jueves, 14 de febrero de 2008

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....En el parque nos encontrábamos con el pequeño Márquez, que salía de paseo con su tía y sus hermanas. Le dábamos los buenos días y saludábamos ostentosamente a las señoras. Poco a poco, acabamos acompañando, en grupo, a Mamá Doloré y sus sobrinas. Pero siempre estábamos ojo avizor y listos para escondernos en los matorrales a la primera alarma, pues había días en que los vigilantes mostraban excesivo celo y nos perseguían.
....Aquellos paseos eran muy agradables. Las jóvenes hablaban poco, pero las sentíamos cerca de nosotros, y Mamá Doloré nos contaba hermosas historias de su tierra; o bien nos confiaba sus primeras impresiones de París, las mil sorpresas que se llevaba cada día. Había alquilado un piso grande, en la Avenida de Wagram, pero sólo volvía allí para dormir, porque las tiendas (¡tantas tiendas!) eran una tentación demasiado fuerte; ella y las "niñas" comían en los restaurantes del centro, para estar más cerca de las "gangas", y eso que tenían que estar todos los días a la una en San Agustín, con lo cual... "con lo cual, los seis criados del piso de la Avenida de Wagram ¡debían de pegarse la gran vida!". Era una mujer singular, demasiado bien vestida, demasiado perfumada, y mal educada, y encantadora; se fumaba nuestros cigarrillos y, cuando se dirigía a alguno de nosotros, le llamaba "Queridín", con tono de enamorada. Santos decía: "¡Ah, cuándo me llamará queridín la sobrina!".


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4 comentarios:

Nómada planetario dijo...

Con este texto el lector se siente transportado al romántico escenario.
Saludos.

hestia dijo...

leo y disfruto.
y aprendo.

Olvido dijo...

Ya veo que tu también andas con Larbaud;-), esta obra no la he leído.
Un saludo Mertxe

Mertxe dijo...

Gracias a todos, sois muy majos.