martes, 30 de diciembre de 2008

La Bohème en paroles


La Bohème


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Je vous parle d'un temps
Que les moins de vingt ans
Ne peuvent pas connaître.
Montmartre, en ce temps-là,
Accrochait ses lilas
Jusque sous nos fenêtres.
Et si l'humble garni
Qui nous servait de nid
Ne payait pas de mine,
C'est là qu'on s'est connu,
Moi, qui criait famine,
Et toi, qui posais nue.
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La bohème, la bohème,
Ça voulait dire on est heureux.
La bohème, la bohème,
Nous ne mangions qu'un jour sur deux.
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Dans les cafés voisins
Nous étions quelques-uns
Qui attendions la gloire
Et bien que miséreux,
Avec le ventre creux,
Nous ne cessions d'y croire.
Et, quand quelque bistro
Contre un bon repas chaud
Nous prenait une toile,
Nous récitions des vers
Groupés autour du poêle,
En oubliant l'hiver.
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La bohème, la bohème,
Ça voulait dire tu es jolie.
La bohème, la bohème,
Et nous avions tous du génie.
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Souvent il m'arrivait
Devant mon chevalet
De passer des nuits blanches,
Retouchant le dessin
De la ligne d'un sein,
Du galbe d'une hanche,
Et ce n'est qu'au matin
Qu'on s'asseyait enfin
Devant un café-crème
Epuisés mais ravis.
Fallait-il que l'on s'aime
Et qu'on aime la vie.
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La bohème, la bohème,
Ça voulait dire on a vingt ans,
La bohème, la bohème,
Et nous vivions de l'air du temps.
Quand, au hasard des jours,
Je m'en vais faire un tour
À mon ancienne adresse,
Je ne reconnais plus
Ni les murs, ni les rues
Qui ont vu ma jeunesse.
En haut d'un escalier
Je cherche l'atelier
Dont plus rien ne subsiste.
Dans son nouveau décor
Montmartre semble triste
Et les lilas sont morts.
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La bohème, la bohème,
On était jeunes, on était fous.
La bohème, la bohème,
Ça ne veut plus rien dire du tout.
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(Une chanson d'Aznavour à réciter)

sábado, 27 de diciembre de 2008

Ramón de Campoamor

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          Quién supiera escribir

Escribidme una carta, señor cura.
-Yá sé para quién es.
-¿Sabéis quién es, porque una noche oscura
nos visteis juntos? - Pues.

-Perdonad; mas... -No extraño ese tropiezo
La noche... la ocasión...
Dadme pluma y papel. Gracias; Empiezo:
Mi querido Ramón:

-Querido?... Pero, en fin, ya lo habéis puesto...
-Si no queréis... -¡Sí, sí!
-Qué triste estoy! ¿No es eso? - Por supuesto
-¡Qué triste estoy sin tí!

Una congoja, al empezar, me viene...
-¿Cómo sabéis mi mal?...
-Para un viejo, una niña siempre tiene
el pecho de cristal.

¿Qué es sin ti el mundo? Un valle de amargura.
¿Y contigo? - Un edén.

-Haced la letra clara, señor cura;
que lo entienda eso bien.

-El beso aquel que de marchar a punto
te dí...
 -¿Cómo sabéis?...

-Cuando se va y se viene y se está junto,
siempre... no os afentéis.

Y si volver tu afecto no procura,
tanto me harás sufrir...

-¿Sufrir y nada mas? No, señor cura,
¡que me voy a morir!

-¿Morir? ¿Sabéis que es ofender al cielo...
-Pues, sí señor ¡morir!
-Yo no pongo morir. - ¡ Qué hombre de hielo!
¡Quién supiera escribir!

II

¡Señor rector, señor rector! en vano
me queréis complacer,
si no encarnan los signos de la mano
todo el sér de mi ser.

Escribidle, por Dios, que el alma mía
ya en mí no quiere estar;
que la pena no me ahoga cada día...
porque puedo llorar.

Que mis labios las rosas de su aliento,
no se saben abrir;
que olvidan de la risa el movimiento
a fuerza de sentir.

