martes, 12 de febrero de 2008

Así habló Nietzsche...

Fragmentos póstumos
VOLUNTAD DE PODER Y ETERNO RETORNO
Eterno retorno de lo mismo
36[15]





Si el mundo tuviese una meta, tendría que haberse alcanzado. Si hubiese para él un estado final inintencionado, tendría igualmente que haber sido alcanzado. Si de algún modo fuese capaz de perdurar, de quedar inmóvil, de «ser», si siquiera en un instante de todo su devenir tuviese esta capacidad de «ser», se habría llegado hace tiempo al término de todo devenir, y, así, también de todo pensar, de todo «espíritu». El hecho del «espíritu», en cuanto devenir, demuestra que el mundo no tiene ninguna meta, ningún estado final y es incapaz de ser. La vieja costumbre de pensar en metas respecto a todo acontecer y en un Dios conductor y creador respecto al hecho del mundo es, sin embargo, tan poderosa que el pensador tiene dificultades para no concebir la falta de meta nuevamente como una intención. En esta ocurrencia -que el mundo elude intencionalmente una meta y que sabe incluso evitar artificiosamente caer en una circularidad- han de incurrir quienes desean decretar al mundo la capacidad de eterna novedad, es decir, decretar a una fuerza finita, determinada, invariablemente igual de grande como es el «mundo» - la prodigiosa capacidad de infinita reconfiguración de sus formas y situaciones. El mundo, aunque ya no un Dios, debe ser, sin embargo, capaz del poder divino del creador, de una infinita fuerza de transformación; debe poder prevenir a voluntad recaer en sus formas pretéritas, debe tener no solamente la intención, sino también los medios para cuidarse de toda repetición; debe, pues, controlar en todo instante todos sus movimientos para evitar metas, estados finales, repeticiones - y todo lo que puedan ser las consecuencias de una forma tal de pensar y desear imperdonablemente desquiciada. Ésta todavía sigue siendo la vieja forma religiosa de pensar y desear, una especie de anhelo de creer que en algún respecto el mundo es, en efecto, semejante al viejo y amado Dios infinito e ilimitadamente creador - que, en algún respecto, «el viejo Dios todavía vive» - aquel anhelo de Spinoza que se expresa en la sentencia «deus sive natura» (llegando él incluso a sentir natura sive deus). ¿Cuál es entonces el principio y la fe con los que se formula del modo más determinado el giro decisivo, la recién adquirida preponderancia del espíritu científico sobre el espíritu religioso inventor de dioses? No reza acaso este principio: no es lícito pensar el mundo en cuanto fuerza como algo ilimitado, pues éste no puede ser pensado de esta manera - nos vedamos el concepto de una fuerza infinita como incompatible con el concepto de «fuerza». Así pues - el mundo carece también de la capacidad de eterna novedad.



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¿Qué llevó al filósofo a adoptar esta extraña concepción del tiempo? Existen dos interpretaciones:

1ª)  Matemática: Si la fuerza que existe en el universo es finita mientras que el tiempo es infinito, el modo de unirse de la fuerza a efectos de producir las cosas que experimentamos será también finito. Y parece que las combinaciones finitas dentro de un tiempo infinito están abocadas a repetirse infinitamente.

2ª) Máxima reivindicación de la vida: La vida es fugaz, tan breve que sólo es constatable desde nuestro breve instante. Nada permanece, incluso Nietzsche critica el pensamiento que defiende las entidades permanentes. Sólo en su propia repetición infinita podría lograrse que un instante dure eternamente. Nietzsche habla así de Lo Absoluto: "¿Qué sucedería si un demonio te dijese: 'Esta vida, tal como tú la vives actualmente, tal como la has vivido, tendrás que revivirla... una serie infinita de veces; nada nuevo habrá en ella; al contrario, es preciso que cada dolor y cada alegría, cada pensamiento y cada suspiro vuelvas a pasarlo con la misma secuencia y orden, y también este instante, y yo mismo'. Si este pensamiento tomase fuerza en ti, te transformaría quizás, pero quizás te anonadaría también. ¡Cuánto tendrías entonces que amar la vida y amarte a ti mismo para no desear otra cosa sino esta suprema y eterna confirmación! (El Gay saber)

Otro día hablaremos de Borges...


