jueves, 20 de diciembre de 2007



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....Un vecino vio el fogonazo y oyó la detonación; pero, como todo permaneció tranquilo, no se cuidó de averiguar lo ocurrido. A las seis de la mañana del siguiente día entró el criado en la alcoba con una luz, y vio a su amo tendido en el suelo, bañado en sangre y con una pistola al lado. Le llamó y no obtuvo respuesta. Quiso levantarle, y observó que todavía respiraba. Corrió a avisar al médico y a Alberto. Cuando Carlota oyó llamar, un temblor convulsivo se apoderó de todo su cuerpo. Despertó a su marido y se levantaron. El criado, llorando y sollozando, les dio la fatal noticia; Carlota cayó desmayada a los pies de su marido.
....Cuando el médico llegó al lado del infeliz Werther, le halló todavía en el suelo y sin salvación posible. El pulso latía aún, pero todos sus miembros estaban paralizados. La bala había entrado por encima del ojo derecho, haciendo saltar los sesos. Le sangraron de un brazo: la sangre corrió; todavía respiraba. Unas manchas de sangre que se veían en el respaldo de su silla demostraban que consumó el acto sentado delante de la mesa en que escribía, y que en las convulsiones de la agonía había rodado al suelo. Se hallaba tendido boca arriba, cerca de la ventana, vestido y calzado, con frac azul y chaleco amarillo.
....La gente de la casa y de la vecindad, y poco después todo el pueblo, se pusieron en movimiento. Llegó Alberto. Habían colocado a Werther en su lecho, con la cabeza vendada. Su rostro tenía ya el sello de la muerte. No se movía; pero sus pulmones funcionaban aún, de un modo espantoso; unas veces , casi imperceptiblemente; otras, con ruidosa violencia. Se esperaba que de un momento a otro exhalase el último suspiro.
....No había bebido más que un vaso de vino de la botella que tenía sobre la mesa. El libro "Emilia Galotti" estaba abierto sobre el pupitre. La consternación de Alberto y la desesperación de Carlota eran idescriptibles.
....El anciano administrador llegó, turbado y conmovido. Abrazó al moribundo, bañándole el rostro con su llanto. Sus hijos mayores no tardaron en reunírsele, y se arrodillaron junto al lecho, besando las manos y la boca del herido y desmostrando hallarse poseídos del más intenso dolor. El de más edad, que había sido siempre el predilecto de Werther, se colgó del cuello de su amigo, y permaneció abrazado a él hasta que expiró. Hubo que retirarle a la fuerza. A las doce del día falleció Werther.
....La presencia del administrador y las medidas que tomó evitaron todo desorden. Hizo enterrar el cadáver por la noche, a las once, en el sitio que había indicado Werther. El anciano y sus hijos fueron formando parte del fúnebre cortejo; Alberto no tuvo valor para tanto.
....Durante algún tiempo se temió por la vida de Carlota.
....Werther fue conducido por jornaleros al lugar de su sepultura; no le acompañó ningún sacerdote.
 
 
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2 comentarios:

Juan Luis dijo...

Creo que nunca ha pasado por mis manos, a diferencia de otras obras de Goethe, ningún ejemplar del Werther. Nunca he tenido interés por este libro debido a un prejuicio académico. Ahora leo el párrafo que transcribes y siento que me he perdido algo. Es curioso cómo la etiquetación académica de algunas obras de arte consigue el objetivo contrario al que supuestamente pretendían. Con los prejuicios toda precaución es poca.

Mertxe dijo...

Es magnífico, Juan Luis. No deberías dejarlo pasar de largo. Es una obra epistolar llena de belleza, en donde Goethe se vuelca por completo.

Hay una frase muy definidora de la naturaleza del Werther y, por extensión, de todos los Werther que irán siendo en el mundo: "Cuando el hombre no se encuentra a sí mismo, no encuentra nada".