Que mis ojos, que el tiene por tan bellos,
cargados con mi afán,
como no tienen quien se mire en ellos,
cerrados siempre están.

Que es, de cuántos tormentos he sufrido,
la ausencia el más atroz;
que es un perpetuo sueño de mi oído
el eco de su voz...

Que siendo por su causa, el alma mía
¡goza tanto en sufrir!...
Dios mío, ¡cuántas cosas le diría
si supiera escribir!...

III

EPILOGO

-Pues señor, ¡bravo amor! Copio y concluyo;
A don Ramón... En fin,
que es inútil saber para esto, arguyo,
ni el griego ni el latín.






domingo, 21 de diciembre de 2008

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....Tarde de junio con muy escasa luz
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La tormenta lejana me ha descendido el cielo
hasta un nivel fraterno;
siento los labios secos, húmeda la memoria,
.......................................................................penetrante
el abombado eco del recuerdo, casi como esa puerta
que golpea la tarde,
que sirve de compás a una naciente angustia desperezada en gris.
Y porque llegas tú me agito y me incorporo
cercano a Henry Rousseau,
........................................... hay un espejo que no quiero mirar, donde reluce
toda mi hipocresía.
Me acerco a la ventana donde tiemblan las hojas dulciamargas de los tilos,
crujientes de belleza
y de malignidad,
y aquí estás,
.................... aquí estás...
apenas me arriesgo a darme vuelta;
resuenan las primeras falanges de la lluvia, me vuelvo a ti,
.............................................................................................. me vuelvo
con un dolor terrible,
y no me dices nada, pero veo
tus pupilas de cobre, y la boca entreabierta y las pequeñas grietas
(diminutas heridas abiertas por mis besos,
por el diente
profanador y cruel),
y el nido de tus pechos que me llama, me cerca, me pide
que recline la cabeza,
la voluntad,
el miedo,
la cabeza apoyada en los calientes frutos de tu carne.
La tormenta descuelga sus pinturas,
rasga el cielo harapiento
y hace girar la médula quejosa de los goznes;
no puedo más y grito: ¡no quiero que te vayas...!
y te rodeo, entera, con mis brazos.
Pero tú no eres nada, solamente vacío;
abro la palma ansiosa, sólo queda
el polvo pegajoso de los desvanes ya deshabitados.
¿Qué me empuja a gritar,
y qué me obliga a resguardarme el rostro entre las manos...?
Un calambre de luz sacude el cielo frío,
suena un reloj,
........................ el Sur,
las lóbregas tarimas.
Y el trueno en una inmensa, poderosa y rugiente carcajada.
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Largo regreso a Ítaca y otros poemas
jorge g. aranguren

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jueves, 18 de diciembre de 2008



          Extremeñas

Señol jues, pasi usté más alanti
y que entrin tos esos.
No le dé a usté ansia,
no le dé a usté mieo...
Si venís antiayel a afligila
sos tumbo a la puerta. ¡Pero ya s'ha muerto!
Embargal, embargal los avíos,
que aquí no hay dinero:
lo he gastao en comía pa ella
y en boticas que no le sirvieron;
y eso que me quea,
porque no me dio tiempo a vendello,
ya me está sobrando,
ya me está jediendo.
Embargal esi sacho de pico,
y esas jocis clavás en el techo,
y esa segureja
y ese cacho e liendro...
¡Jerramientas, que no quedi una!
¿Ya pa qué las quio?
Si tuviá que ganalo pa ella,
¡cualisquiá me quitaba a mí eso!
Pero ya no quio vel esi sacho,
ni esas jocis clavás en el techo,
ni esa segureja
ni esi cacho e liendro...
¡Pero a vel, señol jues: cuidiaíto
si alguno de esos
es osao de tocali a esa cama
ondi ella s'ha muerto:
la camita ondi yo la he querío
cuando dambos estábamos güenos;
la camita ondi yo la he cuidiau,
la camita ondi estuvo su cuerpo
cuatro mesis vivo
y una noche muerto!...
Señor jues: que nenguno sea osao
de tocali a esa cama ni un pelo,
porque aquí lo jinco
delanti usté mesmo.
LLeváisoslo todu,
todu, menus eso,
que esas mantas tienin
suol de su cuerpo...
¡y me güelin, me güelin a ella
ca ves que las güelo!...




