lunes, 26 de mayo de 2008

    Argelouse es verdaderamente un extremo de la tierra, uno de esos lugares más allá de los cuales es imposible avanzar, lo que por aquí se llama un caserío: algunas alquerías sin iglesia, ni ayuntamiento, ni cementerio, diseminadas alrededor de un campo de centeno, a diez kilómetros del pueblo de Saint-Clair, con el que sólo las comunica una carretera llena de baches. Este camino lleno de rodadas y hoyos se transforma, más allá de Argelouse, en senderos arenosos, y hasta el océano no hay nada sino ochenta kilómetros de marismas, lagunas, pinos endebles y landas, donde las ovejas, al final del invierno, toman el color de la ceniza. Las mejores familias de Saint-Clair proceden todas ellas de este caserío perdido. A mediado del siglo pasado, cuando la resina y la madera empezaron a incrementar los escasos recursos que sacaban de sus rebaños, los abuelos de los que hoy viven se establecieron en Saint-Clair y sus casas de Argelouse se transformaron en alquerías. Las vigas labradas de los colgadizos y, a veces, una chimenea de mármol atestiguan su antigua dignidad. Cada año se vencen un poco más y el gran alero cansado de uno de sus tejados casi toca el suelo.

    Dos de aquellas viejas mansiones siguen siendo, sin embargo, casas señoriales. Los Larroque y los Desqueyroux han dejado sus moradas de Argelouse tal como las recibieron de sus antepasados. Jérôme Larroque, alcalde y consejero general de B... y que tenía a las puertas de aquella subprefectura su residencia principal no quiso nunca cambiar nada en aquella finca de Argelouse, que le venía por parte de su mujer.






8 comentarios:

Glo dijo...

Me ha despertado curiosidad este libro, que parece tratar sobre un lugar perdido, en el fin del mundo.

Pero el fin del mundo es la vida de cualquiera en el momento en el que nos sentimos sin fuerzas para cambiarla, para ir más allá.

Claro está que hablo de mí mismo.

Leería ese libro partiendo de esos prejuicios si tuviera tiempo. Si no tuviera que sostenerme en el aire tirándome de la coleta como el Barón de Munchausen.

giovanni dijo...

Gracias a Google he aterrizado en una página interesante sobre el silencio en la obra de Mauriac:
http://www.jstor.org/pss/3725952

Conozco un poco Les Landes... y en el liceo leí un libro de Mauriac. Tu entrada me hace curioso. Me recomiendas este libro? Lo leíste en francés, supongo. Por qué la tapa en inglés?

Mertxe dijo...

Glo, todos experimentamos esa sensación. Más tarde o más temprano deberemos enfrentarnos al callejón sin salida. Luego se sale o no se sale, a veces, incluso, creemos haberlo superado y no es verdad. Leí a Mauriac hace muchos años, intensamente porque ése es el ritmo que sus densas historias imponen, y me siguen gustando los universos que describe, aunque sus personajes no siempre acaban de convencerme. Excesivos, demasiada lucha entre el bien y el mal...

Mertxe dijo...

Estimado Giovanni, la imagen que ves es meramente ilustrativa. En 'Imágenes' de Google tienes al alcance, casi con toda precisión, el tema que buscas.

En cuanto a tu pregunta, sí, me tocó leerme, y en francés, naturalmente, a una multitud de autores franceses, entre ellos, Mauriac. Mauriac es un autor sumamente interesante y, por recomendártelo, te lo recomiendo absolutamente. Es más, él, como Hitchcock, casi siempre aparece en sus novelas.

Anónimo dijo...

hace mil años que lo leí, pero el regusto que me viene a la boca es dulce y áspero a la vez, como un fruto aún no del todo maduro...siempre incitas a las relecturas, si es que se logra leer dos veces el mismo libro.
gracias siempre.
ate

Mertxe dijo...

¡Ateee! ¿Por dónde andas? Hace como decenios y decenios que no nos leemos...

Un abrazo, y ánimo, que en la relecturas se descubren lecturas que no conseguimos en su momento.

Olvido dijo...

No he leído a Mauriac y te agradezco mucho esta entrada. Tanto pendiente...;-)

Un beso y buen día Mertxe

Mertxe dijo...

Buenas tardes, Olvido.