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8 comentarios:

Glo dijo...

No me extraña que menciones a Borges al final de esta entrada. Lo que has escrito sobre Nietzsche me ha recordado mucho la lógica del autor de El Aleph.

Mertxe dijo...

Así es, Glo. Borges era un tipo curioso (¡casi tanto como Nietzsche!), se estuvo resistiendo a aceptar la circularidad del tiempo, luego acabó por sucumbir al encanto del eterno retorno. Pero la diferencia entre ambos es que el primero hablaba de lo idéntico a sí mismo, y el otro íntroducía una variante: que los ciclos son similares, nunca idénticos. En fin, que romper la linealidad no deja de tener su encanto...

Nómada planetario dijo...

Ante tanta filosofía uno termina por reconocer que sólo se que no se nada, nunca me he adentrado mucho por los mundos filosofales, voy más al momento.
Saludos.

Mertxe dijo...

'Sólo sé que no sé nada', decía Sócrates. Yo diría, mi apreciado Nómada, que eres un filósofo de los pies a la cabeza. ¿Por qué? Porque sólo un filósofo, es decir, un buscador aunque sea en presente de indicativo, es capaz de reconocer que no sabe nada.

Encantada de volver a leerte.

MARTA TEIXIDÓ dijo...

Hola Mertxe,

Paso a visitarte y ¿qué me encuentro? Nada menos que con Nietzsche.

Bueno, el texto invita a la reflexión y a la filosofía. Bueno es recordarlo, pero también hay que tener en cuenta que estamos en un mundo demasiado materialista, y tal vez sus pensamientos no sean comprendidos en la dimensión adecuada. Entiendo su planteamiento, pero confieso que actualmente, debería haber más espiritualidad. Creo que el NIetzsche que publicó el texto que has presentado, miraría de forma distinta el mundo actual, y tal vez, plantearía algún cambio a sus pensamientos

En fin, es mi opinión. Me alegro de que te hayas decidido a escribir un blog. Bienvenida.

Besos y hasta pronto.

Mertxe dijo...

Nietzsche era un hombre que supo evolucionar. Y eso que siempre fue a su aire. Si viviera ahora, es seguro que continuaría arrancándole la cabeza a todo títere que se cruzase en su camino. Pero no creo que cambiara su pensamiento básico: la afirmación de la vida y el rechazo de todo aquello que la destruye. Era materialista, nihilista hasta los huesos. Y que acudiera al mito griego del eterno retorno no es casualidad. Era, sin embargo, muy contradictorio, porque negar un estado final de perfección y, acto seguido, hablarnos del superhombre... Se las trae.

Gracias por tu visita, Marta.

francisco aranguren dijo...

Con dieciseis años tenía para mí una evidencia de verdad la frase del "Anticristo": "un sí, un no, una recta, una meta". Quizás no tuviera meta el mundo, pero cada uno debía proyectar su energía en una dirección: "no contento, sino aumento de poder". Para mi timidez, ese aumento de poder requería un sobreesfuerzo intelectual.
Hoy veo las cosas un poco diferentes. "Un depende, un es posible...caminos que se bifurcan y ninguna meta, sino paradas, fondas, apeaderos provisionales". Tampoco aumento de poder, sino disminución de la sensación de poder hacia una entrega al devenir de las cosas. Aventura y viaje, aceptación. Un abrazo.

Mertxe dijo...

Sí, Francisco, sí. A medida que se vive, y hablo en nombre de los espíritus como el mío (milito en la 'fe' de Ángel González) que siempre vislumbramos la nada al final del jaleo de vivir, la marcha se hace más lenta, más contemplativa también, y desde luego y como bien dices, de total aceptación.

Otro abrazo.