josé maría gabriel y galán


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sábado, 13 de diciembre de 2008

VICTOR HUGO

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Lise .
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Yo tenía doce años; dieciséis ella al menos.
Alguien que era mayor cuando yo era pequeño.
Al caer de la tarde, para hablarle a mis anchas,
esperaba el momento en que se iba su madre;
luego, con una silla me acercaba a su silla,
al caer de la tarde, para hablarle a mis anchas.
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¡Cuánta flor la de aquellas primaveras marchitas,
cuánta hoguera sin fuego, cuánta tumba cerrada!
¿Quién se acuerda de aquellos corazones de antaño?
¿Quién se acuerda de rosas florecidas ayer?
Yo sé que ella me amaba. Yo la amaba también.
Fuimos dos niños puros, dos perfumes, dos luces.
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Ángel, hada y princesa la hizo Dios. Dado que era
ya persona mayor, yo le hacía preguntas
de manera incesante por el solo placer
de decirle: ¿Por qué? Y recuerdo que a veces,
temerosa, evitaba mi mirada pletórica
de mis sueños, y entonces se quedaba abstraída.
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Yo quería lucir mi saber infantil,
la pelota, mis juegos y mis ágiles trompos;
me sentía orgulloso de aprender mi latín;
le enseñaba mi Fedro, mi Virgilio, la vida
era un reto, imposible que algo me hiciera daño.
Puesto que era mi padre general, presumía.

Las mujeres también necesitan leer
en la iglesia en latín, deletreando y soñando;
y yo le traducía algún que otro versículo,
inclinándome así sobre su libro abierto.
El domingo, en las vísperas, desplegar su ala blanca
sobre nuestras cabezas yo veía a los ángeles.

De mí siempre decía: ¡Todavía es un niño!
Yo solía llamarla Mademoiselle Lise.
Y a menudo en la iglesia, ante un salmo difícil,
me inclinaba feliz sobre su libro abierto.
Y hasta un día, ¡Dios mío, Tú lo viste!, mis labios
hechos fuego rozaron sus mejillas en flor.

Juveniles amores, que duraron tan poco,
sois el alba de nuestro corazón, hechizad
a aquel niño que fuimos con un éxtasis único.
Y al caer de la tarde, cuando llega el dolor,
consolad nuestras almas, deslumbradas aún,
juveniles amores, que duraron tan poco.
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(Versión de Enrique Uribe White)

