viernes, 7 de marzo de 2008

El tiempo y Borges


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Se ha dicho que si el tiempo es infinito, el número infinito de vidas hacia el pasado es una contradicción. Si el número es infinito, ¿cómo una cosa infinita puede llegar hasta ahora? Pensamos que si un tiempo es infinito, creo yo, ese tiempo infinito tiene que abarcar todos los presentes y, en todos los presentes, ¿por qué no este presente, en Belgrano, en la Universidad de Belgrano, ustedes conmigo, juntos? ¿Por qué no ese tiempo también? Si el tiempo es infinito, en cualquier instante estamos en el centro del tiempo.


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Tomado de Borges oral, Barcelona, Bruguera, 1983, pág. 38.
 
 
 
 
 
 
 
 
 
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Hace unos días hablábamos de Nietzsche que es lo mismo que hablar del tiempo. Con Ángel González también hemos hablado del tiempo. Hablaremos del tiempo con una infinidad de poetas y escritores. Con nosotros mismos, a cada instante. ¿Hay otro tema? Todo es tiempo, nuestro paisaje y nuestro gesto, esa estrella que vemos brillar en el cielo y que quizás haya muerto ya, el universo entero es tiempo. Se trata de ser mientras vamos dejando de ser para empezar de nuevo. Hay una frase magnífica de Ángel González: "Existo, luego muero". En el tiempo está todo.
..   Hablar del tiempo es hablar de algo sumamente escurridizo y misterioso. San Agustín en sus Confesiones se hacía esta pregunta: "¿Qué es pues el tiempo? Si nadie me interroga, yo lo sé. Si quiero responder a esta pregunta, lo ignoro". San Agustín fue, por cierto, el principal enemigo de un concepto del tiempo que, desde lo arcaico, vuelve constantemente al pensamiento humano: el Eterno Retorno.
..   A Nietzsche le obsesionaba el Eterno Retorno. Puede decirse que toda su filosofía se sustenta en esta concepción que, con el paso de los años, fue evolucionando de manera importante en su pensamiento. No estuvo solo, coincidió en el tiempo con otros dos pensadores franceses: Blanqui (L'Éternité par les astres) y Le Bon (L'Homme et les sociétés), y puede decirse que con estos hombres el siglo XIX se rendía al influjo ancestral del mito.
.   "Yo suelo regresar eternamente al Eterno Regreso", solía decir Borges a la hora de explicar su irremediable recurrencia al tema. Pero Borges siempre fue un tipo muy curioso y fluctuó entre la refutación (La doctrina de los ciclos) y la afirmación. Por un lado negaba ácremente esta doctrina; por el otro aceptaba su posibilidad, si bien con una significativa variante: que los ciclos no serían idénticos, sino similares.
..    La ciencia nos informa de lo que parece obvio: que desde el primer instante de la Gran Explosión, hace la friolera de 13 700 millones de años, estamos abocados a una eterna y gélida oscuridad. Desolador panorama. No me extraña que Nietzsche y Borges tengan como línea temática de prácticamente toda su obra la tranquilizadora cuestión del Eterno Retorno. He escrito tranquilizadora con mucho desparpajo, ¿verdad? Sé que hablo de oleadas y oleadas de millones de años volviendo por sus fueros una y otra vez y que la humanidad jamás llegaría a tener conciencia de su infinito ajetreo. Con las estrellas consumidas, sin suelo en donde poner los pies, ¿qué mirada mirará este carrusel? Hay quien piensa que debería bastarnos con la esperanza, por tibia que sea, de un retorno constante, aunque no sepamos que fuimos y que volveremos a ser. Heidegger decía que el asunto del Retorno no tenía por qué catalogarse como una curiosidad indemostrada e indemostrable, que era una estupidez relegarlo a la categoría de capricho poético o religioso.
..   Amo a Borges. Desde que llegó a mis manos no ha dejado de maravillarme, e inquietarme, cuanto escribe. Sobre el tema del Retorno dejaré aquí algunos textos que me parecen básicos en su pensamiento sobre el tiempo con mayúsculas.


