lunes, 21 de enero de 2008

Mortadelo y Filemón

De niña leí muchos tebeos gracias a mi primo Rafa y nunca le estaré suficientemente agradecida por aquella especie de tutoría de lecturas que ejerció sobre mí. Si cierro lo ojos, lo veo sentado en el suelo, haciendo escuadra con cualquier esquina de la habitación, con un tebeo entre las manos y su cara regordeta dentro. Era casi cinco años mayor que yo y su autoridad en aquella pre-literatura era indiscutible entre familiares y amigos. Al principio, no se metía a penas con mi magra biblioteca por entender, como buen maestro, que una niña tan pequeña necesita un rodaje previo a base de hadas, gnomos, príncipes, enanitos y seres así. Pero en cuanto vio que yo juntaba las letras en mi cerebro lo bastante como para entender una historia más allá de los dibujitos y los colorines, fue y me largó el TBO. Inolvidable. Fue una de esas cosas que luego se recuerdan toda la vida. Inmediatamente, me presentó al Jaimito y al Pulgarcito; a los héroes del medievo El Guerrero del Antifaz, El Jabato y El Capitán Trueno; y aquellos tan dramáticos llamados Hazañas Bélicas. (Aprendí a dibujar aviones de combate: un simple trazo horizontal, en el centro un punto para la cabina, y en el centro de las dos extremidades, las hélices; a veces incluso marcaba puntito negros debajo para simular bombas descendiendo.)

Ya no me interesaba este tipo de lecturas cuando, de pronto, Rafa me trajo el Pulgarcito en que aparecían dos nuevos personajes: Mortadelo y Filemón, Agencia de Información.  No, no era el número 1394 del 20 de enero de 1958. No lo recuerdo bien pero diría que pudo ser un año más tarde. A mi primo, que seguía conservando como oro en paño sus colecciones de tebeos de la infancia, alguien le había regalado ése y se dio mucha prisa en pasármelo. Me reí como una loca. La verdad es que los dibujos eran estupendos. Impactantes, como diríamos ahora. Años después, una madrugada de noviembre de 1979 salí rebotada de mi saco de dormir, fastidiada precisamente por no poder dormir y más exactamente por ver cómo dormían a pierna suelta mis compañeros de encerrona. Me fui de muy malas pulgas hasta la máquina del café. Mientras me tomaba el primero de los quinientos o más que me iba a echar al coleto durante la jornada, descubrí sobre una silla un ejemplar de Mortalelo y Filemón que a la sazón ya trabajaban para la T.I.A. (Acabo de leer en El Mundo que Ibáñez posiblemente se inspiró en aquel estupendo Superangente 86  del zapatófono, con el que tanto disfrutamos en los años del blanco y negro televisivo... y político.)

Esa madrugada no conseguí pegar ojo. pero mereció la pena. Las disparatadas aventuras de los espías-chapuza consiguieron sacarme de una triste realidad.  Para compensar, eché una buena cabezadita en la asamblea general. Tuve la precaución de sentarme en el suelo, lejos, lo más lejos que pude de los gritos y los insultos, de la propaganda y la demagogia y de tantas otras cosas que se perpetran en este tipo de eventos. Si dijera ahora que soñé con mis héroes, sin duda me quedaría muy redondo el asunto. Pues no, no soñé con ellos, de eso estoy segura. Soñé, eso sí, porque siempre se sueña durante el acto fisiológico de dormir, y acaso es lo mismo, o acaso no lo es, qué más da a fin de cuentas, lo cierto es que yo soñé en blanco y en blando gracias a los plásticos para embalaje que me sirvieron de colchón. Y al despertar todavía fue mejor ya que el almacén estaba desierto. Blanco, blando y hueco. ¿Quién da más?

Cerró a las pocas semanas la empresa donde yo había trabajado veinte años. En cambio, veo ahora que la empresa de Mortadelo y Filemón, a pesar de haber sufrido avatares parecidos, sigue perviviendo debidamente saneada y actualizada.


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5 comentarios:

Juan Luis dijo...

Esas primeras lecturas son impagables. Y no digamos los tebeos... Emoción a raudales.
Que te mejores, Mertxe.

Nómada planetario dijo...

También pasé por ahí, incluso me devoré a Marcial Lafuente Estefanía y sus relatos del Oeste. Aquello fue la plataforma para asuntos más serios.

Saludos.

Mertxe dijo...

Del tebeo a los libros... No creo que haya un tránsito más seguro y placentero.

Gracias a los dos.

Glo dijo...

Parece ser que la quiebra de Bruguera dio también muchos problemas a Ibáñez, que pasó bastante tiempo sin poder publicar historietas de sus más célebres creaciones.

Para mí Mortadelo y Filemón fueron, no solamente un comienzo de lectura, sino una influencia (no siempre positiva) en mi faceta de dibujante, que de una manera u otra, he seguido ejerciendo hasta hoy.

Un saludo.

Mertxe dijo...

Un tardío saludo, Glo.