viernes, 5 de diciembre de 2008

Poetas griegos de la Generación de los Veinte


Hace unos días, mientras buscaba documentación literaria que diera solidez a mis desmejorados recuerdos sobre los poetas griegos contemporáneos, pasé rápidamente y de puntillas por la denominada Generación de los Veinte. Los recordaba oscuros, estáticos y extáticos; me produjeron 'respeto', por lo que no me permití ir más allá de un fisgoneo superficial. Con todo, leí -soy mujer, cómo resistirse- algunos poemas terribles, bellísimos, estremecedores poemas que me inocularon una mezcla inquietante de sentimientos. Después, ya lo he dicho, graciosa y disimuladamente huí. Hoy por hoy no me conviene la penumbra, no debo acercarme a nada que me oscurezca ese pálido sol que todavía se me enciende cada mañana y que yo agradezco lo mismo que si tuviera los kilowatios que tenía antes. Pero lo cierto es que la sensatez en estos terrenos nunca ha sido mi fuerte, confieso que el peligro me atrae fatalmente. Una es débil frente a sus vicios, siempre caigo, una y otra vez, son irrenunciables y, ya, consustanciales. Nada más terminar mi artículo sobre Seferis me di cuenta de que no tenía más remedio que volver a los poetas de la nostalgia y el pesimismo. En mi cabeza había encallado la tentación, 'un beaux ténébreux' me llamaba irresistiblemente. Me armé de valor e hice toc toc en su puerta. Como es natural, nadie contestó. ¿Existe una invitación más directa para el morbo que el silencio? Entré. Con prevención, con miedo, entré.
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Kostas Karyotakys, alma mater de Seferis y Ritsos... Dicen que fue un poeta menor, pero cuando se alumbra el camino de otros, otros de la talla de los que acabo de citar, ¿qué fundamento tiene semejante catalogación? De Seferis y su generación, que abrieron ventanas y balcones, que levantaron techos para que el viento del Egeo entrara a reanimar a una Grecia postrada, poco menos que difunta, no podía esperarse indiferencia hacia sus apáticos y magníficos predecesores. Ellos mismos tuvieron, en dosis más o menos abundantes, sentimientos de pesimismo y derrota. ¿Cómo escapar de ellos? Seferis tiene una obra que es crónica cruda de un naufragio; en cuanto a Ritsos, ¿no está también enfermo de nostalgia del remoto pasado entre llanto y llanto por su propia historia?
...
La realidad, aquella que les tocó vivir a todos, imponía estas heridas, las cultivó de por vida en aquellos seres cuya cosmovisión era lúcida, práctica y necesariamente emprendedora. Nada es casual en este mundo, a las sombras les sigue la luz hasta que nuevas sombras, hasta que nuevas luces vengan a alternarse. Kariotakis insufló su lírica y su vírica a estos hombres. Kariotakis, poeta maldito de amarga palabra, elegíaco y satírico, marginal hasta extremos impensables supo transmitir la esencia de su arte a sus sucesores de pulso más seguro pero, desde luego, detentadores de la misma inagotable inspiración que revive remotas historias. Y aquí se me enciende una frase de Victor Hugo en Los Miserables. Se refería a 'instituciones envejecidas' y a mí se me ocurre que muy bien pudiera, ampliamente, eso sí, aplicarse a la permanencia de esa Grecia ancestral que todos llevamos en el alma. Se la birlo: "La terquedad que manifiestan en perpetuarse las instituciones envejecidas se parece a la obstinación del perfume rancio que quiere embalsamar nuestros cabellos; a la pretensión del pescado podrido que quiere ocupar un buen lugar en la mesa; a la insistencia de las mantillas del niño que quieren vestir al hombre y a la ternura de los cadáveres que vuelven para abrazar a los vivos". La ternura de los cadáveres que vuelven para abrazar a los vivos es el punto neurálgico de este dolor generacional de todo griego, acrecentado por la larga noche de su diáspora. "Toda realidad me es abominable...", escribe Karyotakys. Todavía no se había suicidado de una manera definitiva  y su voz sonaba como un lúgubre augurio. ¿Augurio? Eran mucho más que eso aquellos versos: eran el anuncio formal, aunque demorado, de su muerte:

.....SUICIDAS IDEALES
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En la entrada dan un giro a la llave,
reabren cada vieja carta guardada,
leen tranquilos y después arrastran graves
por última vez sus pasos por la casa.
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La vida, dicen, fue una tragedia para ellos.
Dios mío, la carcajada horripilante de los hombres,
las lágrimas, el sudor, el anhelo de los cielos,
la solitud de tan vastos y pobres parajes.
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Se quedan frente a la ventana, lejos, mirando
la naturaleza, los árboles, a algún infante,
ven cómo los marmolistas siguen martilleando al sol
que quiere bajar al poniente para siempre.
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Todo terminó. He aquí la nota,
breve, simple, profunda, como corresponde,
de indiferencia llena, de perdón
por aquél que ha de llorarla y de leerla.
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Se miran al espejo. Miran la hora,
se preguntan si es error acaso o locura,
"todo terminó", murmuran ahora
que han de postergarla, seguros en el fondo.
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.Fue, decididamente, una víctima del pesimismo. Rechazó la sociedad, abominó de la realidad, y su temprano final a manos de sí mismo, vino a culminar una vida doliente y desesperada. "¿Qué voluntad divina nos gobierna, / qué trágico destino sujeta el hilo / de los días vacíos que ahora vivimos / como movidos por una antigua y funesta costumbre?", escribía entregado ya a su destino.

