viernes, 18 de enero de 2008




Así comienza el diario de Ana Frank:

"El viernes desperté ya a las seis. Era comprensible, pues fue el día de mi cumpleaños. Pero no podía levantarme tan temprano y hube de apaciguar mi curiosidad hasta las siete menos cuarto. Entonces ya no soporté más y corrí hasta el comedor, donde nuestro pequeño gatito, Mohrchen, me saludó con efusivo cariño. Después de las siete fui al dormitorio de mis padres y, enseguida, con ellos al salón para encontrar y desenvolver mis regalos. A ti, mi diario, te vi en primer lugar, y sin duda fuiste mi mejor regajo. También me obsequiaron un ramo de rosas, un cactus y unas ramas de rosas silvestres. Fueron los primeros saludos del día, ya que más tarde habría bastante más. Papá y mamá me entregaron numerosos regalos y mis amigos tampoco se quedaron atrás en materia de mimarme."

Hasta el 1 de agosto de 1944, fecha de la última entrada, no dejó de escribir a su 'amiga del alma' Kitty. En realidad no fue un diario lo que esta niña fue escribiendo, fue una sucesión de cartas a un ser ficticio... que tal vez no lo era en absoluto. Está muy extendida la sospecha de que Kitty era ella misma al otro lado del encierro.

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2 comentarios:

guillermo dijo...

La verdad es que el género epistolar ha sido cultivado con mayor profusión por las mujeres, existiendo, a parte del diario de Ana Frank, una gran reserva de literatura epistolar femenina que nació de la represión social, por un parte, que impedía a la mujer el desarrollo social, y, por otra, de la tendencia de la mujer a reservarse sus sentimientos en la interioridad del alma, resultando que las cartas, por su privacidad, representó un medio útil de canalización del sentimiento tierno femenino.

La epístola se ha recuperado con los email (el libro de Marta, hija de Peridis, es un bello ejemplo de esto), y es posible que el blog sea a día de hoy un medio nuevo de expresión artística.

En fin Mertxe, acertado el post y un beso desde aquí

Mertxe dijo...

Gracias, Guillermo. Me resistía a tener un blog, pero el tiempo me pesaba demasiado y te hice caso.