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En tiempos de auge, la conjetura de que la existencia del hombre es una cantidad constante puede entristecer o irritar: en tiempos que declinan (como éstos), es la promesa de que ningún oprobio, ninguna calamidad, ningún dictador podrá empobrecernos. ("EL TIEMPO CIRCULAR", ensayo.) .
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No es posible combinar unos caracteres que la divina Biblioteca no haya previsto y que en alguna de sus lenguas secretas no encierren un terrible secreto. Nadie puede articular una sílaba que no esté llena de ternuras y de temores; que no sea en alguno de esos lenguajes el nombre poderoso de un dios. Hablar es incurrir en tautologías. Esta epístola inútil y palabrera ya existe en uno de los treinta volúmenes de los cinco anaqueles de uno de los incontables hexágonos, y también su refutación. (LA BIBLIOTECA DE BABEL, cuento.) 
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LA NOCHE CÍCLICA
          A Sylvina Bullrich 
.Lo supieron los arduos alumnos de Pitágoras:
los astros y los hombres vuelven cíclicamente;
los átomos fatales repetirán la urgente
Afrodita de oro, los tebanos, las ágoras.
En edades futuras oprimirá el centauro
con el casco solípedo el pecho del lapita;
cuando Roma sea polvo, gemirá en la infinita
noche de su palacio fétido el minotauro.
Volverá toda noche de insomnio: minuciosa.
La mano que esto escribe renacerá del mismo
vientre. Férreos ejércitos construirán el abismo.
(David Hume de Edimburgo dijo la misma cosa).
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No sé si volveremos en un ciclo segundo
como vuelven las cifras de una fracción periódica;
pero sé que una oscura rotación pitagórica
noche a noche me deja en un lugar del mundo
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que es de los arrabales.
Una esquina remota
que puede ser del Norte, del Sur o del Oeste,
pero que tiene siempre una tapia celeste,
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una higuera sombría y una vereda rota.
Ahí está Buenos Aires. El tiempo que a los hombres
trae el amor o el oro, a mí apenas me deja
esta rosa apagada, esta vana madeja
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de calles que repiten los pretéritos nombres
de mi sangre: Laprida, Cabrera, Soler, Suárez...
Nombres en que retumban (ya secretas) las dianas,
las repúblicas, los caballos y las mañanas,
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las felices victorias, las muertes militares.
Las plazas agravadas por la noche sin dueño
son los patios profundos de un árido palacio
y las calles unánimes que engendran el espacio
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son corredores de vago miedo y de sueño.
Vuelve la noche cóncava que descifró Anaxágoras;
vuelve a mi carne humana la eternidad constante
y el recuerdo, ¿el proyecto?, de un poema incesante:
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Lo supieron los arduos alumnos de Pitágoras...
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5 comentarios:

Olvido dijo...

Mertxe buenas reflexiones en las que detenernos con tiempo, para así retenerle de alguna manera.
Buen día

Juan Luis dijo...

Es interesante tu trabajo sobre el tiempo, pero a mí estas cuestiones me dejan un poco perplejo. No sé qué decir. Me parecen indescifrables.

Si la hormiga, si la bacteria pudiesen pensar, qué pensarían sobre el tiempo y el espacio. A la hormiga una calle de cien metros le parecería infinita. Un ser que vive un mes opinaría que un lustro es ¡el eterno retorno!

El tiempo y el espacio son conceptos subjetivos, puras invenciones humanas tal vez...

Mertxe dijo...

Pues sí, Olvido, no deja de ser una buena herramienta.

Juan Luis, el Eterno Retorno es un tema muy agradable de tratar. Pero, claro, no deja de ser un mito. Lo que pasa es que es agradable comentarlo y, sobre todo, muy interesante comprobar que mentes tan maravillosas como las de Nietzsche o Borges, por poner dos ejemplos cercanos, se vieron atrapados en su magia. Que sepamos, el tiempo tiene dos caras: es objetico, ecuable, matemático, y fluye del pasado al futuro, es mazo lineal. Luego está el otro, el subjetivo, el que tú y yo experimentamos, ése que hace eterno lo desagradable y fugaz lo amable.

Glo dijo...

Si alcanzara a disponer de un poco de tiempo, haría un "comentario de texto" (es decir, repetir lo expuesto con mis palabras) para aprender.

Mertxe dijo...

Sigo de 'obras' en mi blog. Soy una perfeccionista compulsiva y quiero arreglar alguna chapucilla que otra. Me quedo más tranquila. Y fíjate que este 'tic' mío me está sirviendo para responder a los comentarios que, sencillamente, olvidé. Lo único que siento es que no volveréis por estos andurriales tan antiguos... jis... jis...