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Kostas Uranis tenía la voz tan vencida como la de Kariotakis, igualmente cansada de vivir. En sus poemas hay muchas sombras, mares de melancolía que se agitan en un crepúsuculo constante. Sus críticos dicen de él que contempla la vida como si fuera un naufragio, porque quiere acabar, ansía hundirse en las profundidades de un mar que lo silencie definitivamente:
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Dejen ya de lanzar la señal de peligro,
los aullidos de la histérica sirena detengan
y abandonen el timón en manos de la tormenta:
¡el naufragio más horrible sería el salvarnos!


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Takis Papatsonis está aquejado de otro mal, éste antiguo como la vida, perverso, como la enfermedad que se empeña en condenarnos por un pecado que no nos corresponde:
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Siento que soy un hombre manchado,
de un rico jardín con flores y fuentes
noche y día por fuera de sus Rejas camino
y no veo que se abra la Gran Puerta para entrar.



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He seguido leyendo todo lo que he podido. Aún lo haré, tengo que ahondar en Uranis y Papatsonis, que me han dejado con la miel en los labios... y el miedo puesto.

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miércoles, 3 de diciembre de 2008

Iñaki Uria Mendizabal

Como casi todos los días, Ignacio acostumbraba a jugar una partida de cartas con los amigos. 'Gorria' como le llamaban sus amigos más cercanos, era un hombre del pueblo, al que le gustaba estar con sus amigos, disfrutar de una partida de cartas o cantar en el coro parroquial de Azpeitia.
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Sobre las 13:00 horas, cinco minutos después de abandonar su domicilio, Ignacio ha sido sorprendido por una pareja de terroristas en el parking del conocido restaurante Kiruri, cercano a la Basílica de Loyola, cuando se dirigía a jugar su partida diaria de cartas.
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La empresa de la que Ignacio Uria era propietario, Altuna y Uria, había sido víctima de ataques por parte de la banda terrorista, pero Ignacio, en el momento del asesinato no llevaba escolta, y lo que hasta hoy eran amenazas, se han convertido esta mañana en una nueva víctima.
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En el último comunicado de la banda terrorista, ETA denunciaba la construcción de la 'Y vasca', en la que colaboraba la empresa 'Altuna y Uria', por ser ajena a los intereses de los vascos, según la banda terrorista.
.Ignacio
Ignacio Uría estaba casado y tenía cinco hijos. 'Gorria' que cumplía 71 años el próximo 4 de enero, tenía un carácter afable y divertido, por lo que era muy querido en su pueblo, Azpeitia, que en la actualidad se encuentra gobernado por ANV.
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miércoles, 26 de noviembre de 2008



Las cosas que se van no vuelven nunca,
todo el mundo lo sabe,
y entre el claro gentío de los vientos
es inútil quejarse.
¿Verdad, chopo, maestro de la brisa?
¡Es inútil quejarse!
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Sin ningún viento,
¡hazme caso!,
gira, corazón;
gira, corazón.

(Estrofas finales de Veleta, del Libro de Poemas, 1921)

