...

Vivir hasta despedirnos. Es el título de un libro que me ayudó. No importa lo que venga luego. Importa el ahora y llenarlo de vida, con toda la intensidad de lo efímero. Un beso. Francisco Aranguren.

Mertxe dijo...

Así es, Francisco, yo lo hago, supongo que lo hago.

Glo dijo...

Sigo aquí, entrando cada poco.

Un abrazo.

Mertxe dijo...

Llevo varios días intentando una nueva entrada, pero no consigo concentrarme. Han sido muy fuertes los acontecimientos de este mes y necesito recuperar la calma para reencontrarme con mis cosas (¿dónde habrán ido a parar mis cosas?), 'volver' en alguna medida a una rutina que ahora ha tomado para mí la importancia de un bien escaso a conservar a toda costa.

Un abrazo, amigo Glo.

Anónimo dijo...

A todos nos llega en un momento u otro tener que afrontar la realidad de la vida. Un abrazo - Set

Mertxe dijo...

Pues sí...