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Su degradación era total. Su tendencia amorosa
prohibida, severamente despreciada
(aunque innata) por todos.
Extremadamente puritana era la comunidad.
Poco a poco perdió su escasa fortuna;
su posición después, y por último su reputación.
Casi treinta años tenía y no había completado
ni uno en el mismo trabajo, o al menos así se decía.
A veces ganaba su vida en ocupaciones
y actividades consideradas vergonzosas.
Llegó a ser un sujeto tal que sólo con tratarlo
podía uno quedar en entredicho.
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Pero no sólo eso ha de considerarse; no sería justo.
Es preciso mencionar su belleza.
Otra perspectiva nos lo entrega en mejor lugar,
en una situación más noble; hasta revelarnos
a un hijo del amor, pues él puso sin duda más alto que su honor,
y más alto que su reputación, la excitación
del puro goce de la carne, la pura voluptuosidad.
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¿La reputación? Puritana y severa,
la comunidad hacía sus estúpidos comentarios.
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KONSTATINO KAVAFIS
Poesías completas
(Traducción de José María Álvarez)
Editora: Orbis-Fabbri
Editora: Orbis-Fabbri
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Casi todos sus traductores especulan con este agrio poema. ¿Lo inspiró el recuerdo de su hermano Paolo? ¿O fue una especie de autorretrato? Nunca lo sabremos, pero qué puede importar si a fin de cuentas hubiera valido para ambos... El resto de sus Días siguen planteándonos la misma duda, aunque precisen edades, aunque parezca definitiva la identidad, sin embargo, todo será un mero artificio, nada que no pueda ser trasladable fielmente de una carne a otra.
....Cavafis... Cavafis secreto, enervantemente oscuro. Cavafis recogido sobre sí mismo. Cavafis solitario y callado, meditando por las calles de Alejandría, buscándose lejos.
....Cavafis... Cavafis introduciendo el pasado en el futuro para identificar a los tiranos. En realidad, un único tirano repetido constantemente a lo largo de los tiempos. El tirano tiene tres rostros esenciales: el político, el religioso y el moral. El oprimido también es el mismo. Pero éste sólo tiene una cara, una única expresión, siempre el mismo llanto.
....Cavafis... Cavafis enfermo, próximo a la muerte, sigue paseando por Alejandría mientras el recuerdo de la ciudad que verdaderamente amó, aquella Estambul de sus años jóvenes, se coge de su brazo para iluminar las sombras por las que ambos se internan. No es Alejandría la esencia de Cavafis, no, no, es Estambul, la magnífica y radiante Estambul que vivirá en su corazón hasta el último instante de su vida.
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