FEDERICO GARCÍA LORCA



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Si se puede ser más que poeta, Federico lo fue. Ni mejor ni peor que otros de su estatura literaria y, sin embargo, algo le hizo diferente, inmenso. Un soplo extraño le habitaba. Más allá de su arte y de su técnica, él brillaba cálido y eterno. Jorge Guillén dice de él en su prólogo a 'Obras completas de Federico García Lorca': "Lo sabe todo el mundo, es decir, en esta ocasión el mundo entero: Federico García Lorca fue una criatura extraordinaria. 'Criatura' significa más que 'hombre'. Porque Federico nos ponía en contacto con la creación, con ese conjunto de fondo en que se mantienen las fuerzas fecundas, y aquel hombre era ante todo manantial, arranque fresquísimo de manantial, una transparencia de origen entre los orígenes del universo, tan recién creado y tan antiguo".
....Mi generación fue una gran beneficiaria suya. Nos descubrió la poesía a todos los niveles, pero creo que quien más quien menos lo ha sido, beneficiario, agraciado. En un cajón secreto de mi casa estaba él, vivía allí, vigilante, atento, siempre preparado para hablarnos. Mi ama lo adoraba. Mi aita lo respetaba. Mi abuela Florentina iba mucho más lejos. Lo tenía junto a sus otros tres ídolos en lo que se consideraba el santuario de la casa, es decir, el dormitorio conyugal. La Virgen de la Merced, desde la cabecera de la cama, con su Niño sonrosado y vivaracho en los brazos, miraba dulce e inquisitivamente a un distraído Pablo Iglesias que colgaba en la pared de enfrente; sobre el tocador, justo bajo el espejo, un cuadrito de madera enmarcaba el bello rostro de mi tía Rosa, muerta de tuberculosis a los veinticuatro años. Y muy cerquita, el Romancero Gitano, una sobada edición en cuya portada aún se adivinaba el gesto travieso en el rostro de Federico. Mi abuela era así. Creía en Dios, creía en la Revolución Pendiente, y creía que su amada hija estaba en el Cielo, charlando con Don Pablo y Don Federico. Diecisiete partos, nueve hijos vivos y dos adoptados. Un año de exilio en Francia. El exilio de las ideas hasta su prematura muerte a los sesenta años. Una hora antes de morir le dijo a mi madre que se iba con sus cuatro amores, a descansar de la vida, a vivir por fin. Y que aquí paz, que mucho ojo con ponerse a llorar como fuentes, que ella había sido feliz en la medida en que se puede serlo en este mundo y que "ya nos veremos en el Valle de Josafat". Mi abuela era una castellana muy flamenca.
....La vi muchas veces con el Romancero entre las manos. Al final de su vida le quedaba muy poca vista y pienso ahora que el libro era más una compañía física que otra cosa. Lo acariciaba largamente. Un amigo. Un amigo muy fiel y complaciente. Se sabía de memoria la mayoría de los poemas, verde que te quiero verde..., aún la oigo con toda nitidez, y su preferido, los caballos negros son... Recuerdo que sus 'nanas' para mis siestas eran esos versos que ella recitaba bajito, con aquella voz tan rota de amor, tan cansada de sentir. Este poema que he puesto hoy también formaba parte de su repertorio. Pero era un repertorio privado. Mi tía Rosa había muerto un 26 de noviembre y hay poemas que sólo deben sonar entre nuestra alma y el alma de los muertos.

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viernes, 21 de noviembre de 2008


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....Edad de la memoria azul
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.T
u cuerpo humano greda y pecado.
Como nuestro primer día en la tierra
Festejaban las amarilidáceas -pero recuerdo doliste
Fue una mordedura profunda en los labios
Un profundo uñazo en la piel hacia donde el tiempo se marca perpetuamente.
Te dejé entonces...
Y un soplo sonoro levantó las blancas casas
Los blancos sentimientos recién lavados arriba
Al cielo que iluminaba con una sonrisa.
Ahora tendré a mi alcance un cántaro de agua inmortal
Tendré una forma de libertad de viento que sacude
Y aquellas tus manos donde se atormentará el Amor
Y esa tu concha donde resonará el Egeo.
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Odysseas Elytis

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Olivares y viñedos lejos hasta el mar
Pesqueros rojos más lejos hasta la memoria
Élitros dorados de agosto en el sueño de mediodía
Con algas o conchas. Y ese bote
Recién varado, verde, que reza todavía en la paz del seno de las aguas Quiera Dios
Pasaron los años hojas o guijarros
Recuerdo la muchachada, los marinos que partían
Tiñendo sus velas como sus corazones
Cantaban los cuatro puntos cardinales
Y tenían dibujados tramontanas en el pecho.
Qué buscaba cuando llegaste teñida por el despuntar del sol
Con la edad del mar en los ojos
Y con la salud del sol en el cuerpo -qué buscaba
En lo profundo de las grutas marinas en los sueños anchos
Donde espumaba sus sentimientos el aire
Desconocido y azul, grabando en mi pecho su emblema pelágico.
Con la arena en los dedos cerraba los dedos
Con la arena en los dedos apretaba los dedos
Era el tormento
Recuerdo era abril cuando por primera vez tu peso humano

