domingo, 6 de julio de 2008

À propos d'Annie Ernaux


"Mi padre ingresó en la categoría de las 'gentes sencillas', o 'modestas', o 'buenas gentes'. Ya no se atrevía a contarme historias de su infancia. Yo tampoco le hablaba de mis estudios. Salvo el latín, porque había servido en la misa, le resultaban incomprensibles y se negaba a hacer como que le interesaban, a diferencia de mi madre. Se enfadaba cuando me quejaba del trabajo o criticaba clases. La palabra 'profe' le disgustaba, o 'dire', incluso 'librote'. Y siempre estaba el miedo o tal vez el deseo de que no aprobara.

Se enervaba al verme todo el día con mis libros, echándoles la culpa de mi rostro concentrado y mi mal humor. La luz bajo la puerta de mi habitación, por la noche, le hacía decir que yo malgastaba mi salud. Los estudios, un sufrimiento obligado para obtener una buena situación y no ser un obrero. Pero que me gustara romperme la cabeza le parecía sospechoso. Una ausencia de vida en la flor de la edad. A veces daba la impresión de estar pensando que yo era desgraciada.


Delante de la familia y los clientes, el apuro, casi la vergüenza de que yo no me ganase aún la vida a los diecisiete años; alrededor de nosotros, todas las chicas de esa edad iban a la oficina, a la fábrica o servían detrás del mostrador en el negocio de sus padres. Temía que me tomaran por una perezosa y a él por un fardón. Como una excusa: "Nunca la hemos presionado, ella llevaba eso dentro". Decía que yo aprendía bien, jamás que trabajaba bien. Trabajar era únicamente trabajar con las manos."






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En 1984 a Annie Ernaux le dieron el premio Renaudot por su novela La Place, la cual lleva en su cabecera la siguiente reveladora cita de Jean Genet: "Aventuro una explicación: escribir es el último recurso cuando se ha traicionado". Pues, sí, es ahí, precisamente en la traición, donde reside la razón de toda la obra de la Ernaux. La traición alumbra -que no ensombrece- su constante mirada hacia atrás. Desde su nuevo mundo, en el que siempre se ha sentido extranjera, donde ha tenido que aprenderlo todo, incluida la lengua ("la lengua del enemigo") escruta machaconamente aquel otro tan viejo y sin embargo palpitante mundo poblado de seres a la par amados y despreciados. Ella los busca y recupera para sacudirse el fuerte desarraigo que le acompaña y entonces poder reconstruirse en un presente que considera vacío. En ese titánico esfuerzo la traición queda en alguna medida purgada por la luz del reencuentro. A lo largo de su vida se ha sentido -son sus propias palabras- "una tránfuga social". De ese sentimiento emana cuanto ha escrito. Al principio diluía su historia personal en situaciones noveladas pero, poco a poco, fue desapareciendo esa frontera entre lo real y lo ficticio, y ya no pudo mirar para otro lado. De pronto, su obra se había convertido en una incesante autobiografía. O, quizás, en una especie de diario al revés, porque cuenta y analiza los acontecimientos del pasado como si hubieran sucedido al final de la jornada; una y otra vez vuelve a él, nada le interesa más; su intimidad y la de aquéllos que la rodearon en los primeros años de su vida queda al descubierto sin falsos pudores, sin melindres. Le preguntaron en una entrevista por la televisión por qué era tan descarnadamente sincera, por qué retrataba con crudeza a personas que podrían ser reconocidas. ¿Cómo puede usted escribir eso? "Eso... ha ocurrido", respondió ella aún sin comprender muy bien el escándalo del entrevistador.

Me gustan sus frases cortas, rápidas, casi un trallazo, rara vez ligadas entre sí por unidades de relación. Son pinceladas narrativas, independientes, rotundas, repletas de una emoción contenida pero suficiente. Es una escritura blanca. Una voz narrativa casi documental que, en un momento dado, inquieta con una reflexión, sacude con una crítica, conmueve con un sentimiento inesperado. El discurso directo, la voz intocable de los personajes, irrumpe por sorpresa y se tienen ganas de dialogar con ellos al margen de la autora que los ha traído, son independientes, libres, su pensamiento no está manipulado. La misma escritora se evade al interior de la historia, recurre a la polifonía (frases en itálica) para hablar como si fuera otra voz dentro de las voces que resuenan por todas partes.

Gracias a Olvido he vuelto a recuperar a Annie Ernaux (aunque nunca la haya perdido porque reina en mi biblioteca) y, por ende, aquella inmensa sorpresa al descubrirla. Ahora mismo me esperan Les années y Les armoires vides. Ahora mismo vuelvo a ella con todos los sentidos, con todo el corazón.





12 comentarios:

Glo dijo...

Muy interesante reseña en cuanto a la psicología y la sociedad. Aborda un aspectos importantes y omnipresentes de la vida sobre los que no sé si se escribe mucho. En cualquier caso, me interesa mucho más que otros "temas".

Muchas gracias.

Mertxe dijo...

Buenos días, Glo, y gracias por tu comentario.

Olvido dijo...

Mertxe creo que es gracias a ti que seguiré leyéndola.
Me gustan los libros que no tienen una definición clara, o novela, o relato , o cuento. Me gusta esa mezcla de diario de la que hablas y esa mezcla de realidad ficción donde los límites ni siquiera sabría distinguirlos la propia autora y creo que no importa.
Me ha gustado mucho tu reseña, es cercana.
Un beso …y a por el resto del día no?

Mertxe dijo...

A por el resto, que ya queda poquito.

Bel dijo...

Mertxe:
No he leído a Annie Ernaux. Hace poco salió un extenso artículo en El País, pero va a ser tu reseña la que me convenza.
Un abrazo.

Mertxe dijo...

No sabéis lo que me alegra, Bel y Olvido. Creo que os va a gustar.

Muy buenos días.

Nómada planetario dijo...

Ignoraba, como tantas otras cosas, esta autora y ese estilo tan peculiar, trataré de buscar un ejemplar, supongo que estará traducido, ya sabes que el francés lo tengo lleno de telarañas.
Saludos.

Mertxe dijo...

Sí, está traducida esta mujer, y ya te digo que no me extraña, leyéndola se sabe que escribir no tiene por qué ser una cascada de frases compicadísimas y con frecuencia vacías. Yo te recomendaría empezar por 'La Place', su cuarta 'nouvelle' y para mi gusto la mejor. Toda su obra es su vida por entregas, 'à petits bouts', pero, si te sitúas en la que te digo, tendrás una referencia impagable de lo que puedes leer después.

Hola otra vez, Nómada, y recuerda que te esperamos...

Juan Luis dijo...

Tomo nota de esta propuesta, que tiene muy buena pinta. Muchas gracias, Mertxe. Buen día.

Mertxe dijo...

Buenísima pinta, Juan Luis.

Casiopea dijo...

Pues yo tampoco conocía a Annie, pero ya sé qué libro me llevaré estas vacaciones. Me ha enganchado el fragmento.

Besos

Casiopea

Mertxe dijo...

Hola, Casiopea, encantada de verte por aquí.