viernes, 24 de octubre de 2008

Jesús muere, muere y ya va dejando la vida, cuando de pronto el cielo se abre de par en par por encima de su cabeza, y Dios aparece, vestido como estuvo en la barca, y su voz resuena por toda la tierra diciendo, Tú eres mi Hijo muy amado, en ti pongo toda mi complacencia. Entonces comprendió Jesús que vino traído al engaño como se lleva al cordero al sacrificio, que su vida fue trazada desde el principio de los principios para morir así, y, trayéndole la memoria el río de sangre y de sufrimiento que de su lado nacerá e inundará toda la tierra, clamó al cielo abierto donde Dios sonreía. Hombres, perdonadle porque Él no sabe lo que hizo. Luego se fue muriendo en medio de un sueño, estaba en Nazaret y oía que su padre le decía, encogiéndose de hombros y sonriendo también, Ni yo puedo hacerte todas las preguntas, ni tú puedes darme todas las respuestas. Aún había en él un rastro de vida cuando sintió que una esponja empapada en agua y vinagre le rozaba los labios, y entonces, mirando hacia abajo, reparó en un hombre que se alejaba con un cubo y una caña al hombro. Ya no llegó a ver, colocado en el suelo, el cuenco negro sobre el que su sangre goteaba.



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El Evangelio según Jesucristo
JOSÉ SARAMAGO
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miércoles, 22 de octubre de 2008

El número Pi


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Digno de admiración es el número Pi
Tres coma catorce,
Todas sus siguientes cifras también son iniciales,
Quince noventa y dos porque nunca termina.
No se deja abarcar sesenta y cinco treinta
Ycinco con la mirada,
Ochenta y nueve con los cálculos
Setenta y nueve con la imaginación
Y ni siquiera treinta y dos treinta
Y ocho con una broma o sea comparación
Cuarenta y seis con nada
Veintiséis cuarenta y tres en el mundo.
La serpiente más larga de la tierra
Después de muchos metros se acaba.
Lo mismo hacen aunque un poco después
Las serpientes de las fábulas.
La comparsa de cifras que forma el número Pi
No se detiene en el borde de una hoja,
Es capaz de continuar por la mesa, el aire,
La pared, la hoja de un árbol, un nido, las nubes,
Y así hasta el cielo,
A través de toda esa hinchazón e inconmensurabilidad celestiales.
¡Oh, qué corto, francamente rabicorto es el cometa!
¡En cualquier espacio se curva el débil rayo de una estrella!
Y aquí dos treinta y uno cincuenta y tres diecinueve
Mi número de teléfono el número de tus zapatos
El año mil novecientos setenta y tres piso sexto
El número de habitantes sesenta y cinco céntimos
Centímetros de cadera dos dedos charada y mensaje cifrado,
En la cual, ruiseñor que vas a Francia,
Y se ruega mantener la calma
Y también pasarán la tierra y el cielo,
Pero no el número Pi, de eso ni hablar,
Seguirá sin cesar con un cinco en bastante buen estado,
Y un ocho, pero nunca uno cualquiera,
Y un siete, que nunca será el último,
Y metiéndole prisa, eso sí, metiéndole prisa
A la perezosa eternidad para que continúe.

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wislawa szymborska

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domingo, 19 de octubre de 2008

De la página "Patente de corso":




ARTURO PÉREZ-REVERTE
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Cuadrilla de golfos apandadores, unos y otros. Refraneros casticistas analfabetos de la derecha. Demagogos iletrados de la izquierda. Presidente de este Gobierno. Ex presidente del otro. Jefe de la patética oposición. Secretarios generales de partidos nacionales o de partidos autonómicos. Ministros y ex ministros –aquí matizaré ministros y ministras– de Educación y Cultura. Consejeros varios. Etcétera. No quiero que acabe el mes sin mentaros –el tuteo es deliberado– a la madre. Y me refiero a la madre de todos cuantos habéis tenido en vuestras manos infames la enseñanza pública en los últimos veinte o treinta años. De cuantos hacéis posible que este autocomplaciente país de mierda sea un país de más mierda todavía. De vosotros, torpes irresponsables, que extirpasteis de las aulas el latín, el griego, la Historia, la Literatura, la Geografía, el análisis inteligente, la capacidad de leer y por tanto de comprender el mundo, ciencias incluidas. De quienes, por incompetencia y desvergüenza, sois culpables de que España figure entre los países más incultos de Europa, nuestros jóvenes carezcan de comprensión lectora, los colegios privados se distancien cada vez más de los públicos en calidad de enseñanza, y los alumnos estén por debajo de la media en todas las materias evaluadas.
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Pero lo peor no es eso. Lo que me hace hervir la sangre es vuestra arrogante impunidad, vuestra ausencia de autocrítica y vuestra cateta contumacia. Aquí, como de costumbre, nadie asume la culpa de nada. Hace menos de un mes, al publicarse los desoladores datos del informe Pisa 2006, a los meapilas del Pepé les faltó tiempo para echar la culpa de todo a la Logse de Maravall y Solana –que, es cierto, deberían ser ahorcados tras un juicio de Nuremberg cultural–, pasando por alto que durante dos legislaturas, o sea, ocho años de posterior gobierno, el amigo Ansar y sus secuaces se estuvieron tocando literalmente la flor en materia de Educación, destrozando la enseñanza pública en beneficio de la privada y permitiendo, a cambio de pasteleo electoral, que cada cacique de pueblo hiciera su negocio en diecisiete sistemas educativos distintos, ajenos unos a otros, con efectos devastadores en el País Vasco y Cataluña. Y en cuanto al Pesoe que ahora nos conduce a la Arcadia feliz, ahí están las reacciones oficiales, con una consejera de Educación de la Junta de Andalucía, por ejemplo, que tras veinte años de gobierno ininterrumpido en su feudo, donde la cultura roza el subdesarrollo, tiene la desfachatez de cargarle el muerto al «retraso histórico». O una ministra de Educación, la señora Cabrera, capaz de afirmar impávida que los datos están fuera de contexto, que los alumnos españoles funcionan de maravilla, que «el sistema educativo español no sólo lo hace bien, sino que lo hace muy bien» y que éste no ha fracasado porque «es capaz de responder a los retos que tiene la sociedad», entre ellos el de que «los jóvenes tienen su propio lenguaje: el chat y el sms». Con dos cojones.
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Pero lo mejor ha sido lo tuyo, presidente –recuérdame que te lo comente la próxima vez que vayas a hacerte una foto a la Real Academia Española–. Deslumbrante, lo juro, eso de que «lo que más determina la educación de cada generación es la educación de sus padres», aunque tampoco estuvo mal lo de «hemos tenido muchas generaciones en España con un bajo rendimiento educativo, fruto del país que tenemos». Dicho de otro modo, lumbrera: que después de dos mil años de Hispania grecorromana, de Quintiliano a Miguel Delibes pasando por Cervantes, Quevedo, Galdós, Clarín o Machado, la gente buena, la culta, la preparada, la que por fin va a sacar a España del hoyo, vendrá en los próximos años, al fin, gracias a futuros padres felizmente formados por tus ministros y ministras, tus Loes, tus educaciones para la ciudadanía, tu género y génera, tus pedagogos cantamañanas, tu falta de autoridad en las aulas, tu igualitarismo escolar en la mediocridad y falta de incentivo al esfuerzo, tus universitarios apáticos y tus alumnos de cuatro suspensos y tira p’alante. Pues la culpa de que ahora la cosa ande chunga, la causa de tanto disparate, descoordinación, confusión y agrafía, no la tenéis los políticos culturalmente planos. Niet. La tiene el bajo rendimiento educativo de Ortega y Gasset, Unamuno, Cajal, Menéndez Pidal, Manuel Seco, Julián Marías o Gregorio Salvador, o el de la gente que estudió bajo el franquismo: Juan Marsé, Muñoz Molina, Carmen Iglesias, José Manuel Sánchez Ron, Ignacio Bosque, Margarita Salas, Luis Mateo Díez, Álvaro Pombo, Francisco Rico y algunos otros analfabetos, padres o no, entre los que generacionalmente me incluyo.
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Qué miedo me dais algunos, rediós. En serio. Cuánto más peligro tiene un imbécil que un malvado.
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